Lo de Lidom no es solo legal, sino moral
Este artículo fue publicado originalmente en El Día.
Durante la semana que se inicia se cerrará el telón del torneo de béisbol 2025-2026, el principal pasatiempo de los dominicanos, que desde el año 1951 organiza la Liga Dominicana de Béisbol Profesional (Lidom), en su segunda etapa.
A partir de una serie de acontecimientos negativos registrados a lo largo de la temporada, esta versión, cuya serie final protagonizan Leones del Escogido y Toros del Este, apunta a una conclusión de pena y sin gloria, lo que impactará desfavorablemente en la imagen no sólo de los organizadores, sino de la propia República Dominicana, debido a su liderazgo mundial en este deporte.
Un arbitraje pésimo, especialmente en el centro de revisión de jugadas, sanciones a jugadores y entrenadores por parte de la Lidom en base a un reglamento desconocido para el público, sin duda ha restado brillantez al espectáculo. Y la cereza al pastel la coronó una decisión de oficina, clave para la definición del segundo equipo clasificado para la serie final, una medida inaudita porque traspasó lo legal para rebotar en lo moral.
El fallo mediante el cual la presidencia de la Lidom anuló el partido ganado en el terreno por Águilas Cibaeñas frente los Toros del Este fue legal, debido a que la adoptó una autoridad competente, en este caso el presidente de la entidad, Vitelio Mejía. Sin embargo, dejó en un ambiente nebuloso la cuestión moral, en vista de que con la misma resultó favorecido el gerente general de los Azucareros del Este, Jesús Mejía, quien es su hijo.
La moral se diferencia de la ética en que tiene un carácter individual. Señala el camino de lo bueno y de lo malo; de lo correcto y lo incorrecto; de lo justo y lo injusto; siguiendo cada uno el camino que entienda. Naturalmente, lo ideal radica en actuar de conformidad con lo justo, dado a cada uno lo que le corresponde.
Hace años que, bajo mando de Vitelio, actuaciones de la Liga Dominicana de Béisbol Profesional de la República Dominicana han inducido a la violación de la Constitución de la República, al prohibir en su reglamento a los comentaristas y narradores de las cadenas, muchos de ellos periodistas, criticar a los actores de los torneos.
La referida norma establece que no pueden hacer menciones o insinuaciones que afecten el honor de árbitros, jugadores o directivos, estableciendo una especie de sanción previa. Al establecer censura previa, colide con convenciones sobre derechos humanos ratificadas por el país y la Constitución dominicana, que garantiza la libre expresión y difusión del pensamiento como un derecho fundamental.
La lista de amonestaciones y sanciones resulta larga. La más reciente, la suspensión por un juego y una multa ascendente a RD$50,000.00, se le aplicó al dirigente de Águilas Cibaeñas, Luis Urrueta. En el pasado, el exjugador Juan Carlos Pérez estuvo entre otras de las víctimas; y en una oportunidad expulsaron al otrora narrador de Gigantes del Cibao, Fernando Holguín.
Tampoco se salvaron del brazo sancionador Luichy Sánchez, en el momento de la amonestación, comentaristas de Águilas, y José Luis Mendoza, del Escogido, por hacer críticas a los árbitros y a un jugador. Llamó la atención que las advertencias se hicieran a los profesionales a pesar de que formularon las críticas a través de sus respectivas cuentas en la red social Twitter, hoy X. Se les sometió a interrogatorios por miembros del Departamento Jurídico de la Lidom, y se comprometieron a disculparse públicamente.
Lo de Vitelio Mejía pasa legalmente, pero en el aspecto moral hay que dejar que el tiempo sea el juez.
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