Marcelo Mena y cambio climático: “Afecta más a las personas de menos recursos e impacta en la estabilidad de los países”
Tras la publicación del noveno informe Lancet Countdown, que alertó sobre el deterioro global en la relación entre cambio climático y salud pública, el exministro de Medio Ambiente Marcelo Mena analizó los riesgos del negacionismo institucional y los desafíos para Chile y América Latina. De cara a la Cumbre del Clima de Belém, destacó que la región impulsa la acción climática por interés propio, vinculándola al crecimiento económico, la resiliencia y la competitividad.
El pasado 28 de octubre se publicó el noveno informe Lancet Countdown sobre salud y cambio climático, el cual advirtió un deterioro sin precedentes en los indicadores que relacionan el cambio climático con la salud pública. A pocos días de la Cumbre del Clima de Belém, el documento alertó que el avance del negacionismo institucional y el retroceso de las políticas ambientales ponen en riesgo millones de vidas en todo el mundo.
El estudio, elaborado por 128 expertos de 71 instituciones académicas y agencias de Naciones Unidas, describió un panorama alarmante: mientras aumentan las olas de calor, las enfermedades transmitidas por vectores y las crisis alimentarias, la atención política sobre estos problemas se desvanece. Entre 2021 y 2024, las menciones al vínculo entre salud y cambio climático en los discursos de los gobiernos ante la ONU cayeron del 62% al 30%.
El informe detalló una peligrosa desconexión entre la evidencia científica y las decisiones políticas. Los investigadores destacaron que, en algunos de los mayores emisores del mundo, como Estados Unidos, la administración de Donald Trump ha revertido compromisos ambientales, retirando al país del Acuerdo de París y debilitando instituciones dedicadas a la salud y al medioambiente. Situaciones similares se registran en Argentina y Hungría, donde se han impulsado medidas de obstrucción climática.
Donald Trump. Foto: Agencia Aton
La atención internacional se dirige ahora hacia la Cumbre del Clima de Belém, convocada por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva para los días 6 y 7 de noviembre. La elección de esta sede, en el corazón de la Amazonia, busca subrayar la urgencia de proteger uno de los ecosistemas más vitales del planeta. El encuentro reunirá a jefes de Estado y líderes internacionales en un intento por reactivar la cooperación climática global. Inmediatamente después de la Cumbre, tendrá lugar la 30.ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30), del 10 al 21 de noviembre, también en Belém.
Bajo este contexto y conversación con nuestro Radio y Diario Universidad de Chile, el exministro de Medio Ambiente durante la segunda administración de Michelle Bachelet y profesor en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Marcelo Mena, abordó el negacionismo climático, el impacto en la vida cotidiana del calentamiento global y los desafíos de los Estados.
– ¿Cuáles son los factores que permiten un auge del negacionismo climático?
Lo que mueve a la gente para promover el negacionismo climático pueden obedecer a múltiples objetivos. La gente se va reafirmando con sus creencias y lo que importa es conversar sobre qué significa la acción climática. Este surgimiento del negacionismo climático ha sido más bien en los años más cálidos de la historia, donde hemos visto las mayores cantidades de efectos y en Chile, en particular, donde la sequía, los incendios forestales y los desastres de calor se han confabulado a que estos últimos años hayamos tenido desastres climáticos que han significado pérdidas millonarias para la economía del país.
Marcelo Mena, exministro de Medio Ambiente
Enfrentar el cambio climático no es algo antojadizo, sino la necesidad de enfrentar cosas que están erosionando nuestro bienestar y crecimiento económico. Por lo tanto, hay que hablar en otros términos. Lo que estamos haciendo con la acción climática no es resignar calidad de vida, no es controlar la vida de la gente, no es limitar libertades, sino más bien ampliarlas, porque una mayor cantidad de energía renovable significa bajar costos de energía. Una mayor cantidad de automovilidad significa bajar los costos de transporte, una mayor inversión en resiliencia climática significa mayor bienestar para las personas, para que sean menos impactadas las actividades. Tenemos que empezar a cambiar el registro de cómo comunicamos las cosas, porque frente a una mirada de que esto se hace solamente como un imperativo moral, solamente estamos mirando a una fracción de la población que ve eso como una motivación. Si en cambio invitamos a esto como una solución que brinda mejores estándares de calidad de vida, estamos hablando de una cosa distinta y por lo mismo logramos tener más consenso.
