Murió Clemencia Conejo, la eterna apasionada y crítica del deporte que rompió esquemas
Costa Rica despide a una de sus figuras más emblemáticas y revolucionarias del ámbito deportivo y académico. A los 88 años de edad, este viernes 9 de enero falleció la profesora Clemencia Conejo Chacón.
Fue una mujer cuya vida se convirtió en un testimonio ininterrumpido de superación, liderazgo y una lucha incansable por la profesionalización del deporte en el país.
Nacida el 9 de mayo de 1937 en San José, Clemencia Conejo mostró desde temprana edad una chispa distinta. Su paso por la Escuela Vitalia Madrigal y el Colegio Sagrado Corazón de Jesús de Cartago forjó el carácter de una joven que, desafiando las convenciones de su época, decidió convertir su pasión por la actividad física en su proyecto de vida.
Amó el deporte, pero también cuestionó en múltiples ocasiones lo que consideraba que no estaba bien, achacando la falta de voluntad política. Así lo plasmó muchas veces en El Ojo de Clemencia, como se llamaba la columna semanal que durante muchos ella escribió en el periódico La Prensa Libre.
Se formó con excelencia académica, obteniendo títulos en la Escuela Normal Superior y, posteriormente, alcanzando el grado de Licenciada en Educación Física en la Universidad Nacional (UNA), institución que se convertiría en su segundo hogar.
El baloncesto fue el escenario donde Clemencia Conejo comenzó a escribir su leyenda. Desde sus inicios en 1953 con la Gimnástica Española, su talento fue evidente. En 1958, alcanzó el Campeonato Nacional invicta con el Versalles BBC, pero su ambición la llevó a cruzar fronteras en una época donde pocas atletas lo lograban.
Fue la primera costarricense en jugar en los Estados Unidos (Liga Long Beach) y en la República Federal de Alemania, donde alcanzó un subcampeonato con el ASV de Berlín.
Su transición al banquillo fue igualmente gloriosa. Como entrenadora de la Universidad Nacional, logró una hazaña difícil de igualar: cuatro campeonatos nacionales consecutivos entre 1972 y 1975, consolidando una mística de victoria que luego trasladaría a la dirigencia.
Más allá de las canchas, la huella de Clemencia Conejo resultó estructural. Fue la piedra angular de lo que se conoce como la Escuela de Ciencias del Deporte de la UNA, institución que dirigió en tres periodos y donde la biblioteca, con justicia, lleva su nombre.
Su visión la llevó a ser pionera en áreas entonces inexploradas en el país, como la Medicina del Deporte y la Documentación Deportiva.
En la función pública, Clemencia Conejo rompió todos los “techos de cristal”. Fue la primera mujer en ocupar una curul en el Consejo Nacional de Deportes en 1968.
Diez años después, durante la administración Carazo Odio, se convirtió en la primera mujer en presidir dicho Consejo y, posteriormente, en la primera Directora General de Deportes.
Su legado legislativo no fue menor; su asesoría fue vital para la creación del texto sustitutivo a la Ley del Instituto del Deporte, dejando un marco legal sólido para las futuras generaciones.
Incluso, en sus últimos años de actividad profesional, su compromiso no decayó. Ejerció como Vicerrectora de Vida Estudiantil de la UNA y representó a la comunidad nacional ante el Consejo Universitario.
Su labor fue reconocida internacionalmente con condecoraciones como la orden Enrique Romero Brest y su liderazgo en comisiones de fútbol femenino de la Concacaf y Uncaf.
Clemencia Conejo Chacón no solo practicó el deporte; lo dignificó, lo teorizó y lo institucionalizó.
Hoy, el deporte costarricense pierde a una de sus páginas más brillantes, pero conserva la estructura y el espíritu que ella, con determinación y coraje, ayudó a edificar.
Un familiar de ella indicó que la vela será este viernes a partir de las 9 p. m. en la Funeraria del Magisterio. El funeral se efectuará este sábado, a las 11:30 a. m., en la Iglesia de Las Ánimas, pasando luego al Cementerio General.
Su partida deja un vacío profundo, pero su nombre permanecerá ligado por siempre al deporte costarricense.