Modelo energético israelí: Innovación ante la escasez
En contexto del Día Internacional de la Energía Limpia, Israel se posiciona como un laboratorio global de descarbonización, demostrando que las limitaciones geográficas pueden ser el motor de la creatividad tecnológica.
Bajo una ambiciosa hoja de ruta que busca el 30% de generación renovable para 2030 y la neutralidad de carbono para 2050, el país ha consolidado a la energía solar como su columna vertebral. Dado que el territorio israelí es pequeño y densamente poblado, la estrategia se ha centrado en el concepto de infraestructura de doble uso, donde la generación de energía convive armoniosamente con otras actividades vitales.
Un pilar fundamental de este modelo es la tecnología agrivoltaica, que transforma los campos de cultivo en centrales eléctricas inteligentes. Al instalar paneles solares elevados sobre los sembradíos, se crea un microclima que reduce la evaporación del agua y protege a las plantas del estrés térmico, optimizando la seguridad alimentaria y la rentabilidad agrícola simultáneamente.
Esta eficiencia se extiende al recurso hídrico mediante el despliegue de plantas solares flotantes sobre embalses. Esta técnica, gestionada por la compañía nacional Mekorot, no sólo mitiga la evaporación de las reservas de agua, sino que aprovecha la temperatura del líquido para refrigerar los paneles, aumentando su rendimiento operativo de forma natural.
El aprovechamiento de la energía limpia se profundiza con el desarrollo de paneles bifaciales, capaces de capturar la radiación directa del sol y el reflejo del suelo, logrando rendimientos superiores hasta en un 50% frente a la tecnología convencional.
Sin embargo, el verdadero salto cuántico reside en la gestión de la intermitencia mediante un ecosistema de almacenamiento diversificado.
Israel está liderando el camino con el hidrógeno en polvo, una innovación que permite almacenar este gas en un estado sólido estable, eliminando los riesgos y costos asociados a la alta presión. A esto se suman soluciones como la electrólisis de agua de mar, que evita el uso de agua potable para la producción de combustible verde, y el almacenamiento térmico en rocas, que utiliza materiales simples para retener calor de alta temperatura destinado a procesos industriales.
Para México, este modelo no se trata de una referencia lejana, sino un mapa de ruta aplicable a su propia realidad geográfica y económica. La vasta extensión de zonas áridas en el norte del país es el escenario ideal para implementar el almacenamiento térmico y la generación de hidrógeno, mientras que las regiones agrícolas del centro y sur podrían beneficiarse enormemente de la agrivoltaica para combatir el estrés hídrico.
Al integrar estas tecnologías israelíes, México tiene el potencial de transformar su alta radiación solar en un recurso estratégico que no sólo limpie su matriz energética, sino que también blinde su soberanía hídrica y alimentaria, convirtiendo sus retos ambientales en motores de desarrollo económico sostenible.