El objeto friki que ya compite con el lujo en el mercado negro
En el sur de California, una oleada de robos ha puesto en guardia a tiendas especializadas y coleccionistas de cartas Pokémon. En apenas seis meses, los asaltos han pasado de ser incidentes aislados a un fenómeno criminal cada vez más organizado, sofisticado y violento, con pérdidas que en algunos casos superan los 300.000 dólares en un solo golpe.
Taylor Minatogawa, dueño de Buddies Collectibles en Gardena, ha sufrido cinco intentos de robo en dos meses. En uno de ellos, un empleado fue sorprendido por un individuo con bate en la puerta. En otro, los asaltantes abrieron un boquete en el tejado y se llevaron miles de dólares en tarjetas.
El propietario, que ha llegado a dormir varias noches dentro de la tienda para proteger el inventario, resume la situación con ironía amarga: «Ahora mismo se necesita más seguridad para las cartas Pokémon que para los diamantes».
Más seguridad para los Pikachu que para los diamantes
Un coleccionista fue asaltado con arma de fuego tras salir de una tienda, perdiendo tarjetas valoradas en más de 300.000 dólares. Las cámaras captaron a los asaltantes revisando el local antes de esperar a la víctima en la calle. El afectado, dedicado profesionalmente al negocio de las tarjetas, calificó el golpe como devastador para su economía.
La razón detrás del interés criminal está en la extraordinaria revalorización del sector. Las cartas coleccionables movieron cifras históricas en la última década, combinando nostalgia, inversión y especulación. Algunas piezas alcanzan precios impensables: el Pikachu Illustrator adquirido por el youtuber Logan Paul costó 5,3 millones de dólares.
La situación ha obligado a las tiendas a adoptar medidas más propias de joyerías que de comercios de cartas. Algunas exigen identificación en operaciones de alto valor, otras comparten bases de datos para rastrear material robado y varias han reforzado la vigilancia y el control de reventa en ferias y plataformas digitales. En los casos más extremos, ciertos establecimientos incluso se plantean contratar seguridad armada. «Nunca imaginé que estaríamos hablando de guardias armados en una tienda donde vienen niños a intercambiar cartas», reconoce Danny Leserman, copropietario de RWT Collective.