El pastor es mi señor
A veces uno se pregunta por qué una chica joven puede ser seducida por un hombre mayor e, incluso, poco atractivo ¿Qué ha pasado allí? ¿Qué hace ella con él? La primera respuesta que llega a mucha gente es que “el dinero de él hizo el milagro”, especialmente si el susodicho es, además, pastor evangélico. Pero, aunque esta situación evidencia que hay algo que no cuadra, esta es una mirada superficial.
Hace unos meses, las páginas sociales y espacios informativos que le dan peso a asuntos del glamour daban a conocer la boda de la ex miss Bolivia, Desireé Durán, con un pastor evangélico de nombre Marcos Núñez. Esa dicha de flashes tiene hoy otro carácter por dos denuncias de estupro agravado y violencia familiar y doméstica que contra él han presentado dos mujeres. Ellas habrían sido víctimas del religioso siendo menores de edad.
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Estas denuncias están siendo investigadas y tienen gran cobertura mediática debido a que se trata del marido de una ex Miss Bolivia; de lo contrario, probablemente no merecería más que una nota breve en algún rincón. En el país, cada día se denuncian 5 casos de estupro (las que habrá y no se conocen), como parte de los 127 casos diarios de diversas violencias (feminicidios, violaciones y violencia física) que se reciben en las oficinas policiales. Se conocen periódicamente las cifras, pero pocos casos son motivo de noticia, el del pastor evangélico es uno de los mediáticos.
Volvemos al principio, ¿cómo un hombre adulto seduce a una jovencita? Para ello, hay que observar cómo se socializan los hombres y mujeres. Por socialización entendemos la forma en que se aprenden los roles de cada quien, cómo hay que actuar y comportarse, lo que se debe hacer, lo que debe aspirar a ser y lo que hay que reconocer en otras personas.
En la socialización actual, en el patriarcado, los varones aprenden que ser hombre es: alguien con poder, con éxito, valiente, fuerte, frío, que provee y, especialmente, que no es mujer, ni parecido a ella (o sea que no es gay, trans o similares) y, además, debe demostrarlo constantemente. Su construcción personal es hacia afuera, es pública. Parte de esa demostración de hombría, incluso para ellos mismos, es tener éxito con las mujeres. Un pastor evangélico, como un cura, tiene gran parte de estas características, como el liderazgo, el carisma, el poder y fuerza que le da ser representante de una fe, además tiene a su disposición a las fieles devotas.
Tradicionalmente, las mujeres aprenden a tener como meta en la vida a un hombre proveedor y de quien hay que lograr su amor. Su construcción está enfocada a lo privado, al hogar, como “complemento” masculino, además de ser débil, miedosa y muy sensible. Hoy, incluso si la mujer tiene una actividad pública, las cuestiones privadas del cuidado siguen siendo su responsabilidad. El feminismo ha ido logrando importantes cambios en los roles de género; sin embargo, aún falta mucho para una relación igualitaria entre hombres y mujeres.
Se tiende a acusar a las mujeres de no resistirse a una violación. Se las descalifica si siendo menores accedieron voluntariamente y, en este caso, ¿por qué tendrían que denunciar luego de años transcurridos? Además, ¿qué podrían haber visto unas niñas en un hombre mayor para acceder a una relación?, pues podrían haber visto que es un hombre mayor y abusivo; pero, no lo tomaron en cuenta porque en su socialización pesó el hecho de que él es alguien con prestigio, con respeto, con poder, más si es un pastor religioso.
¿Cómo puede haber el mal en un pastor? ¿Y si además les dice que las ama? ¿Cómo no ser “la mujer de” ese hombre? Socialmente, es decir, en su entorno social, el prestigio de él puede ser transferido a ella y eso hace que, incluso, ella pueda sentir orgullo de haber compartido cama con él (como pasa con las groupies y los artistas). La diferencia de edad hace que haya un abuso porque él sabe lo que hace, sus acciones son premeditadas, mientras que una menor no tiene la madurez ni la experiencia necesaria para reconocer y reaccionar ante el abusivo. Por eso, eso hoy es delito.
En el caso del pastor acusado que se casó con una ex Miss Bolivia, él tomó notoriedad por la fama y actividad pública de ella; sin embargo, seguramente sus ventajas (poder, prestigio, liderazgo y otros en su ámbito de iglesia evangélica) de socialización aprendida pesaron, tanto para que se lleve a cabo el matrimonio como para que se produzcan las otras supuestas relaciones abusivas e ilegales por las que se le ha denunciado. Que se haga justicia.
(*) Drina Ergueta es periodista y antropóloga
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