¿Confrontativa o negociadora? ¿Cuál Laura Fernández veremos a partir del 8 de mayo?
La noche del pasado domingo 1.° de febrero, en su primer discurso como presidenta electa, la oficialista Laura Fernández lanzó un mensaje confrontativo a sus adversarios políticos.
“La oposición, por oposición, obstruccionista y saboteadora, enceguecida por el revanchismo y el canibalismo político, que solo se empeña en propiciar el fracaso del gobierno, creyendo que eso abona a sus intereses electorales en la próxima contienda, nos desgasta a todos y obstaculiza la lucha por la prosperidad y el bienestar de nuestro país”, manifestó Fernández tras conocerse su victoria en primera ronda.
Su tono fue distinto un día después. Aseguró estar consciente de que un gobierno debe “conversar, dialogar y construir consensos”. En Noticias Repretel afirmó que consolidará “un gran gobierno de concordia nacional” y agregó que “ya estuvo bueno de levantar banderas de diferentes partidos políticos”.
Además, dijo estar anuente a acercarse a los líderes de los otros partidos políticos en la Asamblea Legislativa.
Las fuerzas de la oposición tendrán en conjunto 26 curules: 17 del Partido Liberación Nacional (PLN), siete del Frente Amplio (FA), una de la Coalición Agenda Ciudadana (CAC) y una del Partido Unidad Social Cristiana (PUSC). En tanto, la futura fracción oficialista del Partido Pueblo Soberano (PPSO) contará con 31 escaños.
Asimismo, en conferencia de prensa, la representante oficialista mantuvo un tono más conciliador con los medios de comunicación que el mostrado por su exjefe, el mandatario Rodrigo Chaves.
En campaña electoral, Fernández se presentó como “la continuidad del cambio”, mensaje que caló más entre los votantes que acudieron a las urnas, pero ¿se puede esperar que ella aplique un estilo de gobierno distinto al de Chaves? Analistas consultados por La Nación dan su opinión.
Argentina Artavia, politóloga de Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad de Costa Rica (UCR), comentó que a Fernández le dio réditos electorales haber mantenido el tono de Chaves durante la campaña. Sin embargo, consideró que ella podría imponer su sello personal en temas específicos que conoce mejor a nivel técnico.
La futura gobernante ya anunció los proyectos de seguridad a los que dará prioridad, como reformas al Código Procesal Penal y el Código Procesal Penal para endurecer penas de prisión y revisar las normas que regulan las ejecuciones condicionales de la pena.
Consultada por La Nación, Fernández aseguró el pasado lunes que entre las primeras enmiendas a la Carta Magna que tiene entre manos están una reforma al mecanismo para la rendición de cuentas de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia y una modificación del rol de la Sala Constitucional.
No ahondó en cuáles cambios específicos quiere impulsar, pero reconoció que, al no haber logrado la mayoría calificada de diputados que esperaba (habló de 40 curules en la campaña), deberá buscar alianzas con los partidos de la oposición para impulsar cualquier reforma a la Carta Fundamental.
Artavia advirtió de que si Fernández desea conseguir ese respaldo, tendrá que moderar su tono pues, según afirmó, “hay temas que se complican innecesariamente por esa poca capacidad de generar acuerdos”.
Puede que no prosperen las negociaciones de reformas constitucionales polémicas que requieren 38 votos, como el establecimiento de la reelección presidencial continua, tema que ha sido mencionado por la diputada Pilar Cisneros y otros dirigentes del PPSO.
Sin embargo, con 31 votos, la futura fracción oficialista tendría menos obstáculos para acaparar el Directorio legislativo y aprobar proyectos ordinarios. Lo anterior disminuiría el margen que tendrá el gobierno entrante de achacarle obstrucciones al Congreso, como así lo ha hecho Rodrigo Chaves.
La administración Fernández Delgado tampoco podrá acudir a la estrategia de culpar a su antecesor por malos resultados en seguridad, educación o salud, por ejemplo, al ser parte de su propia tendencia política.
Para la experta en análisis legislativo, Kattia Benavides, la propuesta del PPSO durante la campaña electoral augura una tónica muy similar a la de la administración Chaves Robles.
Benavides señaló que durante el proceso, el partido oficialista utilizó como consigna “la continuidad del cambio”, un término que puede parecer contradictorio, pero que para la analista trae consigo la promesa de un gobierno que seguirá el estilo del actual.
De esta forma, a criterio de la experta, los márgenes políticos de achacar responsabilidades a pasadas administraciones se reducen, mientras que la expectativa de la población de percibir cambios inmediatos se incrementa.
Además, comentó que otro reto que podría enfrentar Fernández, y que pondría a prueba su capacidad de negociación, son las posibles divisiones dentro de su propia fracción.
En el actual Congreso, la bancada oficialista del Partido Progreso Social Democrático (PPSD) inició con diez legisladores y terminó con ocho, incluyendo una ruptura de Chaves con la líder de la agrupación que lo llevó al poder, Luz Mary Alpízar.
Ahora son 31 diputados bajo una misma bandera, la mayor fracción legislativa desde el periodo 1982-1986, y el riesgo de diferencias internas se incrementa.
¿Qué liderazgo se puede esperar de Fernández a lo interno de su administración? Según una fuente que trabajó con la presidenta electa en una institución de Gobierno y que habló de forma anónima con La Nación, Fernández suele respetar criterios profesionales y técnicos.
Sin embargo, mencionó que “cuando alguien no es de su agrado, la historia es muy diferente; porque se ciñe, incomoda e incluso entorpece el trabajo de esa persona”.
“Mientras que el conservadurismo de Chaves siempre he sospechado que es más postureo que otra cosa, sí puedo decir que ella es una conservadora convencida”, agregó.
Fernández ya anunció su intención de que Chaves sea su futuro ministro de la Presidencia y que, por lo tanto, se encargue de la comunicación entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo.
El politólogo Daniel Calvo consideró que el encargado de ese puesto estratégico se debería caracterizar por “tender puentes y el diálogo”.
“Esas no son precisamente las características de Rodrigo Chaves, de quien se habla como eventual ministro de la Presidencia. Desde mi punto de vista es más un gancho publicitario y de generación de expectativa que algo real que vaya a materializarse”, estimó Calvo.
El polotólogo planteó también como un escenario posible que el oficialismo trate de llevar a sus filas a diputados del PLN, como ya ocurrió con 18 alcaldes liberacionistas que se adhirieron al chavismo en los últimos años.
Lo anterior disminuiría la necesidad de Fernández de dialogar con otras fracciones para impulsar las reformas de fondo que tiene en agenda.