– ¿Cuál es la importancia de la Cumbre del Clima de Belém que se desarrollará la próxima semana en Brasil?
Lo que importa de esta cumbre climática latinoamericana es que es la primera que se realiza fuera de países que son productores de petróleo y refleja una zona en donde hay una sociedad civil muy potente que ha impulsado muchos cambios. Una zona donde la cantidad de energía renovable como porcentaje de la matriz es la mayor del mundo y donde hemos tenido una gran cantidad de actores que están avanzando en la materia.
Si bien hay factores naturales que explican parte de la crisis hídrica, el cambio climático producido por el ser humano es también responsable de la situación.
Por lo tanto, yo creo que en Latinoamérica lo hacemos de una forma distinta, porque nos conviene, lo hacemos sin subsidios, porque esto nos permite fomentar la inversión. La misma forma en la cual actuamos con respecto a la acción climática en Chile y en Latinoamérica nos lleva a confrontar al negacionismo, porque lo confronta con argumentos. Lo hacemos por nuestro propio interés, no porque China o Estados Unidos nos dicen que debemos hacerlo. Lo hacemos para bajar las emisiones, porque al mismo tiempo nos hace más competitivos.
– ¿Cuáles son los desafíos que ve en los Estados, y en particular Chile, para hacer frente al cambio climático?
En todos los estudios, ya sea el Banco Mundial o los mismos informes de bancos centrales, se ve que países como Chile, y en Latinoamérica en particular, la pérdida de PIB potencial por desastres climáticos al 2050 excede los 10 puntos. Imagínate perder décadas de crecimiento económico por obra del cambio climático.
Esto se da en nuestra minería, por ejemplo, en donde los aluviones han afectado la producción minera. En el caso de Santiago, donde aluviones a destiempo significaron que hubiera que cortar el agua y un impacto económico importante. Los incendios forestales que han que han habido, la escasez hídrica y lo que significa eso para la agricultura: todo sumado provoca un daño y un costo importante.
Incendio forestal. Marcelo Hernández/ Aton Chile.
Estamos hablando que Chile ya ha perdido un porcentaje de un 1% de su PIB por año en las últimas décadas. Esto va a empezar a aumentar. Por lo tanto, cuando nosotros pensamos esto, estamos simplemente viendo que el cambio climático puede amenazar lo que tanto cuesta lograr, que es avanzar en crecimiento y desarrollo de los países. Los puede echar atrás y los puede convertir en países y una región más injusta, puesto que lamentablemente afecta a las personas de menos recursos con mayor potencia. Esto tiene un tremendo impacto también en la estabilidad social con el alza de precios de alimentos y de combustibles. Al fin y al cabo, lo que tenemos que empezar a reconocer es que esto sí afecta directamente a la gente, ya que puede afectar su costo de vida.
– ¿Cómo evalúa lo que ha realizado el Estado de Chile respecto a la acción climática?
Pueden ser dos realidades. Voy a decir que Chile es posiblemente el país que más ha hecho de Latinoamérica en tema de acción climática. Así lo han visto los distintos rankings y análisis sobre los compromisos climáticos de los países. Estamos haciendo las cosas que hay que hacer en forma sofisticada, haciendo bonos soberanos para brindar mayor inversión en la adaptación al cambio climático en mitigación, tenemos más renovables que el resto del mundo y somos número uno en solar. Pero todo eso puede ser verdad y, al mismo tiempo, hay que decir que es insuficiente.
Hay que seguir haciendo más. Ningún país está haciendo lo suficiente. Chile está haciendo mucho en una política de Estado que han apoyado gobiernos de los últimos 20 años y en forma transversal, en donde entendemos que la tarea del que entra no está terminada y el que sale tampoco y por eso se colabora entre gobierno y gobierno, pero sigue siendo insuficiente porque la tarea es demasiado grande.