Cómo sobrevivir al ataque de un dron
El aumento de los conflictos armados y el uso cada vez más frecuente de drones en operaciones militares ha llevado a los expertos a analizar cómo podría protegerse la población civil ante un ataque de este tipo. Los drones explosivos, como los utilizados en conflictos recientes, pueden transportar cargas capaces de causar graves daños en edificios e infraestructuras.
Ante este escenario, especialistas en seguridad y organismos internacionales han señalado una serie de recomendaciones básicas para reducir los riesgos en caso de un ataque con drones.
Buscar refugio bajo tierra o en el interior de un edificio
Cada uno de los drones Shahed utilizados por Irán puede transportar una carga explosiva de unos 90 kilos, suficiente para derrumbar un edificio si impacta directamente. Por ese motivo, el mejor lugar para refugiarse durante un ataque aéreo es un espacio subterráneo.
Si existe la posibilidad, acceder a refugios bajo tierra ofrece la mayor protección frente a explosiones. Sin embargo, cuando esto no es posible, la recomendación principal es entrar en el edificio más cercano lo antes posible.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) aconseja que, si no se puede encontrar un refugio subterráneo, las personas se sitúen en la parte más baja del edificio. También es importante mantenerse alejados de posibles objetivos estratégicos, como instalaciones militares o infraestructuras críticas.
Según expertos en seguridad, los ataques con drones suelen dirigirse contra infraestructuras clave, entre ellas instalaciones eléctricas, plantas de desalinización, bases militares o centros de mando.
Alejarse de ventanas, puertas y pasillos
Una vez dentro de un edificio, la ubicación elegida puede marcar una gran diferencia en términos de seguridad. Los especialistas recomiendan mantenerse lo más lejos posible de ventanas, ya que el vidrio puede romperse incluso si la explosión se produce a cierta distancia, provocando lesiones graves.
También se aconseja evitar apoyarse en las paredes, porque estas pueden transmitir la onda de choque o vibraciones del terreno provocadas por una explosión cercana.
Aunque pueda parecer una buena opción, esconderse en un pasillo sin ventanas no siempre es lo más seguro. Investigaciones de la Universidad de Nicosia, en Chipre, han mostrado que tanto ventanas como pasillos pueden canalizar vientos de alta velocidad generados por la explosión.
Estos estudios, realizados mediante modelos de explosiones nucleares, indican que las ondas de choque pueden intensificarse al atravesar aberturas como ventanas, generando corrientes capaces de levantar y lanzar a las personas.
Por este motivo, los lugares interiores más peligrosos suelen ser los situados cerca de ventanas, puertas y pasillos. Si no hay tiempo suficiente para buscar otra zona, situarse en la esquina de un pasillo puede ser más seguro que permanecer en el centro.
En general, los expertos señalan que la mejor opción es refugiarse en la esquina de una habitación, lejos de cualquier abertura como ventanas o puertas, donde la velocidad del aire puede ser mayor durante una explosión.
La OMS también sugiere identificar previamente el espacio más seguro dentro del hogar, que debería tener paredes gruesas de hormigón y el menor número posible de ventanas. En muchos casos, los baños pueden ser un buen lugar para refugiarse por este mismo motivo.
Además, si existe la posibilidad de permanecer refugiado durante un periodo prolongado, se recomienda asegurar el suministro de agua llenando la bañera o el lavabo.
Para aumentar la protección, también se pueden utilizar colchones, mesas o incluso pilas de libros para reforzar el refugio improvisado.
En el momento de la explosión, se aconseja cubrir la piel con materiales no inflamables, como una manta ignífuga o un edredón resistente al fuego. Si no se dispone de ellos, incluso un abrigo, una chaqueta o un periódico pueden ayudar a proteger la piel frente a quemaduras.
Por último, los expertos recomiendan mantener los ojos cerrados para evitar daños en la vista y dejar la boca ligeramente abierta, con el objetivo de reducir los efectos de la presión generada por la explosión.