Murió el ganadero Julián de los Reyes, guardián de la estirpe de Cortijoliva
El campo bravo lamenta una ausencia que pesa en las dehesas de Toledo y Extremadura. El fallecimiento de Julián de los Reyes este fin de semana deja huérfano un proyecto vital que se cimentó sobre la discreción, el esfuerzo y un conocimiento profundo del comportamiento animal. De los Reyes no solo fue un criador de reses, sino un defensor acérrimo de un ecosistema y una tradición que entendía como una responsabilidad ética frente a la historia taurina de su provincia.
Su trayectoria profesional estuvo vinculada a dos pilares ganaderos de gran relevancia: el hierro que llevaba su propio nombre, adscrito a la Asociación de Ganaderías de Lidia, y la emblemática divisa de Cortijoliva, perteneciente a la Real Unión de Criadores de Toros de Lidia. Bajo su dirección, ambas explotaciones se convirtieron en referentes de seriedad y rigor selectivo, logrando consolidar un tipo de toro con personalidad propia que pastaba entre los parajes de Cañamero, en Cáceres, y Los Navalmorales, en el corazón de la provincia toledana.
La labor de Julián de los Reyes trascendió lo puramente empresarial para convertirse en un compromiso con la tierra. En las fincas Las Olivillas y El Nebrillo, su figura representaba esa vieja escuela de ganaderos que entienden el campo como un refugio de valores, donde la paciencia es la única herramienta válida para la mejora de las sangres. Su capacidad para interpretar las necesidades del toro bravo le valió el respeto unánime de sus compañeros de gremio, quienes hoy lamentan la pérdida de un hombre que hizo de la profesionalidad su bandera.
Afortunadamente, el trabajo iniciado por el patriarca no queda en el aire. La estructura familiar, encabezada ahora por sus hijos Luis Alfonso, David y Julián, asegura la supervivencia de un patrimonio genético que ha sido cuidado con celo durante décadas. Esta continuidad generacional es, quizás, el mayor triunfo de un hombre que supo transmitir a sus descendientes no solo la propiedad de los hierros, sino la pasión y el respeto sagrado por el rito de la cría, garantizando que el apellido De los Reyes siga ligado al futuro de la fiesta.
Las muestras de condolencia que se han sucedido desde diversos sectores de la tauromaquia y el mundo rural coinciden en señalar la integridad de su carácter. Julián de los Reyes pertenecía a esa estirpe de ganaderos que prefieren que su trabajo hable por ellos en la arena, lejos de los focos y los grandes titulares, priorizando siempre la salud y la bravura de sus animales por encima de cualquier otra consideración. Su fallecimiento ha causado un hondo pesar en una comunidad que reconoce en él a una pieza notable del engranaje taurino contemporáneo.