El final de ‘Sirat’ desconcierta: qué es lo que realmente cruzan los personajes
Una experiencia espiritual en forma de cine
Con 'Sirat', Oliver Laxe reafirma su compromiso con un cine contemplativo que rehúye las estructuras narrativas convencionales. Esta película, ambientada en paisajes áridos y con un ritmo que exige atención paciente, culmina en un final que no busca respuestas fáciles. La referencia al "sirat" —el puente simbólico entre este mundo y el más allá en la tradición islámica— está presente desde el título, pero se vuelve esencial en su desenlace.
El Ministerio de Cultura reconoce la obra de Laxe como parte del nuevo cine español más introspectivo, y su inclusión en festivales como Cannes refuerza el prestigio internacional de una filmografía centrada en el trasfondo espiritual y humano de sus personajes.
¿Qué ocurre realmente en la última escena?
En el tramo final, los protagonistas emprenden lo que parece un nuevo viaje, tras haber atravesado no solo el desierto físico, sino también el emocional. No se muestra un destino concreto. No hay recompensas, redenciones ni revelaciones. Solo cuerpos exhaustos y miradas perdidas.
La escena final actúa como un umbral simbólico. Laxe decide cortar el relato cuando los personajes alcanzan su límite interior. Lo que el espectador ve no es el final de la historia, sino el momento en que la película deja de acompañarlos. Esa suspensión deliberada refleja la filosofía del director: lo importante no es a dónde se llega, sino lo que se deja atrás en el camino.
El desierto como prueba y reflejo
Lejos de ser un simple escenario, el entorno natural en 'Sirat' tiene un peso narrativo abrumador. Su inmensidad, su silencio y su hostilidad imponen una lógica que no premia ni castiga, solo confronta. En este sentido, la naturaleza representa una fuerza que desarma las construcciones humanas, mostrando la fragilidad de sus intenciones.
Durante el viaje, los personajes sufren una transformación que no se verbaliza ni se dramatiza. El desgaste físico se convierte en una metáfora de un despojo más profundo. La película sugiere que el verdadero viaje es hacia adentro, no hacia un lugar, y que hay umbrales que se cruzan sin retorno visible.
Un desenlace abierto a múltiples interpretaciones
El cine de Laxe nunca ha sido dogmático. En 'Sirat', el espectador es convocado como parte activa de la experiencia. El final no se explica, se vive. Cada mirada, cada gesto contenido en la última escena abre una puerta distinta según quién mire.
Para algunos, la marcha final es un renacimiento. Para otros, una rendición. Pero la clave está en el puente simbólico: cruzarlo no significa llegar a un destino, sino haber sido transformado por el tránsito. Como en las tradiciones sufíes, el recorrido tiene valor en sí mismo, no en lo que promete al final.
¿Por qué Laxe elige este tipo de final?
Oliver Laxe ha declarado en entrevistas previas que su interés no está en contar historias cerradas, sino en provocar una experiencia. En 'O que arde' y 'Mimosas', ya optaba por estructuras narrativas fragmentadas. Con 'Sirat', da un paso más hacia lo simbólico: el final no concluye, deja en suspensión.
Este tipo de cierre desconcierta a quienes esperan una moraleja o una resolución. Pero es precisamente esa ambigüedad la que convierte el filme en un acto de fe: el espectador debe decidir qué significó el viaje para él. Como si el cine se volviera una suerte de espejo, más que de ventana.
El valor del no saber
En una época de narrativas predecibles, 'Sirat' destaca por proponer una forma de cine donde el silencio y la incertidumbre tienen tanto peso como el diálogo. Su desenlace, lejos de cerrar, abre interrogantes. No hay música triunfal, ni abrazos, ni despedidas. Solo la sensación de haber cruzado un límite invisible.
Es un final que se resiste a ser explicado porque no fue concebido como respuesta, sino como reflejo. Lo que ocurre en esa última escena no es lo que pasa en pantalla, sino lo que se activa en quien observa.
‘Sirat’: más que una película, un tránsito
El cierre de 'Sirat' plantea una reflexión que trasciende el relato: ¿qué queda cuando ya no hay camino? Es ahí donde la película transforma su propuesta estética en una experiencia casi mística. No da certezas, pero sí una certeza: la de haber pasado por algo irreversible.
Así, Laxe no ofrece una respuesta cerrada, sino un silencio cargado de significado. Y es en ese silencio donde empieza, quizás, la verdadera historia de 'Sirat'.