Chaves es el resultado de más de 25 años de traición al Estado social de derecho
Lavado de manos
Ahora, todos los que de una u otra manera forman parte de la clase política opositora al chavismo se están lavando las manos. Están hablando como si este desastre en el que estamos hundidos no tuviera nada que ver con ellos y ellas. Es cierto, en este momento es necesario actuar en bloque porque nos une no solo un adversario político común (el chavismo), sino la común convicción de que si seguimos cuatro años más en esta ruta, el chavismo va a dejar a todo el país en ruinas (y solo se salvará la mano que los financia).
Sin embargo, hay que poner ciertas cartas sobre la mesa, porque, pase lo que pase, en estas próximas elecciones, hay un trabajo pendiente que se ha estado postergando desde hace muchos años, y es justamente esa evasión la que nos trajo a este punto de quiebre.
Si cada quien no asume su cuota de responsabilidad, será muy difícil que podamos emprender con sentido de urgencia ese trabajo de reconstrucción del tejido social, de reparación del daño y de rendición de cuentas para recuperar la confianza cívica. Y si no damos ya el primer paso para iniciar ese proceso, entonces será irrelevante si logramos o no que el chavismo pierda en febrero porque, podrá regresar dentro de cuatro años y arrasará en las urnas.
Evitar que ganen en febrero es solo una pieza de este rompecabezas; una pieza indispensable –por supuesto– pero no es todo el juego. Y eso es lo que ya debe quedar claro.
Es decir, no basta con hacer un esfuerzo extraordinario para movilizar votos y evitar que el chavismo se mantenga en el poder cuatro años más. En 2022, el hartazgo popular alcanzó un nivel tan alto, que se materializó en hacer presidente a un sujeto como Rodrigo Chaves.
Chaves no ganó las elecciones: las ganó el resentimiento, el desencanto y la furia. Su popularidad se sostiene gracias a la hábil manipulación mediática, la mentira y el espectáculo vulgar, pero también tiene que ver con la obstinación popular. En la medida en que ese sector enfurecido ve a los “mismos de siempre” –esos que traicionaron al pueblo e incumplieron promesas– mostrando su rechazo y su indignación hacia Chaves, en esa misma medida los enfurecidos con esa clase política van a seguir siendo fieles al líder populista con aires dictatoriales. Es decir: Chaves es para ellos el ángel vengador (así como lo es Trump para un amplio sector de los Estados Unidos, y Milei lo es en Argentina).
Pero esa clase política que hoy es la oposición sigue sin entender que si no dan la cara al pueblo y reconocen sus errores, sus abusos, sus traiciones, lo que digan contra Chaves queda desacreditado. Su autoridad moral para señalar a Chaves es mínima. Y como se han negado, por décadas, a rendir cuentas y solo esgrimen excusas y verdades a medias, sus palabras tienen poco o nulo valor.
Facturas por pagar
Voy a usar solo un ejemplo porque el espacio es limitado. En los últimos días, los partidos políticos y candidatos a la presidencia han criticado duramente a Laura Fernández por su burda maniobra de manipulación político-religiosa, en contubernio con organizaciones de iglesias evangélicas. En la papeleta a diputados, el PPSO lleva al menos 20 candidaturas directamente ligadas a estas organizaciones religiosas. Pero la candidata del continuismo chavista también ofreció puestos en el Ministerio de Salud, el Ministerio de Educación y en embajadas.
Han circulado videos de la actividad oficial en la que líderes evangélicos y Laura Fernández celebraban esa alianza estratégica. También hemos visto los folletos dirigidos a los votantes cautivos, quienes están recibiendo de sus pastores la indicación de que deben votar por el continuismo. Esta es una acción abiertamente ilegal, de acuerdo con lo establecido en el Código Electoral. Pero no es la primera vez que ocurre.
Las maniobras electorales oportunistas y clientelistas que han sido puestas en práctica para obtener favores políticos (votos) de las agrupaciones religiosas (evangélicas y católicas) han marcado la historia de este país desde hace décadas.
