Davos 2026 y la inteligencia artificial
Davos colocó nuevamente a la inteligencia artificial (IA) en el centro del debate global.
Bajo el lema de desplegar la innovación a escala y de manera responsable, líderes políticos, empresariales y expertos coincidieron en que la IA no es solo una herramienta tecnológica, sino un motor de cambio económico y social que redefine el futuro.
Las opiniones vertidas revelaron un equilibrio precario entre promesas transformadoras y riesgos profundos, subrayando la necesidad de una gobernanza inclusiva para maximizar beneficios y mitigar amenazas.
Una de las opiniones más optimistas provino de Dario Amodei, CEO de Anthropic, quien predijo que la IA podría impulsar un crecimiento económico masivo, con un potencial de desbloquear hasta 4.5 billones de dólares en valor tan solo en EU si las empresas adoptan medidas clave como la integración de datos y procesos, enfatizando que la IA alcanzará niveles de inteligencia equivalentes a un doctorado en razonamiento, permitiendo avances en ingeniería de software end-to-end en los próximos 12 meses.
Esto abre puertas a aplicaciones concretas que van desde acelerar la invención de medicamentos y cultivos hasta mejorar la educación y la salud.
Elon Musk afirmó que la IA superará la inteligencia humana individual para finales de 2026, con robots humanoides entrando en uso real poco después, elevando la productividad drásticamente. Satya Nadella, CEO de Microsoft, la describió como un cambio de plataforma más significativo que Internet, donde el PIB se medirá en tokens por dólar por watt, impulsando sectores como la salud y la educación para justificar el consumo energético.
El rol de la IA en industrias físicas como robots en logística, agricultura y salud, impulsa la demanda de oficios manuales mientras automatiza tareas repetitivas. Changpeng Zhao, fundador de la plataforma de criptomonedas Binance, señaló que agentes de IA podrían convertirse en actores económicos autónomos, usando criptomonedas para transacciones sin bancos, revolucionando las finanzas.
En resumen, Davos presenta este año a la IA como un motor de crecimiento confiable, abogando por políticas que entiendan la complejidad operativa para desbloquear su potencial.
Pese al entusiasmo, las advertencias fueron contundentes. Amodei alertó sobre un escenario inusual de alto crecimiento del PIB con desempleo elevado, potencialmente del 50% en puestos de entrada en oficinas blancas en cinco años. Esto agravaría la desigualdad, un tema recurrente, ya que la IA podría eliminar la mitad de los empleos iniciales en sectores administrativos, mientras que el 56% de las empresas aún no ven retorno de inversión.
La electricidad emergió como el cuello de botella principal, con la demanda de centros de datos proyectada a duplicarse para 2030, vinculando la IA al dominio energético y cuestionando mandatos verdes, presentando riesgos cibernéticos alarmantes: el 87% de organizaciones ven vulnerabilidades de IA como su mayor amenaza creciente. Éticamente, sesiones como ‘Dilemas éticos en IA’ exploraron impactos en la dignidad humana y la agencia moral, advirtiendo el riesgo de estarse construyendo sistemas potentes sin volante ni frenos.
Desde una perspectiva geopolítica, la IA se percibe como infraestructura estratégica, con fragmentación económica superando la globalización. Líderes europeos buscan autonomía, mientras EU prioriza competencia y China se posiciona como estabilizador.
Los resultados de investigaciones diversas muestran que adoptantes tempranos experimentan conexiones laborales más débiles y menor productividad, subrayando que la transformación es un problema de personas primero.
Es probable y deseable que en materia de inteligencia artificial las oportunidades superen a los desafíos si se actúa con sentido de urgencia y responsabilidad y los gobiernos invierten en reskilling (o reciclaje profesional), en regulaciones homogéneas y globales con un sentido de redistribución de la riqueza para evitar una brecha mayor.
Aprovechar a tiempo las ventanas de oportunidad es clave para transformar sueños en realidades.
Hace más de tres décadas el sueño era convertir al país en el proveedor principal de EU para una industria tan relevante como la automotriz.
Hoy nuestro país tiene la oportunidad de convertirse en aliado estratégico y proveedor principal de insumos en el mercado de IA para EU y convertirse en el líder indiscutible en la región latinoamericana.
¿Podremos reconocerlo y trabajar para hacerlo realidad?