España es potencia en la producción avícola. En una vuelta de tuerca a la economía circular , se pretende dar una nueva vida a los desechos de esta industria. Y no se libran las plumas, capaces de generar queratina, muy apreciada en el sector cosmético, que en los últimos tiempos, sin embargo, está buscando este elemento mediante otros procesos. Antes de la invención de los bolígrafos y lápices, más o menos modernos, las plumas de aves, sobre todo las de ganso, se usaban a la manera de estilográficas para escribir con tinta. En la actualidad, las fibras de pluma pueden servir para productos geotextiles, films de acolchado, envases, espumas hidropónicas, adornos, relleno de ropa y almohadas, pero también se está indagando en el ámbito de la construcción como aditivo para mejorar el aislamiento térmico y de sonido. La valorización de los restos va a depender de los avances en investigación. Cristina Biurrun, directora científica y encargada de Asuntos Regulatorios de L'Oréal Groupe España y Portugal, explica el origen de la queratina en la cosmética: «Históricamente, la queratina utilizada en la industria de la belleza ha sido de origen animal (extraída de la lana de oveja, cuernos o plumas de aves). Las plumas son una fuente muy rica en esta proteína, que es el componente principal de la fibra capilar humana». En los últimos años, L'Oréal ha realizado una transición significativa hacia lo que denominan Green Sciences (Ciencias verdes). «Esto implica un compromiso por obtener ingredientes de fuentes sostenibles y reducir la dependencia de derivados animales tradicionales», asegura Biurrun. En muchas de sus gamas más conocidas, como L'Oréal Paris Elvive o L'Oréal Professionnel, no se utiliza queratina animal directa. «En su lugar –aclara–, nuestros laboratorios desarrollaron el Complejo Pro-Keratina. Se trata de una mezcla de aminoácidos de origen vegetal (como el trigo, el maíz y la soja), que imitan la estructura de la queratina natural del cabello para fortalecerlo y repararlo sin necesidad de fuentes animales». Aunque el uso de plumas de ave es técnicamente posible y se considera un «subproducto» de la industria alimentaria, «la tendencia actual de la compañía es priorizar la biotecnología y la extracción vegetal para garantizar procesos más éticos y respetuosos con el medio ambiente», comenta la directora científica de la marca. Independientemente del origen, los beneficios de la queratina líquida son notables para la fibra capilar si se emplea un producto con este ingrediente, relata: «Reparación estructural, porque rellena las microfisuras de la cutícula del cabello; resistencia, pues aumenta la elasticidad, evitando que el pelo se rompa con el cepillado; y el control del frizz, ya que al sellar la fibra, el cabello se vuelve menos poroso y reacciona menos a la humedad». Tecnopackaging, compañía tecnológica localizada en Zaragoza, está enfocada en la elaboración de materiales poliméricos avanzados y en todos sus procesos de transformación. Una de sus mayores preocupaciones es la revalorización de los residuos agroalimentarios . Esta segunda vida puede servir para bioplásticos o para nutrientes en agricultura. La industria avícola genera 3,6 millones de toneladas de plumas al año en Europa. Laura Villacián, ingeniera química y gestora de proyectos europeos en la compañía, describe la participación en el proyecto Unlock: «En nuestro caso, evaluamos diferentes técnicas para tratar esas plumas y al final comprobamos que la que mejor resultados daba era Steam explosion (explosión por vapor), una forma de esterilización con altas temperaturas y presiones de vapor». Desde 2021 hasta el pasado año, 15 socios de 7 países, entre centros tecnológicos, pymes, industrias y organizaciones clúster, han tomado parte en la investigación, que dispuso de 5 millones de euros del programa de investigación e innovación Horizonte 2020 de la Unión Europea. Aparte de Tecnopackaging, por España han estado también implicados Cidetec Surface Engineering, Aimplas y Acudam. El proceso elimina microorganismos y patógenos que podrían contaminar en el nuevo