Irán y África: Las claves de una relación estratégica en tiempos de guerra
No cabe duda de que la actual guerra de Irán tiene un alcance global. Aunque los bombardeos y los chantajes ocurran lejos de la geografía africana, su onda expansiva se hace notar en el continente más rico del planeta: en la energía, los fertilizantes, las rutas marítimas y las redes de influencia política que conectan el Golfo con el mar Rojo, el mar Rojo con el Sahel, el Sahel con África subsahariana.
A medida que el estrecho de Ormuz se convierte en un cuello de botella para el codiciado petróleo y un tercio de los fertilizantes mundiales, los africanos reviven una pesadilla cíclica. El encarecimiento de los combustibles y la logística. Las tensiones agrícolas. Y la reorganización, a ratos caótica, de las rutas comerciales internacionales.
Los principales aliados de Irán en el continente
Cabe preguntarse si Irán mantiene acaso alguna relevancia en África, porque su presencia obliga a distinguir entre los países que sufren el shock económico del conflicto y aquellos que, además, sostienen una relación con Teherán. En este contexto, el caso más claro es Sudán. Jartum y Teherán restablecieron relaciones diplomáticas en octubre de 2023 (tras siete años de ruptura) y, desde entonces, su cercanía tiene una cara visible. Múltiples reportes informan al menos desde 2024 que drones iraníes de tipo Mohajer y Ababil ayudan al ejército sudanés en su lucha contra las Fuerzas de Apoyo Rápido, las cuales son a su vez ayudadas por Emiratos Árabes Unidos.
En el caso de Sudáfrica, la relación con Irán no pasa tanto por la cooperación militar como por una sintonía cada vez más visible en lo político y lo económico. Por ejemplo, Pretoria se ha convertido en un socio clave para Teherán dentro de su estrategia de apertura hacia potencias no occidentales, y esa cercanía se vio reflejada en el respaldo sudafricano a la entrada de Irán en los BRICS. En lo económico, en 2023, Irán anunció la firma de un acuerdo para desarrollar y equipar cinco refinerías en territorio sudafricano, y ambos gobiernos firmaron además un documento de cooperación económica. Sudáfrica abre a Irán una puerta africana, Teherán concede alternativas a la hegemonía de Occidente que cada vez gusta menos en África.
También merece destacar Argelia y Zimbabue. Argel y Teherán han estrechado vínculos en energía, comercio y coordinación política sobre Gaza. Zimbabue, por su parte, encaja en la lógica de afinidad entre gobiernos sancionados o enfrentados a Occidente. En 2023 firmó con Irán doce memorandos de entendimiento en energía, agricultura, farmacéuticos y telecomunicaciones, entre otros.
Petróleo y fertilizantes
Puede comprobarse que el peso de Irán en África, sobre todo si se compara con Francia o China, incluso con Turquía, es reducido. Para la mayoría de África, el elemento decisivo de la guerra de Irán no son las relaciones diplomáticas, sino que trata de algo puede tocarse. Y el cierre efectivo del estrecho de Ormuz ha desordenado la movilidad del crudo y ha encarecido el transporte marítimo, tal y como se preveía.
Ese shock amenaza con golpear con especial fuerza, como es lógico, a los países africanos importadores de combustibles y fertilizantes. Etiopía es una nación que puede verse afectada, al no tener medios de producción propios en su territorio y depender del producto árabe. Aunque el mercado informal de combustible (muy extendido en la sociedad etíope) puede mitigar momentáneamente el impacto, se proyectan fuertes subidas de precios si la crisis se prolonga, en un país ya maltratado por otra serie de cuestiones internas.
Seychelles y Mauricio también han aguantado un embiste que se imagina duro (por su dependencia al combustible que cruza Ormuz), pero sus políticas de fijación de precios mantienen los números estables, por ahora.