Tanto el PLN, como el PUSC y el PAC, utilizaron la influencia religiosa para sus objetivos electorales y políticos. Cuando estuvieron en el Poder Ejecutivo, Liberción Nacional, la Unidad Social Cristina y el Partido Acción Ciudadana actuaron de manera tal que provocaran el mínimo de confrontación en la jerarquía católica y con los grupos de mayor influencia en el sector evangélico.
El PLN negoció con diputados evangélicos para lograr los votos necesarios para pasar la agenda de implementación del TLC, y mantuvo al margen las reformas necesarias en materia de derechos sexuales y reproductivos para evitar conflictos con los sectores religiosos más conservadores. ¡Cómo olvidar cuando Laura Chinchilla pactó con sujetos tan indeseables como Justo Orozco! Y cuando se hizo un esfuerzo extraordinario para presentar la reforma constitucional para un Estado laico, casi todos los diputados del PLN que habían firmado el proyecto de ley retiraron sus firmas horas después de que recibieran las llamadas de líderes religiosos profundamente molestos.
Carlos Alvarado se acobardó y le dio largas a la publicación de la norma técnica sobre aborto terapéutico. Y durante el gobierno de Luis Guillermo Solís, se mantuvo a un líder religioso en Casa Presidencial, poniendo en jaque cualquier esfuerzo por defender la secularidad del ámbito público. Y, oh ironía, uno de los exponentes máximos del fundamentalismo neopentecostal –Fabricio Alvarado– se atreve a criticar la estrategia de Laura Fernández, que fue precisamente la que le permitió a él ser diputado.
Mi punto es que casi todos los partidos políticos, durante los últimos 25 años, han traicionado la defensa de la secularización del ámbito público. Es gracias a sus decisiones oportunistas y cortoplacistas que se ha normalizado el aumento en la injerencia del discurso religioso dentro del funcionamiento de los tres poderes de la República, lo que a su vez es uno de los procesos que ha ido debilitando el sistema democrático.
Y así podríamos discutir también las consecuencias devastadoras que han tenido decisiones que el PAC, el PLN y el PUSC han tomado en materia económica, laboral, de salud pública, etc.
Chaves es la versión más estridente y más abiertamente antidemocrática de prácticas que otros partidos implementaron anteriormente en contra de la transparencia y la rendición de cuentas, en contra de la justicia social, de la seguridad ciudadana, de los derechos humanos, de la protección ambiental y de la calidad de vida de los habitantes de este país.
Este sería un momento apropiado para que esos partidos salgan a dar la cara ante la ciudadanía y asuman abiertamente su cuota de responsabilidad. Solo así se puede ir reconstruyendo la confianza y la esperanza. De lo contrario, el resentimiento y la sed de venganza seguirán dirigiendo el voto de la mayoría.
Febrero y el futuro
A los defensores de la democracia y a quienes creemos que todavía se puede salvar el país de un daño irreparable y que aún podemos colocarlo en el camino correcto para remediar no solo la devastación que Chaves ha provocado, sino la que heredó de los gobiernos anteriores, hoy nos corresponde estar hombro a hombro con personas que hace unos años considerábamos nuestros acérrimos adversarios políticos. Hoy es absolutamente indispensable que nos unamos, pese a cualquier diferencia que tengamos, con un único objetivo inmediato: impedir que Rodrigo Chaves y los grupos de poder que lo apoyan sigan gobernando a través de Laura Fernández.
Este es un momento determinante, que exige de cada ciudadano y ciudadana, una decisión tomada –no con el hígado, y ni siquiera con el lóbulo frontal, sino con el más puro y simple instinto de autopreservación–. Es un asunto de vida o muerte. La que está en riesgo de morir es la democracia y, con ella, la posibilidad de devolverles la fuerza a nuestras instituciones para reconstruir el Estado social de derecho, ese que nos permitió, por muchos años, ser realmente un país excepcional en América Latina.
Depende de usted, depende de mí. Salgamos a votar y, al día siguiente, salgamos a trabajar juntos para reconstruir este país. Es ahora o nunca.
arguedas.gabriela@gmail.com
Gabriela Arguedas Ramírez es bioeticista, catedrática de la Universidad de Costa Rica y profesora asociada de la Escuela de Filosofía.