Stephen Hawking: "No está claro que la inteligencia tenga valor para la supervivencia a largo plazo"
Stephen Hawking, una de las mentes científicas más influyentes del siglo XX, dejó un mensaje inquietante sobre la relación entre inteligencia y supervivencia que trasciende la física y entra en el terreno de la biología evolutiva y la ética tecnológica: “No está claro que la inteligencia tenga valor para la supervivencia a largo plazo”. Esta afirmación no niega la utilidad de la inteligencia en contextos concretos, pero sí invita a preguntarnos si la capacidad cognitiva, y las tecnologías que derivan de ella, garantizan realmente la continuidad de la vida a largo plazo.
Experiencia y ciencia, la combinación de Stephen Hawking
Stephen Hawking, cosmólogo y divulgador científico, combinó sus trabajos sobre agujeros negros y el origen del universo con una constante reflexión sobre el futuro de la humanidad. A lo largo de su carrera pública alertó sobre amenazas globales como el deterioro ambiental, el uso de armas de gran poder destructivo y el desarrollo descontrolado de la tecnología. Esa mirada amplia, que unía ciencia y responsabilidad colectiva, explica su escepticismo sobre la inteligencia como garantía automática de supervivencia.
La frase muestra una idea muy clara: la inteligencia no es necesariamente la culminación de la evolución ni una ventaja definitiva. Desde un punto de vista biológico, existen formas de vida extremadamente simples que han sobrevivido durante miles de millones de años, mucho más que cualquier especie inteligente conocida. Hawking sugería que la inteligencia humana puede ser solo una fase transitoria en la historia de la vida, eficaz a corto plazo pero peligrosa a largo si no se gestiona con prudencia.
La relación clave para Stephen Hawking
Uno de los ejes de la advertencia del divulgador científico es la relación entre inteligencia y capacidad de autodestrucción. Cuanto mayor es la inteligencia técnica, mayor es también el potencial para crear riesgos globales. El desarrollo de armamento avanzado, la explotación desmedida del planeta o el uso irresponsable de tecnologías emergentes pueden convertir una ventaja evolutiva en una amenaza existencial. La inteligencia, en este sentido, no asegura la supervivencia e incluso puede comprometerla.
Así se aplica la frase en la actualidad
La reflexión de Hawking se traduce hoy en debates sobre inteligencia artificial (IA), biotecnología y gobernanza global. En sus últimos años, Hawking se refirió de manera recurrente a la inteligencia artificial como un punto crítico. No defendía detener el progreso, pero sí subrayaba la necesidad de control y regulación. Su reflexión no es contra la investigación ni la tecnología, simplemente busca prevenir: si las capacidades técnicas avanzan más rápido que la ética y la gobernanza, la inteligencia puede dejar de ser una aliada y convertirse en un factor de riesgo para la especie.
Una advertencia evolutiva, no un pesimismo fatalista
Lejos de proponer un futuro inevitablemente negativo, la frase funciona como una advertencia. Hawking no afirmaba que la inteligencia sea inútil, sino que su valor depende de cómo se utilice. La supervivencia a largo plazo exige algo más que capacidad intelectual: requiere cooperación, previsión y responsabilidad colectiva.
Cuando Hawking afirmó que no está claro que la inteligencia tenga valor para la supervivencia a largo plazo, lanzó una invitación a repensar el progreso. La inteligencia, por sí sola, no basta. Solo si va acompañada de conciencia ética, límites claros y una visión a largo plazo puede convertirse en una verdadera herramienta para la continuidad de la vida humana.