Carlos Zúñiga irrumpe en la cúpula de ANOET y releva a Ramón Valencia
En los pasillos de la estructura taurina, los movimientos nunca son gratuitos. La reciente incorporación de Carlos Zúñiga a la junta directiva de ANOET, en sustitución de Ramón Valencia, no solo revela un cambio de nombres, sino una apuesta concreta por una forma distinta de entender la gestión empresarial del toreo. No es una operación menor: Zúñiga lleva años al frente de cosos tan relevantes como Gijón, El Puerto de Santa María, Palencia o Valdemorillo, plazas donde ha demostrado una mirada estratégica que combina arraigo, sentido práctico y una programación dinámica.
El contexto es claro: ANOET vive un proceso de reordenación interna desde noviembre, cuando inició una renovación profunda de su estructura. La intención declarada fue clara: aligerar su junta directiva para dotarla de mayor capacidad operativa. Pero lo que de verdad subyace es un intento por alinearse con un sector que exige respuestas ágiles, consensos difíciles y una representación solvente ante instituciones y opinión pública.
La presidencia sigue en manos de Rafael García Garrido, pero el foco se ha desplazado hacia la figura de José María Garzón, que se mantiene como vicepresidente y consolida una presencia influyente desde su llegada a la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Su nombre suena cada vez con más fuerza entre los empresarios que no se limitan al papel administrativo, sino que proyectan discurso, visión y compromiso con la expresión cultural del toreo.
En esta nueva etapa, la junta se completa con nombres como Óscar Martínez Labiano, Nacho Lloret, Alberto García y Carmelo García, cada uno con su particular perfil y radios de acción, configurando un órgano más reducido, pero también más representativo de las distintas sensibilidades que hoy atraviesan el mundo taurino.
Carlos Zúñiga no llega como figura decorativa. Su entrada en la junta es, en parte, un reconocimiento a su trayectoria, pero sobre todo un gesto que ANOET lanza hacia quienes reclaman una gestión menos encorsetada, con los pies en la arena y los ojos en el porvenir. Su relación con el aficionado y su capacidad para leer los cambios de humor del público serán activos valiosos en esta nueva fase.
Lo que se juega ANOET no es únicamente una reconfiguración de cargos, sino su capacidad real para ejercer liderazgo en un momento donde el toreo necesita menos retórica y más estrategia. Con figuras como Zúñiga y Garzón en su núcleo duro, la asociación busca perfilar un relato que trascienda el papel institucional y recupere centralidad en el debate sobre el futuro de la tauromaquia.