Los embarazos trans, una realidad «aún incómoda» que lleva al cine «9 lunas»
«Mis ovarios, que yo sepa, también son los tuyos. Tampoco he elegido tenerlos». Esa frase, que tiene lugar en un monólogo interno entre el pasado y el presente del protagonista de «9 lunas», condensa la esencia del nuevo largometraje de Patricia Ortega, cuya presentación tuvo lugar ayer en el Festival de Málaga. Aunque forma parte de la sección oficial fuera de concurso, es una de las películas que más ha dado de que hablar, quizá por tratar un tema poco cultivado en el cine español, el de la realidad de los hombres embarazados.
La película, que se estrena en julio, cuenta la historia de Ángel, un atractivo entrenador con una vida feliz hasta que una visita al hospital le trastoca su estabilidad: está embarazado. A partir de ahí, la directora venezolana construye una comedia «feel good» que se adentra en un terreno, como adelantábamos, aún poco transitado, el de un hombre trans obligado a revisar su identidad, sus deseos y su idea de la masculinidad.
Protagonizada por el actor trans Zack Gómez-Rolls en su debut en el cine, le acompaña un elenco de actores de la talla de María León, Jorge Sanz, Sara Sálamo, Fernando Guallar y Kiti Mánver. En una entrevista con LA RAZÓN, Ortega recuerda una conversación allá por el año 2.000 en Venezuela, un país que entonces describe como «muy cerrado». Allí coincidió con una mujer trans y con su novio, un hombre trans que pasó por una experiencia similar a la que vive Ángel –el protagonista interpretado por Zack– en la película. «No sé qué habrá sido de aquello», confiesa, pero ese fue el germen de este filme que, no obstante, «quiere hablar desde el cuerpo y no centrarse en el hombre trans que se queda embarazado», matiza.
«El cuerpo es un territorio de preguntas y transformación constante», añade Ortega, para explicar que los estereotipos de género se proyectan sobre los cuerpos, algo que «afecta tanto a personas trans como cis». Ella misma asegura que durante su vida ha estado «en guerra con los roles que me han querido definir». «Nuestra genitalidad no nos define», insiste.
En este contexto de caos vital, Ángel debe suspender la testosterona y enfrentarse de nuevo a cambios que creía haber dejado atrás. Lo hará a través de conversaciones consigo mismo y con su entorno. Al respecto, Gómez-Rolls explica que uno de los ejes del personaje es «ese miedo a perder lo que ha construido». Su gran preocupación es «si se le va a notar abandonar la testosterona» porque Ángel «está muy apegado a su físico» y siente que su identidad masculina «se ha forjado sobre esa imagen hipermasculinizada que le ha permitido encajar».
A lo largo de la película, el protagonista se ve obligado a explicar quién es y qué le ocurre una y otra vez. Se genera una sensación constante de exposición, como si cada paso que da implicase volver a salir del armario, uno de los puntos clave del filme. Al mismo tiempo, la película plantea otra discusión: qué significa ser hombre cuando el propio cuerpo pone en cuestión lo que hasta una persona trans asume como «lo habitual» en cuanto a identidad de género. En este sentido, la película transita «mediante la ternura, la luz, el respeto y el amor» entre las nuevas masculinidades a través de otros personajes como el padre de Ángel, la familia, los amigos de siempre, los del trabajo e incluso en entornos como el sanitario.
El embarazo genera desconcierto, bromas incómodas y conversaciones difíciles, pero también una red de apoyo que se va construyendo poco a poco. El propio personaje provoca «un efecto de cambio en los demás al cuestionarse a sí mismo», destaca Gómez-Rolls. «¿Es un problema lo que plantea la película?», pregunta la directora, que sabe que «para muchos será un tema incómodo», aunque tiene claro que para ella «no lo es». Su propósito, asegura, es mostrar «esta realidad desde lo cotidiano» porque, concluye, es «algo que pasa todos los días». Por su parte, el actor añade que «hay una falta de imaginario con respecto a lo transmasculino», por lo que «crear esta imagen y rodearla de amor y luz es lo que hacía falta».
Una película de «humor serio» sin caricaturas
La directora insiste en que se trata de «una película de humor serio» que no quiere convertir este tema «en una caricatura o una tragedia» porque, como señala, «no es ni debe ser ninguna de las dos cosas». También tiene la voluntad de «ampliar el imaginario queer» en pantalla, «demasiado asociado al sufrimiento», lamenta. «Casi siempre se habla desde el dolor, la víctima o el drama», apunta, para explicar a continuación que lo que quería plantear «era una película familiar feel good queer donde no haya un problema que no se resuelva».