"China ve Venezuela como una oportunidad para quedarse con Taiwán"
Alicia García‑Herrero, economista jefe para Asia-Pacífico de Natixis, investigadora sénior en Bruegel y profesora adjunta en la Universidad de Ciencias y Tecnología de Hong Kong (HKUST), analiza las consecuencias de la operación estadounidense que culminó con la captura de Nicolás Maduro para los intereses de China en Venezuela.
En términos económicos, ¿qué gana Pekín con Venezuela cuando compra crudo y lo paga en yuanes? ¿Qué magnitud tiene ese intercambio y qué parte es «energía» frente a «política»?
China obtiene ventajas abusivas de Venezuela al adquirir crudo a precios rebajados en yuanes, evadiendo sanciones estadounidenses y el dólar, asegurando un suministro barato de petróleo pesado para sus refinerías y consolidando una influencia geopolítica opresiva que somete a Caracas. Venezuela, al igual que Rusia, recurre a este esquema por necesidad, utilizando el sistema CIPS chino para transacciones no rastreables sin capacidad para negociar los contratos. La dimensión energética es principal, pero la política resulta tóxica, perpetuando la dependencia de Venezuela del gigante asiatico.
Hasta ahora, ¿qué peso real ha tenido para Pekín ese esquema (yuan/pagos alternativos) en su estrategia de desdolarización y de proyección financiera? ¿Es un experimento replicable o una solución ad hoc por el marco de sanciones?
El esquema de pagos en yuanes ha tenido un rol simbólico pero limitado en la desdolarización de Pekín, funcionando como un mecanismo oportunista para explotar a países sancionados como Venezuela y Rusia, que lo adoptan vía CIPS por falta de alternativas. Se trata de una solución ad hoc impulsada por las sanciones, no fácilmente replicable a gran escala sin generar fricciones con Occidente.
Tras la operación de Trump —que incluyó ataques, la captura de Maduro y el anuncio de un control transitorio—, ¿qué escenarios prevé para los intereses chinos en Venezuela, especialmente en relación con la continuidad de las exportaciones de crudo a China, la revisión o anulación de contratos, el cobro de deudas pendientes, posibles litigios, interrupciones logísticas o el riesgo reputacional para empresas y bancos chinos?
Pekín se enfrenta ahora a escenarios desoladores: interrupciones en las exportaciones de crudo, anulación de contratos opacos con PDVSA, cobro incierto de deudas pendientes, bloqueos logísticos en puertos bajo control estadounidense y quizás incluso, dependiendo de lo que salga a la luz, un daño reputacional para sus bancos y empresas, con Rusia perdiendo su peso en apoyo armamentístico al régimen de Maduro. No obstante, a largo plazo, es improbable que China pierda todo, ya que el dominio estadounidense no puede ser perpetuo, potencialmente evolucionando hacia modelos de control reminiscentes de colonialismos históricos.
¿Qué palancas concretas tiene Washington para condicionar o incluso cortar el flujo de crudo venezolano hacia China? Y, de cara a anticipar un giro en la política estadounidense, ¿qué señales clave deberían observarse, como auditorías a contratos opacos, reformas regulatorias o la imposición de nuevas condiciones para las exportaciones?
Washington dispone de herramientas decisivas para cortar el flujo hacia China: licencias restrictivas de OFAC, sanciones secundarias a refinerías independientes, control de puertos y refinerías, y una PDVSA reorganizada que elimine interferencias extranjeras. Indicadores de cambio incluyen auditorías a acuerdos ocultos —como pagos en yuanes vía CIPS no rastreables— y reformas regulatorias que prioricen a Occidente. A pesar de tener instrumentos, el caso de Rusia en la invasión de Ucrania muestra que no es fácil desmantelar todo esto.
En sus redes sociales habla de “Umwertung aller Werte” y de la erosión de normas internacionales: ¿cómo altera eso el cálculo de Pekín en Venezuela? ¿Puede China capitalizar el argumento de la legalidad internacional para ganar legitimidad, aunque el objetivo central sea proteger activos y suministro?
La “Umwertung aller Werte”, concepto de Friedrich Nietzsche que significa reevaluación de todos los valores, se refiere a un replanteamiento radical de las normas morales y culturales establecidas, junto con la erosión de normas internacionales, y complica el cálculo de Pekín en Venezuela, donde su influencia ahora tiene que hacer frente a la administración Trump. China podría invocar hipócritamente la legalidad internacional para ganar legitimidad como defensora de la soberanía, aunque su prioridad sea resguardar activos adquiridos. Por otro lado, el cálculo chino, viendo la reacción de los medios oficiales como el Global Times, es más bien de apoyo a Trump, lo que parece mostrar que China puede ver esto como oportunidad para quedarse con Taiwán.
Si Bruselas se inclina por la neutralidad, eludiendo cuestionar la legalidad de la intervención y limitándose a exigir contención, ¿qué impacto tendría en la garantía jurídica y el interés de empresas, aseguradoras y bancos occidentales por operar en Venezuela? ¿Facilitaría que Pekín amplíe su influencia o, al contrario, elevaría el riesgo país para todos los actores?
Si Europa evita criticar la legalidad de la intervención, esto debilita la seguridad jurídica en Venezuela, desincentivando a empresas, aseguradoras y bancos occidentales ante el temor a inestabilidad impredecible. Tal postura crea brechas que China aprovecha para ampliar su influencia expansiva y, posiblemente, incorporando a Rusia como aliada, especialmente si EE.UU. sale rápido.
¿Es factible que una administración temporal tutelada por Trump reconfigure el sector petrolero venezolano con claras preferencias hacia EE.UU. y sus aliados? En ese caso, ¿cómo intentaría Pekín preservar su acceso al crudo —renegociaciones discretas con las nuevas autoridades, contratos a largo plazo bajo supervisión, intermediarios o compras vía terceros— sin cruzar las líneas rojas regulatorias estadounidenses?
En una transición supervisada por Washington, resulta plausible una reestructuración del sector petrolero venezolano que otorgue preferencias a EE.UU. y sus aliados, desplazando la presencia parasitaria china y rusa en PDVSA a través de revisiones de joint ventures y préstamos. Pekín buscaría mantener acceso mediante renegociaciones discretas con las nuevas autoridades, contratos a largo plazo bajo supervisión o compras vía intermediarios, sin transgredir regulaciones estadounidenses, aunque a mediano plazo podría reingresar si el control yanqui se atenúa, evocando patrones coloniales del pasado.
Si Pekín replantea su estrategia en Venezuela, ¿qué opciones priorizaría para mantener su terreno: negociaciones discretas con el nuevo poder, reducción de exposición centrada en el cobro de deudas o intensificación del apoyo diplomático? ¿Y qué indicadores, como caídas en los precios del crudo, inestabilidad política, garantías legales débiles o un alineamiento del nuevo gobierno con Occidente, acelerarían ese recalibrado?
En ese caso, las alternativas incluyen dialogar en secreto con el nuevo poder para preservar activos, reducir exposición priorizando el cobro de deudas pendientes o aumentar apoyo diplomático a facciones leales a Maduro. Factores para recalibrar rápidamente: caídas en precios del crudo, inestabilidad política, garantías legales endebles y un gobierno alineado con Occidente que expulse influencias chinas y rusas, si bien a largo plazo China difícilmente cederá todo ante un dominio estadounidense no eterno.