La red del relevo a Sánchez: alcaldes, encuestas y reuniones
Dentro del PSOE hay una operación en marcha. Pedro Sánchez es muy consciente de que existe. Pero eso no impide que cada revés electoral haga más evidente que en el partido hay varias personas que buscan la caída del secretario general para construir algo nuevo. Y radicalmente distinto. Son los autodenominados «críticos». Y, según ha sabido este diario, están presionando a Adriana Lastra para que se sume. Ayer fue el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, quien volvió a darles voz: «no puede ser que se queme la infantería para salvar el cuartel general».
Esta corriente considera a Lastra una referencia del «sanchismo», aunque en su día marcara distancias tras su lucha con Santos Cerdán. Los críticos se organizan, se apoyan y sondean candidatos. Y Lastra es clave: un activo necesario. No por casualidad fue, junto a Cerdán y José Luis Ábalos, quien condujo el famoso Peugeot de Sánchez hasta Ferraz y la Moncloa. El viaje de sus vidas.
Si los críticos logran arrastrar a Lastra a un futuro sin Sánchez, podrían enviar un mensaje a los socialistas hoy atrapados en la lealtad al líder: no habrá purgas ni bandos cuando él ya no esté. Saben que Lastra «tiene motivos». Sánchez permitió que Cerdán ganara la partida frente a Ábalos y la asturiana. Aunque le ofreció un ministerio al dimitir, el daño ya estaba hecho. Aquel triunvirato del coche no resistió el estrés del poder. El primer damnificado fue Ábalos, en la remodelación de 2021.
Un año después llegó la renuncia de Adriana Lastra, entonces número dos del partido, que nunca terminó de fiarse de Ábalos. La relación era muy tensa. Ella veía en el valenciano a alguien indócil y con capacidad para arrasar. Ábalos, verso suelto, nunca encajó del todo en la disciplina orgánica.
Él mismo presume de esa condición. A sus 66 años, no ha ocultado nunca lo que piensa. Tampoco ahora, desde la prisión de Soto del Real, donde mantiene una actitud de resistencia. Ábalos veía en Lastra a una dirigente excesivamente orgánica, incapaz de salirse del recetario socialista.
En el periodo entre la salida de Ábalos y la caída de Lastra, Santos Cerdán asumió la secretaría de Organización y mantuvo con ella un pulso por el control del partido. La tensión creció hasta que todo saltó por los aires y Lastra quedó fuera. Cerdán se mantuvo en pie, fiel al presidente, y fue recompensado al frente del aparato. Lastra no lo olvidó, pese a las advertencias y quejas en Ferraz.
Los críticos dan por hecho que, cuando Sánchez salga de la Moncloa en 2027, el PSOE se abrirá en canal. Creen que el presidente intentará retener la secretaría general incluso fuera del Gobierno, pero ahí se librará otra batalla. También anticipan posibles «traiciones» dentro del Consejo de Ministros. De momento, golpe tras golpe, buscan que el partido reaccione. Aunque sea tarde. Pero que lo haga.