Sánchez preparó una lista de medidas que no necesitan aval del Congreso para evitar más derrotas
- Un plan que nació en un diciembre negro
- Sánchez llama a filas y diseña un plan para 2026
- La hoja de ruta: agenda progresista y movilización del electorado
- El “acuerdo con Podemos” como gesto
- Inmigración en Cataluña: críticas, negociación y condiciones
Un plan que nació en un diciembre negro
Diciembre en Moncloa, a pocas semanas de una esperada tregua Navideña, el Gobierno trataba de reestructurar lo que queda de legislatura. Los casos de acoso sexual y laboral en el Partido Socialista, el avance del ‘caso Koldo’ y las investigaciones a Leire Díez sellaron un mes negro para el Ejecutivo sin medidas de calado tras la enmienda a la totalidad de Junts.
Sánchez llama a filas y diseña un plan para 2026
En ese contexto, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, llamó a filas a los más cercanos. Asesores de primer nivel y ministros de peso con el objetivo de elaborar un plan que reactivase la agenda política del Ejecutivo. Durante días, confeccionaron un listado de iniciativas que el Gobierno podría impulsar en el primer trimestre de 2026, sorteando al Congreso de los Diputados.
El presidente rechazó impulsar una nueva batería de medidas si no había síes garantizados, y planeó una fórmula para atraer a los socios, a la vez que esquivaba un posible rechazo parlamentario.
Así es como empezaron a surgir distintas medidas, entre ellas, dos: aumentar el salario mínimo interprofesional y la regularización de medio millón de inmigrantes en situación irregular. Esta última quedó excluida de la agenda parlamentaria de la Cámara Baja ante la negativa del Partido Popular.
La hoja de ruta: agenda progresista y movilización del electorado
Moncloa ideó entonces una hoja de ruta para matar dos pájaros de un tiro. Aprobar medidas de corte progresista para empezar a caldear al electorado de izquierdas, más que hambriento ante la ausencia de proyectos de calado que movilicen a los votantes del PSOE, Sumar y Podemos.
Sánchez decidió escenificar un pacto que no era necesario y conceder a los morados parte del mérito de una medida que llevan años defendiendo. El propio plan de Moncloa excluye al Congreso, y hace inútil los votos de todos los grupos, incluidos los socios, pero en el Ejecutivo son conscientes de que el relato y las apariencias, cuentan tanto como el fondo.
El “acuerdo con Podemos” como gesto
Por eso, escenificar un “acuerdo con Podemos” para una medida que se aprueba modificando un reglamento y que no necesita los votos de la formación de Ione Belarra, es clave para acercar posturas con los socios. Un gesto con la mirada puesta en los Presupuestos que el Ministerio de Hacienda continúa sin presentar, pero que se comprometió a llevarlos a la Cámara en abril —a más tardar—.
Y también en la transferencia de las competencias de inmigración a Cataluña. La medida, acordada con Junts, recibió críticas de Belarra por tener un perfil “racista” en todo el preámbulo de la norma que justifica por qué la Generalitat debe asumir competencias que son exclusivamente estatales.
Inmigración en Cataluña: críticas, negociación y condiciones
Pero los morados se abren tras este ‘acuerdo’ a estudiar la propuesta e incluso apoyarla si se eliminan los postulados más xenófobos de una delegación de competencias que ha levantado ampollas a la izquierda del PSOE y que Junts reclama como uno de los compromisos por cumplir si quiere mantener su apoyo en el Congreso.