El rostro cada vez más joven de la desaparición en México
El poder define qué vidas no tienen valor. Decide quién debe morir, quién desaparecer e, incluso, quién debe ser borrado de los registros.
En México hay 133 mil personas desaparecidas y el perfil de estas es cada vez más joven. Este es el dato oficial del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO). Una cifra “depurada”, pues se estima que por cada desaparición que se denuncia hay, al menos, 1.5 casos que no llegan a la fiscalía; principalmente por miedo a represalias. Se suman también los nombres que se eliminan de los registros y aquellos que, aun cuando se tiene información, nunca son incorporados.
Aunque los datos oficiales no coinciden con el total de personas desaparecidas reportadas por colectivos de búsqueda y organizaciones – como el Movimiento por Nuestros Desaparecidos en México y Data Cívica –, ambos revelan una transformación alarmante en los últimos dos años: la desaparición tiene una edad promedio cada vez menor.
Hoy, adolescentes de entre 15 y 19 años encabezan las estadísticas. Estas identidades funcionan como un espejo de nuestras fallas estructurales y de las prioridades – o más bien, las omisiones – del poder. Algo que Achille Mbembe busca explicar con su teoría de necropolítica.
Mbembe describe cómo el ejercicio del poder reside en la capacidad de decidir qué vidas carecen de valor y pueden ser expulsadas hacia la inexistencia, como ha sucedido con esas más de 133 mil personas. El teórico e historiador camerunés evoluciona el concepto de “biopolítica” de Michel Foucault – que habla sobre el poder de gestionar la vida – hacia la necropolítica, que es el poder soberano de decidir quién debe vivir y quién debe morir. O, en la terrible mutación local de nuestro país, quien debe desaparecer.
Analizar los patrones es enfrentarse a un diagnóstico repulsivo sobre la descomposición del tejido social del que formamos parte y del poder que nos gobierna. Las instancias mencionadas, el Observatorio sobre la Desaparición e Impunidad en México (ODIM); así como el “Informe Nacional 2025” de Red Lupa coinciden en que las personas desaparecidas en nuestro país tienen una concentración creciente en población joven.
Tanto las cifras gubernamentales como las reportados por colectivos y organizaciones, sostienen que sigue predominando el perfil masculino con alrededor del 77%. Con todo, Red Lupa documenta que los rangos de 10 a 14 años y de 15 a 19 años han tenido incrementos superiores al 60% anual en algunas entidades. Señala, también, un contraste en Ciudad de México y Estado de México donde la brecha se cierra, al escalar el porcentaje de mujeres y adolescentes desaparecidas por temas de trata y explotación sexual.
El “Informe Nacional 2025” reporta que la juventud se ha transformado en una mercancía capturable para la economía del delito. En el centro del país, particularmente en el Estado de México y la Ciudad de México, este fenómeno en niñas y adolescentes de entre 12 y 17 años expone una estructura donde el cuerpo femenino persiste como territorio de conquista para las redes de trata.
A este panorama preocupante se suma una realidad institucional igual de oscura: la detención arbitraria generalizada, que sucede en todos los ámbitos del Estado y la autoridad. El patrón actual muestra una dinámica perversa donde la autoridad detiene a personas y posteriormente las libera sin registro alguno, lo cual genera un limbo jurídico que facilita el borramiento de las víctimas.
Identificar estas constantes nos obliga a reconocer qué sectores de la población son más vulnerables y, sobre todo, a quiénes el poder ha decidido abandonar. El perfil ausente revela un Estado que privilegia la estética de una estadística por encima de la obligación de localizar a sus habitantes. Cada número es una vida. Cada tendencia, una señal colectiva. Y cada joven desaparecido, un espejo de la sociedad que nos hemos convertido; esa que elige qué persona vive y cuál, siquiera, es digna de aparecer en los registros.