El inesperado homenaje culinario que emocionó a Eduardo Mendoza en Asturias
La elección del lugar: tradición sin artificios
Eduardo Mendoza se decantó por El Fartuquín, un restaurante que representa la esencia de la cocina asturiana con platos elaborados por la guisandera Mary Fernández. En pleno centro de Oviedo, este establecimiento es conocido por respetar las recetas heredadas y ofrecer un ambiente acogedor.
La visita no fue anunciada ni publicitada. El autor de 'La ciudad de los prodigios' solicitó una mesa retirada, dejando claro que su interés era disfrutar de una experiencia gastronómica auténtica y serena.
Una degustación con raíz asturiana
Fabada, pote y arroz con leche: el trío imprescindible
El menú que eligió Mendoza fue un recorrido por algunos de los platos más emblemáticos de la región. La fabada asturiana, elaborada con faba de calidad y compango tradicional, fue la protagonista. A ella se sumó un pote asturiano de sabores intensos y una ensalada de tomate que aportó frescura al conjunto.
El broche dulce lo puso un arroz con leche servido con la característica capa de azúcar requemado, símbolo del recetario asturiano. Cada plato fue acompañado por un servicio atento pero discreto, como solicitó el comensal.
Una visita que dejó huella
El personal del restaurante destacó no solo su conocimiento gastronómico, sino también su sencillez y cercanía. Mendoza se mostró amable, accedió a fotografiarse con el equipo y agradeció el trato recibido sin perder nunca su característico perfil bajo.
Su presencia en El Fartuquín se interpretó como un homenaje implícito a la cultura culinaria asturiana, que el escritor valoró desde el respeto y la discreción.
Una conexión entre letras y cocina
La gastronomía como refugio emocional
La elección de un menú tan clásico puede interpretarse como un acto de nostalgia o búsqueda de autenticidad. En un momento en que los chefs de autor proliferan con platos deconstruidos, Mendoza optó por lo contrario: regresar al origen, al guiso, a la cuchara.
Este gesto, alejado de lo mediático, revela una dimensión más íntima del autor y pone en valor la vigencia de la cocina tradicional en un contexto de alta cocina cada vez más tecnificada.
Un legado en cada cucharada
Platos como la fabada o el arroz con leche no solo alimentan; cuentan historias, evocan paisajes y transmiten el alma de un territorio. Eduardo Mendoza no buscaba protagonismo, sino una vivencia genuina que, finalmente, ha quedado inmortalizada por quienes compartieron con él ese momento.
En Oviedo, el autor catalán encontró lo que buscaba: el calor de la gastronomía asturiana. Y en El Fartuquín, la complicidad de una cocina que, como su literatura, conjuga sencillez y profundidad.