El firme mensaje de Tomás Clavijo desde la Escuela Naval que está marcando una nueva era en la Armada
Una herencia de ocho siglos que impone respeto
Cuando Tomás Clavijo fue nombrado director de la Escuela Naval Militar, era consciente del peso del legado que asumía. La institución, creada en el siglo XVIII, continúa una tradición formativa que se remonta a los orígenes mismos de la Armada Española, fundada en el siglo XIII. Ocho siglos de historia imponen respeto, pero también responsabilidad.
Clavijo, nacido en Canarias en 1977 y con raíces gallegas, acumula tres décadas de carrera naval. Ha servido en barcos, submarinos y destinos en tierra. Esa experiencia, afirma, le permite entender con claridad cómo debe formarse un oficial del siglo XXI: “He vivido lo que ellos vivirán. Conozco las dificultades, los retos y la vida a bordo”.
El perfil del nuevo marino: exigencia y vocación
El actual director no oculta su admiración por los cadetes que hoy recorren los patios de la Escuela. “La exigencia es altísima”, reconoce. Los alumnos deben afrontar una doble formación: la carrera de marino y una ingeniería superior. A ello se suma la disciplina militar y la vida en comunidad, factores que, según Clavijo, moldean el carácter de los futuros oficiales.
En su opinión, esa combinación de esfuerzo intelectual y físico mantiene viva la esencia de la profesión. “El marino debe estar preparado para actuar cuando todo falla. En medio del océano, cuando la tecnología se apaga, lo que queda es la preparación, la experiencia y los valores aprendidos”.
Equilibrar tradición y tecnología
Clavijo insiste en que la Escuela Naval no puede dar la espalda a la innovación. “Vivimos un cambio de era y debemos enseñar a utilizar la inteligencia artificial como una herramienta, no como un fin”, subraya. Para él, las nuevas tecnologías deben convivir con la enseñanza tradicional: “Aunque los sistemas informáticos hagan cosas increíbles, la intuición humana seguirá siendo insustituible”.
El director lo resume en una frase que ya se ha convertido en su lema: “Ninguna máquina podrá sustituir jamás a la intuición humana”. Una convicción que resume su visión de futuro: formar oficiales capaces de emplear la tecnología sin depender de ella, y que mantengan siempre el juicio crítico, la ética y el liderazgo humano.
Una apertura controlada hacia la sociedad
Bajo su dirección, la Escuela Naval continuará reforzando su relación con la sociedad civil. En los últimos años, la institución ha participado en iniciativas conjuntas con administraciones locales, universidades y centros deportivos. “Somos parte de la sociedad a la que servimos”, afirma Clavijo, aunque recuerda que la prioridad absoluta seguirá siendo la formación de los alumnos.
“Las instalaciones están al servicio de su aprendizaje”, explica. “Si podemos compatibilizar ese uso con otras actividades, mejor, pero sin olvidar nuestra misión principal: formar a los oficiales de la Armada”.
La vida en submarinos: una escuela de humanidad
Antes de llegar a Marín, Clavijo fue oficial de submarinos, una de las especialidades más exigentes de la Armada. “En un submarino todo se intensifica”, recuerda. “Setenta personas conviven durante semanas sin ver la luz del sol, dependiendo unos de otros en cada maniobra”. Esa experiencia, asegura, le enseñó el valor de la camaradería y la importancia del liderazgo compartido.
“En un submarino, todos son igual de necesarios: marineros, suboficiales y oficiales. Cada decisión cuenta y cada error tiene consecuencias. Esa es la mejor escuela de humanidad que puede existir”.
Una visión basada en valores
Más allá de la modernización tecnológica, Clavijo defiende que la clave del éxito de la Escuela Naval está en los valores. “Formamos personas que deben ser ejemplo de integridad, lealtad y servicio. Esa es la verdadera fortaleza de la Armada”.
Por eso, su gestión se centrará en mantener la coherencia entre la tradición militar y las exigencias de un mundo en constante transformación. “Nuestro objetivo no es solo enseñar técnicas o procedimientos, sino formar líderes capaces de tomar decisiones en momentos críticos, guiados por su intuición y sus principios”.
Continuar elevando el listón
El nuevo director asume el reto con humildad, pero también con ambición. La Escuela Naval ha vivido años intensos: la pandemia, la formación de la princesa Leonor y el rodaje de una serie televisiva colocaron a la institución en el foco mediático. “El listón está alto y eso es una buena noticia”, asegura Clavijo. “Nos obliga a dar lo mejor y a seguir mejorando”.
Su meta personal es dejar una huella coherente con su carácter y con la tradición que representa. “Nadie es imprescindible, pero cada uno aporta su personalidad y su forma de vivir la vocación militar. Esa impronta es la que perdura”.
El alma de la Armada
Para Clavijo, la clave de todo está en la persona. “La tecnología cambia, las circunstancias cambian, pero el alma humana no. Y eso es lo que hace grande a la Armada”. Con esa convicción afronta su mandato, decidido a que la Escuela Naval Militar siga siendo un referente en formación, disciplina y valores.
Su mensaje resume la filosofía que ha guiado a generaciones de marinos: trabajar con humildad, servir con honor y confiar en la intuición humana como el timón que orienta cada decisión.