Atasco en el marcaje de armas por la nueva normativa europea
Las empresas del sector armero viven un momento complejo. Desde hace meses, ven cómo hay un «atasco» en el Banco Oficial de Pruebas de Eibar (BOPE), el organismo responsable de verificar que cualquier pistola, fusil o escopeta cumpla la normativa, sea segura y que funcione correctamente. «Octubre, noviembre y diciembre han sido los peores», asegura el dueño de una de las grandes compañías españolas, que prefiere mantenerse en el anonimato.
El BOPE pertenece al Ejército de Tierra, pero está gestionado por algunas familias armeras históricas. Por allí tienen que pasar todas las armas que llegan a España de manera legal o que se quieran modificar. Desde las importaciones hasta las de tiro deportivo de uso particular. «Si quieres modificar cualquier cosa, el cañón, el gatillo... Tiene que pasar por allí», explica un profesional en la materia a LA RAZÓN.
El problema que están viviendo las empresas tiene su origen en una nueva normativa europea puesta en marcha este año. Aunque la orden continental es de enero de 2024, en España se publicó en el Boletín Oficial del Estado el 25 de marzo del presente curso. Entró en funcionamiento días antes, según distintas fuentes.
La norma obliga a que el marcaje de las armas –la identificación de cada una de ellas y sus partes, lo que se conoce como «números de serie»– sea más profundo y numeroso. La ley obliga, ahora, a que esa impresión tenga una profundidad de, al menos, 0,0762 milímetros. El objetivo de dificultar la eliminación o alteración de las marcas para mejorar la trazabilidad de las armas. Es decir, que si llegan al mercado negro sea más fácil saber de dónde vienen. Esta exigencia aplica solo a armas nuevas o importadas a partir de esa fecha, no retroactivamente.
Las distintas empresas contactadas descartan que el «atasco» sea fruto de una fiebre por las armas en España. «No hay más, simplemente es que el personal del BOPE no da abasto. La nueva norma les exige más, pero no tienen más personal ni distintos medios». Esto provoca que un pedido de armamento legal que viene desde el extranjero pueda estar semanas parado sin poder venderse, con el siguiente gasto para las compañías. «En mi caso, tuve un pedido parado dos meses. No quiero ni echar números», se lamenta un empresario del sector.
Tanto el BOPE como desde la Intervención de Armas y Explosivos de la Guardia Civil la «solución» que les dan es que un guardia de seguridad vigile los cargamentos hasta que les den turno para ser certificadas. Un gasto que sufragarían las empresas. Un coste que no pueden asumir después de meses esperando a poder comercializar el material.
En el Banco Oficial, las armas nuevas, bajo la normativa europea de este año, tienen que ser pasar por tres «punzones», tres marcas distintas que las certifiquen como válidas. Eso triplica el tiempo de espera y el trabajo. «Pero es que en España queremos ser los más quisquillosos. Si importamos armas desde Europa, desde Alemania o Italia por ejemplo, no vienen tan marcadas. Con un sello les vale. Cuando llegan aquí somos nosotros los que tenemos que certificarlas de nuevo. Esta normativa nos está asfixiando, como pasa en otros sectores con tantas normas nuevas», resume otro propietario de una conocida empresa.
A esto se le suma el descanso y las vacaciones en el Banco de Pruebas de Eibar, el único en España. En verano paran dos meses, y ahora en Navidad una semana. Eso también está provocando retrasos para la armería. «El trabajo se les acumula siendo las mismas manos que el año pasado». La solución no es sencilla. «No sé si abriendo más sitios oficiales se agilizaría la cosa, pero así no podemos seguir. El sector lo está pasando francamente mal», resume un instructor en tiro.