Tres millones de nuevos documentos desclasificados de Jeffrey Epstein dan para mucho. Por ejemplo, para advertir la presencia de Astrid Gil-Casares, conocida en su día como la intelectual de la jet-set por sus inquietudes literarias y también por ser la exmujer de Rafael del Pino . Ahora, más que todo eso, regresa a la actualidad por su vínculo con el pederasta más famoso del mundo. Pero, ¿ qué ocurrió realmente entre ambos ? Son días en los que la prensa lee en diagonal los nuevos documentos desclasificados el deshonroso magnate tras ser encontrado colgado en el interior de una celda en 2019. Los medios buscan nombres famosos, y no hay pocos. Y en España ha llamado la atención la aparición de Astrid Gil-Casares, quien intercambió mensajes con el pederasta desde 2017 hasta pocos días antes de su muerte. Compartían fotos, artículos y gustos. Y, según se aprecia, con muchas ganas de verse... sobre todo por parte de ella. Astrid Gil-Casares nació en Madrid el 16 de febrero de 1973, en el seno de una familia con lazos académicos muy poderosos . También en el ámbito político y social. Es hija del ingeniero naval Santiago Gil-Casares Armada y de la aristócrata francesa Catherine Marlier, fallecida en 2022. Y los primeros intercambios de mensajes entre ella y Epstein datan de 2017, según los papeles. Uno de los primeros correos ocurre un año después de su sonado divorcio de Rafael del Pino, empresario español considerado como la tercera persona más rica del país en 2022 con un patrimonio estimado de 3.800 millones de euros, según 'Forbes'. «Borré tu número ayer (ahora puedes deshacerte de mí fácilmente)…», escribe antes de añadir lo que echa de menos « que me enseñes » y pedirle que le vuelva a facilitar su número. « Prefiero WhatsApp », le dice. El contacto no solo sigue, sino que avanza. Ella le envía a Epstein material literario escrito por ella misma y le solicita una opinión. Como si el magnate fuera un crítica literario. Él, solícito, le expresa su opinión con amabilidad y luego la aristócrata le agradece las observaciones en otro correo: «He incorporado todos tus comentarios». Ahí es donde desvela su ambicioso objetivo: «Quiero una comedia comercial, no una película de Cannes». Según profundizan en el proyecto de película, comienzan las revelaciones personales. « Juan… es real, pero no puedo hablar mucho de él por mi ex », escribe Astrid Gil-Casares en un momento dado, mientras en otro corrige una frase mal interpretada: «No hay ninguna señora de 70 años, ahí hubo un fallo en la traducción». Posteriormente, hablan de encuentros . En uno de ellos, Epstein pregunta simplemente: «¿Miami?». En otro, ella le dice que ha tenido que cancelar un viaje por una mudanza y propone nuevas fechas para quedar. «¿Cuándo estás en París?», pregunta en un correo. En otro concreta: «¿Estarás en París entre el 1 y el 5 de mayo?». Y va más allá: « ¡Guau! ¿De verdad? Yo volaría el 2 y me quedaría hasta el 5. ¿Tenemos trato? ». El vínculo afectivo evoluciona y entre finales de abril y mayo de 2019, Astrid Gil-Casares relata una ruptura sentimental y la muerte del padre de su mejor amiga. «He roto con mi novio, me he mudado de casa (…) y el padre de mi mejor amiga (…) ha fallecido. Ha sido una semana emocionalmente muy dura », escribe. Y después pregunta: «¿Vienes a Europa la semana que viene? ¿Por qué no pasas una noche en Madrid? Por alguna razón extraña siento que te necesito ». La respuesta de Epstein sitúa su ubicación: «Te lo dije / estoy en París, pasé por encima de ti anoche (en el avión)». Ella matiza: «Cuando digo 'siento que te necesito' es como amigo (así que no te sientas presionado). Es solo que siento, percibo una conexión fuerte contigo». Apenas tres meses después, el contacto entre ambos acabaría por razones obvias. Jeffrey Epstein fue encontrado muerto el 10 de agosto de 2019 colgado en el borde una cama en el Centro Correccional Metropolitano de la ciudad de Nueva York, donde esperaba juicio por tráfico sexual. « No tengo nada que esconder ni que decir . Los correos que han aparecido demuestran que me interesaba su opinión sobre el libro, no hay conversaciones fuera de lugar. Si hay más mensajes, que los saquen . No tengo nada más que añadir», le ha dicho Astrid Gil-Casares a ‹Vanitatis'.