En una tarde muy sosa, casi desesperante, un par de detalles de Griezmann sirvieron para que el Atlético sumara tres puntos y prolongara su sensacional racha en el Metropolitano, aún sin conocer la derrota en su feudo pese a estar llegando al parón navideño. Hasta la salida del francés en la segunda parte, los rojiblancos, aunque se habían adelantado gracias a Koke , sufrieron de lo lindo, tanto por la valentía del Valencia como por su propia inoperancia. Una ecuación que proporcionó bostezos por doquier y un espectacular tanto de Beltrán desde fuera del área que supuso el empate. Fue en ese momento, con los ánimos por los suelos, cuando el Atlético puso a bombear su fútbol de una vez por todas. Ahí apareció Griezmann , que con unos cuantos toques supremos pudo decidir el choque. Al Atlético le dio por ser sofisticado en los primeros compases, quería una aseada salida de balón, aplicar un fútbol que nunca le ha entrado en el zapato, y es por eso que el primer susto solo tardó unos segundos en llegar. Un mal pase de Nahuel acabó en las botas de Hugo Duro que, tras una conducción por el desfiladero, definió con una preciosa vaselina sobre Oblak . Solo el larguero evitó el drama y el Metropolitano, que se había caldeado como un horno con su clásica liturgia, quedó silenciado. El Valencia , dramática su situación en la tabla, con el descenso en el cogote, se organizaba con coherencia, sin brillantez pero muy capaz de incomodar a los rojiblancos, que no sabían cómo llegar hasta el área. Fue Barrios , con una pericia extraordinaria para romper líneas con sus controles orientados y conducciones, el que fulminó el inmovilismo de los suyos. Asistió a Sorloth casi al cuarto de hora, aunque el nórdico, sin tensión su disparo, no consiguió batir a Agirrezabala . Poco después fue el balón parado, como tantas veces en el pasado, el que desatascó a los locales. Un córner propició una embarullada jugada en el área que acabó con un disparo a bocajarro sobre el meta valencianista. El rechazo, entre una marabunta de piernas, fue a parar a Koke , que tras una amplia carrerilla, definió con sutileza al palo derecho cuando todo el mundo pensaba que optaría por la potencia. La ovación al capitán fue magnífica, el tanto alivió a una grada que temía por la somnolencia de los suyos. Mientras, los aficionados visitantes gritaban '¡Directiva, dimisión!'. Verse por delante en el electrónico, sin embargo, no mejoró su estado de ánimo. Casi lo empeoró, endeble el Atleti , sin bravura ni inteligencia ante un Valencia que, con muy poco, comenzaba a aproximarse a Oblak . Casi de una manera profética, el Valencia, gracias a Pepelu , hizo el empate en el 35 después del caos provocado por un saque de esquina, aunque el VAR lo anuló por un justo fuera de juego. El aviso, de los serios, tampoco sirvió para estimular a los colchoneros, que utilizaron todas sus armas para bajarle el pulso al choque y llegar al descanso con la ventaja intacta. Obligado por la apatía de sus pupilos, Simeone agitó el avispero. Metió a Le Normand por Nahuel, horroroso su hacer, y mandó a Nico González a la mediapunta. Retoques que, por otra parte, no consiguieron minimizar al Valencia, heroico pese a sus evidentes limitaciones futbolísticas, cada vez más cercano el empate. Fue Beltrán , argentino canchero, depredador del gol, el que confirmó las buenas sensaciones. El delantero tejió una gran pared con Almeida en la frontal y, a continuación, se cambió el balón de pierna con una velocidad inusitada para fulminar a Oblak desde la distancia. Tuvo que verse herido el Atleti, avergonzado por su poco arrojo, para al fin despertar. Bien impulsado por su afición y con la clarividencia de Griezmann , recién salido del banquillo, comenzaron a encadenar ocasiones. Las jugadas casi siempre acababan con centros a área, pero los movimientos de los rojiblancos tenían mucha intención, querían hacer daño por las bandas para luego finalizar por el centro, zona más vulnerable de los valencianistas, que con el paso de los minutos iban perdiendo terreno en el campo de batalla. Y así, Griezmann, suplente pero de talento inconmensurable, certificó el cambio de tendencia. Pubill vio el desmarque en profundidad del francés, que fue capaz de ejecutar un control ilusorio, digno de los dioses. Con el defensa atolondrado, solo le hizo falta controlar y rematar la faena con su mágica zurda. Pasan los años, su físico ya es más limitado pero Griezmann, libra por libra, es el mejor futbolista del Atlético, al menos hasta que Julián consiga tirar la puerta abajo de manera definitiva. Griezmann estaba desatado y, ya con un tanto en el zurrón, se vistió de asistente para regalarle el tercero a Sorloth . El noruego, negado en el remate, esta vez sí cruzó muy bien el chut, pero el árbitro invalidó su momento de lucidez por estar en fuera de juego. Los minutos finales se convirtieron en un intercambio de golpes, presa los atletas del cansancio y del sueño de sumar un resultado mejor. Nadie encontró fortuna y el Atlético se llevó los tres puntos.