Por qué las Fuerzas Armadas españolas despiertan cada vez menos interés: un 11 % menos de militares que hace 15 años
Durante décadas, vestir el uniforme fue para muchos jóvenes una opción profesional asociada a estabilidad, servicio público y oportunidades de promoción interna. Sin embargo, ese atractivo parece haberse debilitado con el paso del tiempo. Las cifras actuales dibujan un escenario que invita a la reflexión sobre el presente y el futuro del modelo militar español.
El déficit de militares que se arrastra desde 2010
La Ley de la Carrera Militar de 2007 establece que el número de militares profesionales en activo debería situarse entre 130.000 y 140.000 efectivos. Ese umbral solo se rozó en 2010, cuando se alcanzaron algo más de 130.000 uniformados. A 1 de enero de 2025, según la última memoria del Observatorio de la Vida Militar, el total se sitúa en 116.739 efectivos.
Esto supone 13.300 militares menos que hace 15 años, una reducción cercana al 11 %. El propio organismo califica esta carencia de “crónica”, al constatar una tendencia claramente descendente desde 2010, con ligeros repuntes puntuales que no alteran el balance global. El déficit actual oscila entre 13.000 y 23.000 efectivos respecto al mínimo y máximo legal previstos.
La pérdida de interés también se refleja en los procesos de acceso. Aunque en 2024 se incrementó la oferta de plazas, más de 8.000 para tropa y marinería, el aumento de solicitudes no fue proporcional. La ratio de aspirantes por plaza ha caído de forma significativa respecto a años anteriores. En 2013 llegó a haber casi 28 aspirantes por cada vacante; hoy la proporción ronda poco más de cuatro.
La tendencia es similar en el acceso a las escalas de oficiales. Las solicitudes descendieron en torno a un 8,5 % respecto al año previo y la competencia por plaza se ha reducido de manera notable desde 2021. El Observatorio de la Vida Militar alerta de que este “escaso interés” debería analizarse con urgencia.
¿Por qué se ha perdido interés en la vida militar?
Según advierte Europa Press, entre las causas señaladas destaca la cuestión salarial. El informe subraya que las retribuciones de los militares son inferiores a las de otros empleados públicos, especialmente en comparación con miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Además, en los últimos años no siempre han experimentado subidas equiparables al IPC, lo que ha supuesto una pérdida de poder adquisitivo.
La movilidad obligatoria añade otro elemento disuasorio. Los cambios de destino pueden implicar mudanzas frecuentes y, en ocasiones, un encarecimiento del coste de vida que no siempre queda compensado. En algunos casos, el ascenso conlleva incrementos salariales modestos frente a mayores responsabilidades y posibles traslados, lo que desincentiva la promoción interna.
Según datos del Ministerio de Defensa (estadísticas oficiales de personal), la estructura actual mantiene que aproximadamente un tercio de los efectivos son cuadros de mando y dos tercios pertenecen a tropa y marinería. Sin embargo, la estabilidad de esta pirámide depende de una base amplia de nuevos ingresos que hoy no está garantizada.
En paralelo, las Fuerzas Armadas han avanzado en medidas de conciliación y en la incorporación de la mujer. En 2024, el porcentaje femenino alcanzó el 13,1 %, por encima de la media de la OTAN, situada en torno al 12,7 % según datos de la propia Alianza Atlántica. No obstante, el informe también recoge un aumento de las denuncias por acoso sexual o por razón de sexo, el dato más alto desde 2016. Aunque ninguna ha derivado aún en condena firme, la cuestión impacta en la percepción pública y en la confianza interna.
España, como miembro de la OTAN y de la Unión Europea, participa en misiones internacionales y mantiene compromisos de defensa colectiva. Expertos del Real Instituto Elcano han advertido en distintos análisis sobre la necesidad de equilibrar inversión en capacidades materiales y capital humano para garantizar la operatividad futura.
El Ministerio de Defensa prepara un plan para incrementar efectivos y mejorar condiciones, consciente de que la mera ampliación de plazas no basta si no se acompaña de incentivos adecuados. La cuestión no es solo cuántos militares necesita España, sino cómo hacer que la carrera militar vuelva a percibirse como una opción atractiva y sostenible a largo plazo.
La caída del 11 % en quince años no responde a una única causa, sino a la suma de factores económicos, sociales y profesionales. Revertir la tendencia exigirá reformas profundas y una apuesta decidida por dignificar las condiciones de quienes eligen servir bajo bandera.