El fertilizante es el otro gran canal de contagio. Un tercio aproximado de los fertilizantes que se utilizan en el planeta se han visto afectados por la situación en Ormuz, con especial impacto en el hemisferio norte, que justo ahora arranca la primavera. Para África, donde varios países importan directamente fertilizantes nitrogenados o insumos del Golfo, esto también se traduce en costes más altos para el campo, y los retrasos originan retrasos en los alimentos en una región donde los alimentos no siempre sobran.
Evidentemente, es difícil encontrar declaraciones que adviertan del peligro que puede suponer esto, sobre todo cuando el foco de atención está puesto tan lejos. Sin embargo, el Programa Mundial de Alimentos advirtió el pasado domingo que "el aumento repentino de los precios de los alimentos y los combustibles, impulsado por la escalada del conflicto en Oriente Medio, podría tener un efecto dominó que agravará el hambre de las poblaciones vulnerables de la región y otras partes". Voces tímidas en la niebla de la incertidumbre económica.
Oportunidades
Quien piense que en la guerra no hay negocio, ese no ha mirado bien. Es cierto que las crisis de un lado abren ventanas en otro lado y la crisis del crudo puede beneficiar (si se gestionase debidamente) a los grandes exportadores africanos de hidrocarburos. Sería una apuesta a largo plazo, pero países como España, Francia e Italia ya deben entre un cuarto y un tercio de su crudo a los proveedores africanos.
Libia, Argelia y Nigeria serían los ganadores en este escenario. Pero hete aquí que Nigeria ha sido incapaz de refinar el crudo de manera sostenida, y fue su propio Ministerio de Finanzas quien lamentó que la subida de precios del combustible les golpeará igual que al resto, inclusive a la industria de extracción. Es el Jörmungandr nigeriano, que nunca termina de despegar.
En Argelia, el perfil es más estable. Es un exportador energético clave para muchos países europeos, y el proyecto presupuestario argelino para 2026 se construyó sobre un precio de referencia de 60 dólares por barril, muy por debajo de las cotizaciones registradas desde el estallido de la guerra. Si los ingresos por el petróleo exceden las previsiones, esto podría beneficiar a la economía argelina.
Las operaciones de Emiratos en África
Buscando ángulos, destaca el de los emiratíes y sus operaciones en África. Operaciones que dependen de un aparato logístico que se ha visto gravemente mermado por el cierre de espacios aéreos y la inestabilidad de las rutas marítimas. El 12 de marzo se informó de que el puerto de Jebel Ali estaba acusando una caída del tráfico entrante, y todo esto considerando que es el hub principal de DP World, el gigante portuario emiratí… que mantiene operaciones de envergadura en Somalia, Argelia, Egipto, Mozambique, etc. Un gravamen en la circulación de DP World tiene el potencial de afectar a operaciones milmillonarias, si se suman otros intereses emiratíes.
En el norte de Somalia, en Berbera, rumores acompañados de informes de Naciones Unidas señalan que el puerto sirve de zona de paso para los mercenarios y las armas emiratíes con destino a cualquier parte del continente en general, y con destino a Sudán en particular. Aquí, en Sudán, la amenaza de un conflicto a mayor escala en Oriente obliga a los emiratíes a reservar su arsenal para sí mismos y reducir, previsiblemente, los envíos que se han hecho desde 2023 a las Fuerzas de Apoyo Rápido sudanesas.
Múltiples cuentas en redes sociales aseguraban (con más ánimo que precisión) que los últimos combates entre las FAR y el ejército sudanés se deben a la situación generada por una supuesta reducción de envíos emiratíes. Que el ejército debe aprovechar el momento para golpear. Aunque no se tiene confirmación de que esto sea así, florece el discurso que lo confirma, acompañado de lo que se prevé que ocurrirá si la guerra en Irán prosigue. Habrá que prestar atención a la guerra en Sudán en las próximas semanas.
La guerra de Irán no se libra en África, y ni siquiera puede hablarse hoy de un impacto irreparable en el continente, sino que nos encontramos en un limbo inquietante donde, como de milagro, se mantienen los precios con vistas al colapso. Detrás de cada escenario asoma una amenaza.