A lo mejor Sánchez convoca elecciones mañana
Es difícil saber si se trata de una ventaja política o no, pero Pedro Sánchez siempre tiene la cara de que está a punto de convocar elecciones. Sucedía ya con el Sánchez sin canas y sigue pasando con el Sánchez del rostro como cincelado por el ozempic. Por ese rasgo, andan los asesores y gurús que habitan el resto de partidos correteando por los pasillos de sus respectivas sedes preguntándose cuándo pulsará el botón de la convocatoria. Siempre parece que será mañana, aunque el mañana no termina de llegar. Pobres.
Pero no hay que culparles. Su intuición es pura inercia.
Desde que Sánchez desalojó de la Moncloa a Mariano Rajoy, a mediados de 2018, siempre ha convocado las elecciones cuando mejor le ha venido a él, cuando él y los suyos han calculado que el PSOE podía salir mejor parado de la convocatoria.
Sucedió con las elecciones de 2019, en las que el presidente aprovechó su falta de presupuestos generales para culpar a los demás del bloqueo y llevar a los españoles a que desbloquearan el asunto, urna mediante. Entonces, el oficialismo defendió que no tener presupuestos era motivo suficiente para llamar a votar; ahora se sabe que ese factor pondera muy poco en su cabeza. Y volvió a suceder en 2023, cuando adelantó los comicios unos meses para que la campaña electoral coincidiera con los pactos autonómicos y municipales de PP y Vox, para que se viera a Alberto Núñez Feijóo defender la convivencia a la vez que se quitaban banderas arcoíris de ayuntamientos. Funcionó: muchos salieron a votar tapándose la nariz con una mano, y sujetando la papeleta del PSOE con la otra.
A esos antecedentes hay que sumar, ahora, una legislatura a medio gas en la que no hay manera de aprobar prácticamente nada en el Congreso. Ni siquiera medidas sociales, que son una especie de obligación moral para un Gobierno progresista en un momento como este, en el que un misil iraní te sube la factura de la luz como si te hubiera apuntado a ti. Cómo no van a estar los partidos con un pie puesto ya en el estribo.
La última tesis que está cobrando peso en los pasillos del poder es que Sánchez podría tener la intención de hacer coincidir las elecciones generales con las de Andalucía, que Juanma Moreno ya ha anunciado que serán en junio. El primero en hacer esa observación en público fue Emiliano García-Page, a finales del mes pasado, y desde entonces ese escenario ha ido ganando enteros en los despachos.
Los alicientes son muchos. El más evidente es el de la participación. Las andaluzas y las generales comparten una larga costumbre de celebrarse el mismo día porque, así, se aumenta la participación en la comunidad (unos 20 puntos de promedio). Esto ha beneficiado tradicionalmente al PSOE, ya que era su bastión. Y aunque el color de la comunidad ha cambiado, Andalucía sigue siendo el territorio que más escaños aporta al Congreso y Pedro Sánchez está ansioso por buscar fórmulas para movilizar a los suyos. Las elecciones de Extremadura y Aragón han demostrado que no ha perdido votantes a favor de otros partidos, sino que los socialistas simplemente se están quedando en casa.
También influye que el contexto internacional le ha brindado a Sánchez una oportunidad para movilizar a la izquierda en torno al "no a la guerra". Estas cosas siguen moviendo, ya se vio con La Vuelta ciclista y Palestina, y el presidente del Gobierno lleva años reivindicándose como el "faro" (él mismo ha usado esa palabra) de la izquierda internacional contra las derivas autoritarias de Donald Trump, Elon Musk y compañía. Claro que también se ha puesto la capa de superhéroe porque es el único capaz de parar las sucursales del trumpismo en España, Vox, mientras que Feijóo no deja de cederle espacios.
De hecho, ahí hay otro motivo: la convocatoria electoral de generales y andaluzas de manera conjunta permitirá ver cómo el PP y Vox se siguen peleando en Extremadura, Aragón y Castilla y León y cómo los populares tienen que ceder ante un Santiago Abascal que está poniendo un precio muy alto, un revulsivo para los socialistas mucho más grande que acudir a las urnas tras una mayoría absoluta de Juanma Moreno y la muerte política de María Jesús Montero. Otro motivo: la imposibilidad de sacar presupuestos generales en Cataluña puede acabar desgastando a Salvador Illa, uno de los pocos perfiles con tirón en el PSOE (además, Cataluña es su principal dispensador de escaños al Congreso), y mejor actuar antes. Otro: al presidente se le viene encima un complicado panorama judicial que sería preferible separar de las urnas. Y así se puede seguir un buen rato, por lo menos hasta que las convoque.
La margarita se deshojará pronto, en abril, porque es cuando Moreno tiene que convocar para que se celebren en junio, y Sánchez también si quiere que coincidan. Ahí, los andaluces sabrán si van a votar con una papeleta o con dos, aunque el problema para muchos es que no podrán votar las dos veces a Moreno.