La Armada mueve sus fragatas clave en el Estrecho ante una amenaza que ya no es teórica
La Armada ha iniciado esta semana el ejercicio MAR-26, un adiestramiento naval de alto nivel que se desarrolla en el golfo de Cádiz, el Estrecho de Gibraltar y el mar de Alborán. El objetivo es claro: poner a prueba la capacidad de respuesta frente a amenazas convencionales y, sobre todo, frente al uso de drones aéreos y marítimos en un entorno realista.
El ejercicio está dirigido por la 41 Escuadrilla de Escoltas y reúne a cinco fragatas, tres de la clase Santa María y dos de la clase Álvaro de Bazán. Se trata de una de las concentraciones más relevantes de escoltas de superficie en aguas nacionales en los últimos meses.
Un despliegue naval con unidades clave
La fragata Santa María (F-81) actúa como buque de mando del operativo. A bordo se encuentra el Estado Mayor Desplegable encargado de coordinar a los más de 1.100 efectivos que participan en el ejercicio, procedentes de distintas unidades de los tres ejércitos y de países aliados.
Junto a ella operan las fragatas Numancia (F-83) y Navarra (F-85), también integradas en la 41 Escuadrilla. El grupo se completa con las fragatas Álvaro de Bazán (F-101) y Cristóbal Colón (F-105), pertenecientes a la 31 Escuadrilla de Superficie, dotadas del sistema de combate Aegis y diseñadas para escenarios de alta intensidad.
Capacidades frente a amenazas no convencionales
El eje central del MAR-26 es la defensa frente a amenazas asimétricas, especialmente aquellas que emplean vehículos no tripulados. Drones de bajo coste, difíciles de detectar y capaces de operar en enjambre se han convertido en un desafío táctico tanto en conflictos armados como en la protección de infraestructuras críticas.
Durante el ejercicio se ensayan procedimientos de detección, identificación y neutralización de estos sistemas, combinando sensores navales, medios aéreos y equipos especializados desplegados a bordo.
Infantería de Marina y cooperación aliada
Las fragatas embarcan tres Equipos Operativos de Seguridad de Infantería de Marina. Estas unidades están especializadas en abordajes, protección de buques y respuesta ante incursiones rápidas, un tipo de amenaza estrechamente ligado al empleo de drones marítimos y embarcaciones no tripuladas.
El componente internacional refuerza el carácter del ejercicio. Participan aeronaves de patrulla marítima de la Fuerza Aérea Portuguesa, helicópteros de la Flotilla de Aeronaves de la Armada y medios del Escuadrón 79 de la Marina de Estados Unidos, con base en Rota.
Drones y experimentación operativa
Uno de los aspectos más relevantes del MAR-26 es la integración de drones procedentes del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial, del Centro de Experimentación y Vehículos No Tripulados y de la Sexta Flota estadounidense. Estos sistemas permiten simular ataques complejos y evaluar la eficacia de las defensas navales en tiempo real.
La participación conjunta del Ejército de Tierra y del Ejército del Aire y del Espacio añade una dimensión multidominio al ejercicio, alineada con los estándares actuales de la OTAN.
Un mensaje estratégico en un entorno sensible
El Estrecho de Gibraltar es uno de los puntos marítimos más sensibles del entorno europeo. Por él transita una parte esencial del comercio mundial y es una zona clave para la proyección naval aliada. El despliegue de cinco fragatas en este espacio tiene también un claro valor disuasorio.
Desde la Armada subrayan que ejercicios como el MAR-26 son esenciales para garantizar la defensa de los intereses marítimos nacionales y la seguridad de las rutas estratégicas. La adaptación a amenazas emergentes, como los drones, se ha convertido en una prioridad operativa.
El adiestramiento concluye con una evaluación exhaustiva de los procedimientos empleados, con el objetivo de incorporar las lecciones aprendidas a la planificación futura. En un escenario internacional cada vez más inestable, la preparación anticipada se considera un factor decisivo para la seguridad de España.