Stevia en Bolivia: crecimiento acelerado y valor agregado
En 2023, Bolivia tenía 200 hectáreas de stevia cultivadas. A principios de 2025, tenía 1.500. La proyección de la Cámara Boliviana de la Stevia (Castebol) es llegar a las 3.000 hectáreas antes de que termine 2026. Son números que, en cualquier cultivo, representarían un crecimiento notable. En el contexto de la stevia boliviana —un sector construido desde cero, sin apoyo estatal y a base de pequeños productores con parcelas de menos de media hectárea— son casi inverosímiles.
Mientras tanto, el mundo lleva años buscando exactamente lo que la stevia ofrece. El mercado global del edulcorante natural alcanzó en 2024 un valor de entre $us 450 y $us 630 millones, según distintas fuentes del sector. Crece a tasas anuales de entre el 8% y el 10%. El motor es doble: por un lado, la epidemia mundial de diabetes y obesidad. Hay más de 500 millones de diabéticos en el planeta, según la OMS, con proyección de duplicarse para 2050. Esto empuja a consumidores e industrias a alejarse del azúcar. Por el otro, una tendencia global hacia ingredientes naturales y etiquetado limpio. Así, los edulcorantes artificiales, como el aspartamo o la sacarina, pierdan terreno frente a alternativas de origen vegetal.
Un modelo para pequeños productores
Según Rafael Pando, ingeniero agrónomo, presidente de Castebol e impulsor del sector en el país, el 75% del territorio nacional es apto para el cultivo. La planta prospera desde el trópico y las llanuras cruceñas hasta los valles y los yungas paceños, hasta los 2.800 metros de altitud.
Castebol hoy agrupa a más de 5.000 productores. Su modelo de operación resuelve los tres problemas que históricamente impiden el despegue de cultivos no tradicionales entre pequeños agricultores. «El productor afiliado a Castebol tiene todo asegurado: plantines de alta calidad genética, asesoramiento y mercado seguro», resume Pando. La cámara produce y distribuye los plantines, acompaña a los productores durante todo el ciclo y les compra la cosecha bajo contrato.
Servicio y asesoramiento
«El que quiere ingresar al proyecto Castebol simplemente adquiere los plantines, siembra bajo el asesoramiento nuestro permanente y bajo contrato se le garantiza la compra de las cosechas», puntualiza Pando.
El perfil del productor boliviano de stevia es el de un agricultor con una parcela de entre 1.000 y 2.000 metros cuadrados. Cosecha cuatro veces al año con un rendimiento promedio de 1.500 kilos de hoja seca por hectárea. La stevia no requiere grandes extensiones ni maquinaria pesada; sí requiere cuidado, mano de obra y acompañamiento técnico. Por eso el modelo de Castebol, que provee ese acompañamiento de manera sistemática, ha resultado ser la llave del crecimiento. Detrás de las 1.500 hectáreas actuales no hay grandes haciendas: hay miles de familias con parcelas pequeñas, integradas a una cadena que les garantiza ingresos durante todo el año.
Historia del cultivo
La historia del sector en Bolivia es, en buena medida, la historia de una persona. Rafael Pando contó cómo, en 2003, perdió todo en el Beni: había sembrado arroz y una lluvia de 35 días destruyó la cosecha cuando estaba lista para recoger. Perdió la casa, los tractores, las camionetas, las propiedades. Le quedaron 200 dólares. Con ese capital —después de investigar y de encontrar la planta casi por azar— compró 200 plantines de Stevia. Fue a un dólar cada uno en la estación experimental de El Vallecito, de la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno.
La multiplicación fue artesanal y sistemática. «De las 200 plantas logré obtener luego 1.000, de las 1.000 luego 5.000, luego 18.000, luego 30.000 plantas, por puro tallo», recuerda. En octubre de 2008, el diario El Deber publicó su historia en portada y la demanda comenzó a llegar. Hoy, Castebol produce 7 millones de plantines cada 15 días, todos comercializados en el territorio nacional. El crecimiento reciente es tan pronunciado que la cámara entrega entre medio millón y un millón de plantines al mes, y aun así la demanda sigue creciendo.
La apuesta diferenciadora: la stevia morena
Si el crecimiento en hectáreas es la noticia del presente, la stevia morena es la apuesta de futuro. Y es, posiblemente, la razón por la que Bolivia podría ocupar un lugar singular en el mercado global.
La stevia que domina el mercado mundial es ese polvo blanco que aparece en sobres junto al café. Es el resultado de un proceso industrial que aísla mediante solventes químicos únicamente el glucósido endulzante. Se descarta el resto de los compuestos de la hoja: los flavonoides, los minerales, los antioxidantes, los principios antiinflamatorios y antibacterianos. Es un edulcorante eficiente, pero es una versión empobrecida de la planta.
Castebol produce, en cambio, un extracto obtenido exclusivamente con agua purificada como solvente, sin ningún proceso químico de refinamiento. El resultado es un líquido de color oscuro, de ahí el nombre stevia morena, que conserva intactos todos los compuestos de la hoja.
«La stevia morena es pura. Aparte de los glucósidos que endulzan, tiene propiedades altamente medicinales: para la gastritis, bajar los triglicéridos, el colesterol, la presión alta. La stevia morena extrae todo el contenido de las hojas», afirma. Agrega que “hemos logrado lo que ningún otro país”.
Pando trabaja en la instalación de la primera planta extractora de stevia morena de Bolivia, con inversión de capital propio de los socios, proyectada para antes de que termine el año. Si ese paso se da, Bolivia entraría al mercado global no como un productor más de materia prima —compitiendo en precio con China, que cultiva más de 20.000 hectáreas y domina el 90% de la oferta mundial—, sino como el origen de un producto diferenciado, artesanal y con valor agregado que ningún otro país está ofreciendo.
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