ciclo de las plumas. Y lo más importante, se rescata queratina, elemento con una gran cantidad de nitrógeno, muy importante para la fertilización del suelo. «El proyecto consiguió –dice– cuatro productos finales. Se validó como aditivo esa queratina para geotextiles, films de acolchado (lo que hacíamos nosotros, que se probó tanto con lechuga como con brócoli), bandejas de semilleros y espumas hidropónicas». Entre los obstáculos, Villacián destaca la falta de regulación que favorezca el tratamiento de este tipo de residuos para su valorización: «Muchas veces acaba en un vertedero , que es lo más sencillo. Se echa de menos una gestión integral, una red que conecte al productor primario con las siguientes partes de la cadena». Aimplas, el Instituto Tecnológico del Plástico, con sede en Paterna (Valencia), desarrolló la investigación sobre espumas para el cultivo hidropónico en el proyecto Unlock. Bernardo Ríos, su investigador en Desarrollo de Materiales Sostenibles en Agricultura y Acuicultura, expone la intervención en el proceso: «Recibíamos la queratina micronizada, un polvito. A partir de ahí, seleccionábamos bioplásticos de origen natural y realizábamos combinaciones. Luego, sometíamos ese material, que eran pellets, a espumado por extrusión. Inyectábamos después CO2 a la masa fundida y se generaba una espuma, a la que das la forma que prefieras, como lámina o tubo». Frente a las espumas de poliuretano, estas presentan al menos el mismo rendimiento. «Además, gracias al residuo de queratina se pueden aportar micronutrientes a la planta. Y, sobre todo, no tienen impacto negativo medioambiental», afirma. «El poliuretano –subraya Ríos–, por el proceso y por los materiales que utiliza y por su gestión de fin de vida, es un material muy contaminante. En cambio, nuestras espumas son biodegradables , las puedes compostar y reciclar en un entorno orgánico». ¿Para cuándo estos productos en el mercado? Indica el investigador que el objetivo de Aimplas, como centro de investigación, es su traslación al mundo real: «Buscamos socios con la finalidad de generar un nicho de negocio con este tipo de producto. Creemos que estas espumas para cultivos hidropónicos tienen potencial como sustrato». Sobre las posibilidades del residuo de queratina, Ríos señala «su gran poder estructural en industrias como la ingeniería o la construcción para utilizar las fibras como refuerzo para ciertos materiales, sobre todo ahora que estamos transicionando a una economía más sostenible». Plumas de Cisne nació en 1991 en Puente Genil (Córdoba). Antonio Delgado, integrante de un cuartel que durante la Semana Santa se vestía de romano, con penachos en el casco, se percató de la carencia de una empresa que se dedicara al asunto. Y desde entonces, proveen a la Guardia Real, El Corte Inglés, asociaciones varias de carnaval y diseñadores de moda de plumas de ave. Hace dos años, su hijo, Antonio Delgado también, tomó las riendas de la compañía. «Importamos la pluma del extranjero. Ya viene tratada, desinfectada y blanqueada. Nosotros podemos teñirla y mejorar su aspecto. También llevan su certificado de sanidad correspondiente», puntualiza. Adquieren las plumas de avestruz en África y las de ánade, en países nórdicos. Cofradías de Semana Santa, bandas de música, uniformes policiales, obras teatrales, recreaciones históricas, reinas de carnaval, carrozas en desfiles o la tamborrada de San Sebastián son algunos de los destinos de su trabajo. Delgado Valenzuela, director general de Plumas del Cisne, se considera un artesano «en trabajos como los plumines de los sombreros de los guardias reales». También reciben encargos de fuera : Perú, Portugal, Suiza… En el mundo de la moda, deben adaptarse a la imaginación del creador. «El diseñador nos envía el patrón, el tono, nos muestra el tipo de pluma, la dirección que quiere y el resultado que pretende. Sobre ese patrón cosemos la pluma», detalla. El límite es la creatividad de quien encarga el proyecto, sostiene Delgado: «Hace poco un ebanista nos pidió un presupuesto para un mueble con forma de búho que quería forrar con pluma».