España, 40 años en el corazón de la Europa comunitaria
Hace 40 años que España pasó a convertirse en miembro de pleno derecho de la por entonces Comunidad Económica Europea (CEE). Incorporación que vino precedida de intensos años de negociaciones tras la muerte del dictador Francisco Franco, mientras el país y la sociedad española experimentaban profundos cambios, inmersos en un proceso de democratización. El paso de los años dentro del bloque comunitario parece haber consolidado en la opinión pública la importancia de la pertenencia a la actual Unión Europea, en un contexto geopolítico cada vez más incierto.
Así lo demuestra el último Eurobarómetro, donde el 74% de los españoles afirmaron creer que el futuro del país será mejor dentro del bloque, mientras el 77% consideran que deberían tomarse más decisiones a nivel comunitario. "España no se entiende sin la Unión Europea. La transformación durante estos 40 años ha sido tan profunda, que ahora mismo sería imposible separar esta simbiosis que ha convertido a nuestro país en uno de los actores más relevantes del panorama internacional", explica a LA RAZÓN el vicepresidente del Partido Popular Europeo (PPE), Esteban González Pons.
Fue en junio de 1985 cuando el Palacio Real de Madrid acogió la firma del Tratado de Adhesión de España a la CEE, que el 1 de enero de 1986 pasó a estar compuesta oficialmente por 12 Estados. A partir de entonces, la sociedad, economía y legislación han sido tres de los ámbitos cuyas transformaciones se han visto más influenciadas por Bruselas. Como recuerda el eurodiputado del grupo de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas (S&D) Juan Fernando López Aguilar, fue clave desde los primeros años para garantizar la estabilidad democrática. "Haber construido un proyecto de libertades y ponerlo en funcionamiento requería de un paraguas europeo, y lo obtuvimos en el 86, eso fue definitivo para que no hubiese marcha atrás", apunta.
En esta primera fase, los programas de la UE contribuyeron a que el país pasara de una economía con un importante peso del sector agrario y atrasada, a converger con el resto de países del bloque, incorporándose al mercado único. Los sucesivos avances culminaron con la adopción de la moneda común, el euro (2002), tras la firma del Tratado de Maastricht. "La entrada en el euro ha sido uno de los grandes hitos de la historia de la UE (...) Pudimos ver la altura de políticos que tomaron decisiones impopulares, conscientes de que el resultado llegaría un poco más tarde. Que un alemán renunciara a su moneda, el Marco, para compartir el euro con españoles, griegos y portugueses, era algo impensable y que solo se pudo llevar a cabo gracias a figuras valientes como la del canciller alemán Helmut Kohl", destaca González Pons.
España se convirtió, de hecho, en uno de los principales beneficiarios del reparto de fondos comunitarios. En 1992 se acordó la creación del Fondo de Cohesión, destinado a los Estados con una renta per cápita inferior al 90% de la media de la CEE, con el objetivo de reducir las disparidades entre los miembros, así como el refuerzo de los fondos estructurales para las regiones menos desarrolladas. Irlanda y España fueron de los primeros países en acogerse a este instrumento, y gracias al crecimiento económico registrado en los años posteriores, también de los primeros en dejar de ser elegibles para el mismo. Aun así, actualmente el país se sigue beneficiando de la Política de Cohesión general, y se estima que desde su adhesión ha recibido más de 150.000 millones de euros, que, entre otros fines, han contribuido a financiar la construcción de la red ferroviaria de alta velocidad.
El ingreso en la UE, de igual manera, ha jugado un papel clave en el campo, ya que trajo consigo la aplicación de la Política Agraria Común (PAC), destinada al apoyo del sector primario, y garantizar la seguridad alimentaria. España –pese a la terciarización de su economía– se mantiene como uno de los principales productores agrícolas y beneficiarios de partidas relacionadas con el sector. Otro hito que el parlamentario del PPE destaca junto a la entrada en el espacio Schengen (1995). Tratado que permitió la libre circulación de personas, bienes, servicios y capitales del que a día de hoy se benefician 29 países europeos.
Este espíritu aperturista asimismo ha quedado reflejado en el ámbito educativo y de la investigación. Según datos facilitados por las instituciones europeas, más de 200.000 estudiantes españoles han tenido oportunidad de formarse en el extranjero gracias al programa Erasmus, mientras que 30.000 investigadores españoles han recibido cerca de 17.000 millones de euros de financiación gracias a proyectos como Horizon Europa.
Un actor influyente
En estas cuatro décadas, España también ha dejado huella en la construcción del proyecto europeo, participando de forma destacada en negociaciones clave como la del Tratado de Lisboa, que sigue rigiendo en la actualidad el funcionamiento de la UE. Este documento introdujo avances relevantes, como el refuerzo de las competencias del Parlamento Europeo, una mayor participación ciudadana, o la creación de la figura del Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, encargado de coordinar su acción diplomática.
De forma paralela, el peso de España ha quedado reflejado en las instituciones. Dos españoles han ocupado el cargo de Alto Representante, siendo el último Josep Borrell (2019-2024), y el Parlamento Europeo ha contado con tres presidentes de origen español, además de varios comisarios europeos. En la actualidad, Teresa Ribera (2024-2029) ejerce una de las vicepresidencias de la Comisión, con competencias en Transición Limpia, Justa y Competitiva.
Por otra parte, en el ámbito legislativo, España ha constituido un actor clave en el impulso de la política de cohesión, la seguridad y la acción exterior de la Unión. En este sentido, como subraya Juan Fernando López Aguilar, "hemos sido decisivos en la construcción del espacio de libertad, justicia y seguridad, así como en el desarrollo de herramientas de cooperación judicial y policial contra la criminalidad internacional". A ello se suma su papel como puente natural entre el Mediterráneo y América Latina, derivado de sus vínculos históricos y culturales.
El vicepresidente del PPE, Esteban González Pons concluye reflexionando sobre la evolución de la relación entre España y la UE a lo largo del tiempo, a la que califica como "una historia de éxito". Aunque reconoce que se han dado "algunos contratiempos" que han podido suponer una pérdida de credibilidad de cara a los ciudadanos, insiste en observar estas cuatro décadas en perspectiva. "Fuera de la Unión hace mucho frío, las amenazas son constantes y no cuentas con el resto de países para defenderte. El mejor ejemplo lo encontramos ahora mismo en Ucrania", concluye. En los mismos términos se manifiesta López Aguilar: "Estamos aquí para quedarnos, España es un país europeísta".