La pintura rupestre del Karoo sugiere que los antiguos habitantes del sur de África conocieron a una criatura extinta y con grandes colmillos que no deberían haber visto
Hipótesis - Los colmillos rectos hacia abajo, la forma del cráneo y la ausencia de rasgos propios de elefantes o hipopótamos encajan con sinápsidos del Pérmico y el Triásico conocidos por restos conservados
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El conocimiento sobre las especies desaparecidas es desigual. Algunas, como los mamuts o los dodos, se han convertido en ejemplos clásicos de extinción y forman parte de la memoria común gracias a los restos conservados, las reconstrucciones y los estudios científicos que las describen con detalle. Se sabe cómo eran, qué comían y en qué entornos vivieron, y su imagen circula en museos y libros desde hace más de un siglo.
Otras criaturas extintas, sin embargo, apenas han dejado rastro en la cultura popular. De muchos animales prehistóricos solo se conocen fragmentos fósiles, y sus formas o costumbres son terreno casi exclusivo de la investigación especializada. Esta diferencia refleja el modo en que el interés social y la disponibilidad de restos determinan lo que se recuerda del pasado biológico de la Tierra.
Comprender cómo las sociedades del pasado se enfrentaron a ese mismo desconocimiento abre una vía de estudio sobre la percepción humana de los fósiles y de los seres que desaparecieron, apoyada en un hallazgo en el sur de África.
Un trabajo propone que comunidades antiguas ya interpretaban restos antiguos
El estudio dirigido por Julien Benoit y publicado en 2024 en la revista PLOS ONE identifica en una pintura rupestre del Karoo una posible representación de un dicinodonto, lo que sugiere que los pueblos san habrían reconocido fósiles de animales extinguidos mucho antes que la ciencia moderna. El trabajo plantea que una figura con colmillos descendentes, pintada en un panel de La Belle France, podría corresponder a uno de estos sinápsidos herbívoros del Pérmico y el Triásico.
La hipótesis se apoya en la coincidencia de rasgos anatómicos y en la abundancia de restos fósiles visibles en la cuenca del Karoo, donde la erosión deja con frecuencia cráneos expuestos en superficie. La investigación no solo documenta una posible observación empírica de fósiles, sino también una conexión entre esa experiencia y la tradición simbólica de las comunidades san.
El análisis comparativo entre la figura pintada y los cráneos de dicinodontos muestra coincidencias claras. Los colmillos representados surgen del maxilar superior y se orientan hacia abajo, sin curvatura ascendente. No aparecen colmillos inferiores, y la cabeza parece alargada, con una proporción similar a la de los ejemplares fósiles conservados. Estas similitudes permiten descartar que se trate de un animal conocido del África reciente, como el elefante o el hipopótamo, cuyos rasgos son distintos. Los investigadores interpretan que la imagen pudo inspirarse en restos visibles en el terreno, donde los colmillos prominentes habrían resultado llamativos para los observadores.
El panel conocido como Horned Serpent se encuentra en el enclave de La Belle France, en la actual provincia sudafricana de Estado Libre. En él se conservan figuras humanas, animales reales y seres híbridos propios del arte rupestre san. Las dataciones estilísticas sitúan su ejecución entre 1821 y 1835, una fecha anterior a la primera descripción científica de un dicinodonto, realizada en 1845 por Richard Owen. Si la identificación propuesta por Benoit es correcta, esta pintura constituiría la representación más antigua conocida de un animal extinto antes de su reconocimiento por la paleontología occidental.
Los restos antiguos también formaron parte de relatos y creencias locales
La interpretación de la imagen como un dicinodonto va más allá de la comparación anatómica. Benoit explica en PLOS ONE que los fósiles de la región eran fácilmente accesibles y que los san pudieron integrarlos en sus relatos sobre criaturas poderosas ligadas al agua y al mundo espiritual. “Los datos etnográficos, arqueológicos y paleontológicos son coherentes con la hipótesis de que el panel del Horned Serpent podría representar un dicinodonto”, afirmó el investigador. Según su propuesta, la pintura formaría parte de una geomitología local, en la que los restos fósiles se reinterpretaron como huellas de seres primordiales.
Las evidencias arqueológicas apoyan esta lectura. En varios yacimientos del sur de África se han hallado fósiles transportados y acumulados por grupos humanos preindustriales, algunos a grandes distancias de su origen geológico. Además, otras pinturas rupestres muestran figuras que podrían corresponder a esqueletos o huellas petrificadas. Estos indicios apuntan a un interés sostenido por los restos antiguos y a una observación cuidadosa del terreno, que habría permitido a las comunidades desarrollar un conocimiento empírico del pasado geológico de su entorno.
El animal representado en el Horned Serpent presenta rasgos difíciles de explicar a partir de la fauna africana reciente. Su cuerpo alargado y las extremidades cortas no se ajustan a ningún mamífero moderno de la región. Los colmillos rectos y descendentes, sin trompa ni cuerpo macizo que los acompañe, refuerzan la idea de que el motivo se inspiró en una forma fósil. Este detalle visual, repetido con precisión en la pintura, indica una atención específica a un elemento anatómico que destacaba sobre el resto.
El hallazgo invita a reconsiderar la relación entre ciencia, mito y observación. Aceptar que la pintura representa un dicinodonto no excluye su valor simbólico, sino que subraya la capacidad de las sociedades indígenas para integrar lo que veían en sistemas de creencias complejos. La investigación de 2024 sitúa al arte rupestre del Karoo como una prueba temprana de paleontología indígena y muestra que la conciencia de la extinción y del tiempo profundo pudo estar presente en la mente humana mucho antes de la formulación moderna de la ciencia.