La Ley de Fomento Taurino en Euskadi: El Capote del Engaño
PNV y PSE en Euskadi quieren fomentar los festejos taurinos en niños mintiendo a la ciudadanía y saltándose toda protección de la infancia y de los animales
La ley de fomento taurino en Euskadi, que en breve comenzará su tramitación oficial con comparecencias previas a la fase de presentación de enmiendas, se envuelve en la bandera de la “regulación y seguridad”. Sin embargo, esta iniciativa no busca ni seguridad ni cubrir un vacío legal, sino anular de manera deliberada prohibiciones que protegen a los menores y a los animales desde hace casi dos décadas.
La premisa de que Euskadi necesita esta ley para regular festejos de fomento es, sencillamente, falsa. La claridad legal ya existía, y esa misma claridad es lo que esta nueva ley intenta invalidar, disfrazando la derogación de prohibiciones como un acto de “seguridad jurídica” y “fomento cultural”.
El principal y más preocupante objetivo de esta nueva normativa es legalizar la participación activa de menores de 16 años en espectáculos taurinos, una práctica que ha estado terminantemente prohibida desde hace 18 años.
El Reglamento Taurino de Euskadi de 2008 establece de forma taxativa en su artículo 93.1: “No se permitirá la participación en espectáculos taurinos tradicionales a menores de 16 años, que únicamente podrán asistir como espectadores”. Esta disposición eliminó cualquier inseguridad jurídica, pues una prohibición explícita solo requiere su cumplimiento o la persecución legal de su vulneración.
Este mismo reglamento define los espectáculos tradicionales como aquellos donde intervienen reses de ganado bovino bravo con un peso superior a 60 kilos. Esto significa que los animales de menos de 60 kilos quedan fuera de la consideración de “festejo taurino tradicional”, aunque sean de “raza brava”. Esta exclusión fue utilizada hace años en algunos municipios (particularmente en Gipuzkoa, donde se encuentran estas ganaderías) para organizar eventos con becerros de bajo peso con participación de menores y adultos. Dicha actividad representaba un claro fraude de ley, utilizando la exclusión por su peso para permitir un resultado materialmente prohibido: un espectáculo con sufrimiento animal sin las garantías legales ni las obligaciones y permisos que el reglamento exige para cualquier evento taurino.
También establece que, para poder celebrar festejos taurinos tradicionales para adultos —los mismos que ahora se van a permitir para menores—, debe existir una certificación del ayuntamiento que acredite el arraigo popular del espectáculo. Sin embargo, esta nueva ley elimina deliberadamente dicha exigencia. La razón es obvia: de solicitarse, la falsedad del supuesto arraigo quedaría al descubierto, dado que los escasos espectáculos realizados con becerros en el pasado constituyeron un claro fraude de ley al usar la exclusión por peso como subterfugio.
La ley vasca de protección animal de 2022 reforzó esta protección al prohibir los espectáculos itinerantes con animales y considerar como infracción grave hacer participar en cualquier tipo de actividad a un animal menor de seis meses. Esta ley de protección no ha creado inseguridad jurídica con su aprobación, ya que es el propio reglamento taurino el que excluye y rechaza que un espectáculo con becerros de menos de 60 kilos pueda ser catalogado como festejo taurino tradicional.
La ley de fomento taurino no solo anula esta protección, sino que además permitirá que en estos espectáculos de maltrato se puedan utilizar cualquier raza de bovino, incluso terneros recién nacidos.
El engaño de esta futura ley llega al extremo de considerar que maltratar a un ternero, de “raza brava” o no, en la vía pública o privada, es un festejo taurino tradicional basado en un supuesto “patrimonio cultural inmaterial” que no existe. Euskadi nunca ha emitido una declaración que reconozca los festejos taurinos como Patrimonio Cultural.
Los promotores esgrimen la necesidad de regular un millar de espectáculos taurinos al año para menores. Esta afirmación es una falsedad insultante. El informe de 2023 de la Comisión Vasca de Asuntos Taurinos señala que el total de festejos populares celebrados entre 2012 y 2023 nunca alcanzó los 190 eventos anuales. Teniendo en cuenta que la participación de menores está prohibida desde hace 18 años, nunca ha existido una estadística sobre eventos taurinos específicos para menores. Aun así, los datos oficiales de toda Euskadi desmienten ese supuesto “arraigo” con el que quieren justificar la premisa falsa de su iniciativa, también en lo referente a festejos con becerros de menos de 60 kilos. Fueron 136 durante 2017, 71 en 2018 y 92 en 2019, los años inmediatamente anteriores a la pandemia y de su prohibición mediante la ley vasca de protección animal. Siempre han estado por debajo de los 190, toda la norma se levanta sobre una mentira.
Esta futura ley que supuestamente “garantiza el bienestar animal” designa como garantes de ese bienestar a los mismos actores que se lucran o disfrutan con el maltrato: ganaderos, participantes y organizadores. La regulación para prohibir el maltrato es la misma que se estableció en 1991, la primera norma aprobada en Euskadi. Han pasado 35 años, y se sigue entendiendo que el maltrato a un pequeño ternero recién nacido solo consiste en que lo pinchen, golpeen o hieran, exigiendo, según la propia ley, que el maltrato sea “flagrante” para poder suspenderlo.
El argumento de que estos espectáculos de maltrato están enfocados en promover el respeto por los animales, el interés por la crianza y la etología animal es, sencillamente, delirante y una burla al sentido común y a la empatía más básica. Un ambiente urbano en una plaza pública, caracterizado por música ensordecedora y griterío, no forma parte de la etología natural de un bovino. El informe elaborado por la asociación de veterinarios AVATMA certifica este maltrato.
La verdadera intención de esta ley no es la protección de menores ni de animales, sino permitir lo que ya está legalmente vetado, impulsando una peligrosa regresión legislativa con el único fin —como constató una parlamentaria en su toma en consideración— de beneficiar los intereses económicos privados de un determinado sector ganadero que lo ha solicitado, en detrimento del bien común.
El acoso y el hostigamiento se oponen intrínsecamente a cualquier principio ético. La exposición a tales prácticas, o su promoción, es contraria a los valores de una sociedad cívica y empática.
Es crucial que la empatía esté presente en la educación de la infancia, dado que resulta difícilmente posible que un individuo pueda entender, considerar y respetar al diferente si su formación se basa en la insensibilidad hacia el dolor ajeno. La enseñanza debe fomentar la consideración y el respeto por todo ser vulnerable.
Todo esto es lo que la ONU ha dicho reiteradamente a España, la última vez hace solo unos días: la violencia de la tauromaquia impacta en niños, niñas y adolescentes.
La única protección efectiva para los menores y los animales en Euskadi reside en mantener la prohibición ya establecida.