Akapo, capitán y ejemplo de la lucha contra el racismo
Cuando Guinea Ecuatorial perdió el segundo partido de la fase de grupos de la Copa de África contra Sudán, Carlos Akapo, el capitán de la selección ecuatoguineana, se tiró al suelo y lo golpeó con el puño durante unos segundos. Akapo exteriorizaba así su frustración. Guinea Ecuatorial acababa de quedar eliminada sin necesidad de esperar a la última jornada de la primera fase y a su partido contra Argelia y ya era imposible repetir una actuación tan brillante como la de dos años antes en Costa de Marfil. Entonces golearon por 4-0 en la primera fase a los marfileños, que eran los anfitriones, los favoritos y después fueron campeones. Guinea Ecuatorial acabó primera de grupo y, aunque cayó en octavos el sentimiento fue de que la actuación en la Copa de África había sido brillante.
Akapo, que cumplirá en marzo 33 años, llegaba a la competición disputada en Marruecos con ganas de repetir la buena actuación de su selección dos años antes y con espíritu de reivindicación personal después de unos meses complicados profesionalmente. El capitán ecuatoguineano, nacido en Elche, ha tenido una larga y provechosa trayectoria en el fútbol español, donde ha jugado en el Huesca y en el Cádiz, entre otros, pero en los últimos años decidió buscar otras ligas para apurar su carrera.
Después de jugar en el San José Earthquakes de la MLS estadounidense, en febrero comenzó una aventura en el Amazonas de la segunda categoría del fútbol brasileño. Y, aunque la experiencia fue divertida profesionalmente, económicamente no ha sido todo lo provechosa que esperaba.
«Llegó un momento en el que dejaron de pagar a algunos jugadores, otros íbamos con retrasos», contaba en «Radio Marca», en el programa que dirige Vicente Ortega. A él le deben los últimos cuatro meses y medio de sueldo. «La Liga debería hacer algo porque hay muchos clubes que están haciendo este tipo de cosas», añadía Akapo.
El jugador ilicitano llegó al torneo con muchas ilusiones puestas en una selección joven y en el apoyo de los aficionados que siguen a los «Nzalang», los «Rayos», en su paso por el continente.
Solo pedía a los más inexpertos que se sacudieran la presión y jugaran como saben para poder avanzar en la competición. «Ganamos a Costa de Marfil 4-0 y empatamos con Nigeria», recordaba el capitán. Y añadía: «Tenemos gente joven muy buena que puede dar mucho a la selección».
Por el camino hay jugadores que han ido perdiendo protagonismo por la edad. Como Emilio Nsué, el máximo goleador histórico de la selección, que ya tiene 36 años y juega ya lejos de la élite, en el Intercity de la Segunda Federación española. Nsué solo fue titular en el último partido, contra Argelia, cuando Guinea Ecuatorial ya estaba eliminada, pero le dio tiempo a marcar un gol que ampliaba su marca como máximo goleador de los «Nzalang».
Lucha contra el racismo
Akapo, además de por su rendimiento en el fútbol español, ha destacado también por su lucha contra el racismo. Algo que ha llamado la atención en los estadios españoles por los insultos sufridos últimamente por estrellas como Vinicius o Iñaki Williams y que se sufre aún más en partidos de categorías más bajas, pero que Akapo también ha padecido en la Liga. En 2022, cuando jugaba con la camiseta del Cádiz, un aficionado del Granada le hizo un gesto imitando a un mono después de ser sustituido. El jugador denunció los hechos. «Hay que visibilizar estas acciones para erradicar el racismo del fútbol», decía en ese momento. El año pasado, el aficionado que hizo gestos racistas a Akapo fue condenado a un año de prisión y a dos meses de alejamiento de los estadios.
Cuando jugaba en Estados Unidos con los Earthquakes, Akapo también fue testigo de otra acción racista, pero en esta ocasión fue un jugador del New York Red Bull el que se dirigió a un compañero de Akapo llamándolo directamente «mono». La condena fue una multa económica y seis partidos de sanción.
Ahora Akapo está sin equipo y busca un lugar para seguir jugando al fútbol, un sitio en el que poder seguir demostrando que es un capitán ejemplar y un ejemplo también de la lucha contra el racismo.