Giuliano exagera la victoria del Atlético ante el Sevilla
Hay futbolistas que no descansan, que corren cada balón como si fuera el único. Jugadores que sacan del letargo a sus equipos a la hora de la siesta. Futbolistas como Giuliano Simeone, capaz de acelerar el ritmo en una jugada para robar un balón, dar un pase de gol y bajar las pulsaciones de su padre en el banquillo, más seguro ya de una victoria que no fue sencilla.
No fue un día brillante del Atlético, que echó de menos a Barrios, lesionado en el último partido contra el Betis, en el centro del campo. Simeone retrasó a Baena para que ocupara su lugar al lado de Koke, pero perdía el último pase del exjugador del Villarreal. Y entre que decidía si se arropaba los pies o la cabeza, al Atlético se le fue enredando un partido al que el Sevilla sólo le perdió la cara con el segundo gol del Atlético.
Les costó a los dos equipos llegar a la portería contraria, pero el Atlético se fue animando con remates como el de Nico González, que se fue contra la parte interior del poste para volver a salir. El problema no era que al argentino no le hubiera entrado ese disparo en la primera mitad; la dificultad era volver a llegar hasta allí.
Decía Simeone antes del partido que el Sevilla es uno de los equipos que mejor presionan de la Liga y al Atlético le costó superar la defensa planteada por el «Pelado» Almeyda.
Fue el VAR el que vino a desatascar el juego del Atlético. El árbitro se fue a ver al monitor una falta de Nianzou a Giménez dentro del área. Cuando volvió, llevaba la amarilla en la mano para el defensa del Sevilla y un brazo señalando el punto de penalti. Acertó Julián Álvarez desde los once metros. Y el partido ya fue otro.
El Sevilla sintió que su oportunidad empezaba a pasar, que remontar en el Metropolitano no es cosa sencilla y el Atlético, liberado, se fue creciendo hasta acabar con una goleada a medias que no explica lo que se vio en el campo.
La cosa hubiera sido distinta sin Giuliano, sin su eterna hambre de más. El extremo rojiblanco se fue a un costado a buscar una pelota que esperaba Suazo, el lateral izquierdo del Sevilla sin saber lo que le venía por detrás. Lo atropelló Giuliano, dejó atrás a Marcao, que fue a taparle en su carrera, como el que adelanta a un coche parado, llegó a la línea de fondo, levantó la cabeza, vio cómo llegaba Almada por el centro y le puso la pelota para que marcara con la portería vacía. Vlachodimos, el portero del Sevilla, y sus defensas, se habían ido a tapar a Giuliano.
Almada, que ocupaba el lugar de Nico González, hacía méritos para recibir una ovación como la que recibió su compañero al marcharse del campo. Ha tardado pocos partidos Nico en conseguir que el Metropolitano lo considere ya uno de los suyos.
Simeone, el padre que ya es abuelo, pudo relajarse por fin después del segundo gol. El Cholo había vivido con tensión la revisión en el VAR del penalti a Giménez. Agitaba los brazos para encender al público y presionar al árbitro. Lo mismo que hacía Giuliano unos metros más allá. Con el 2-0 ya pudo estar tranquilo. Ahora que el Atlético por fin gana fuera de su campo no era cosa de estropear la racha en el Metropolitano.
Y Griezmann se apuntó a la fiesta para cerrar el marcador. El francés, el máximo goleador en la historia del Atlético, siempre está preparado, empiece en el campo o en el banquillo. Contra el Sevilla le tocó banquillo, pero llegó justo a tiempo de cerrar un resultado que creció exagerado por el hambre de Giuliano.