Un viaje en el tiempo en el pueblo medieval mejor conservado de Europa
La Edad Media es una de las épocas más fascinantes y puede que «la culpa» la tenga el cine y la literatura (desde los cuentos infantiles hasta la novela fantástica) y es que a escenografía no le gana ninguna otra época histórica. Murallas, torres, puertas con fosos, plazas donde todo pasaba a la vista y calles que hoy son un libro abierto que cuenta cientos de historias. Cuando un lugar conserva esa arquitectura sin maquillar, no hace falta mucho esfuerzo para dejar volar la imaginación y trasladarnos a tiempos lejanos.
Y esto es lo que ocurre cuando pones un pie en Pedraza, una pequeña localidad de la provincia de Segovia que cuenta con todos los requisitos para trasladarte a la lejana Edad Media y disfrutar de una escapada llena de encanto.
Larga historia
Aunque se han encontrado restos mucho más antiguos, lo que se considera hoy Pedraza se consolidó en el siglo XII, siendo los siglos XVI y XVII su época de máximo esplendor gracias al comercio de lana merina. De aquella época nos llega su trazado y su castillo, uno de los grandes símbolos de la localidad.
Enclavado en la parte más alta de la ciudad, este imponente castillo ha sido residencia de reyes (moros y cristianos) y también escenario de leyendas, como la de los amantes Elvira y Roberto y algún que otro fantasma, como buen castillo que es. Hoy es posible visitar una parte importante de sus instalaciones.
Junto al castillo, además de encontrarse una de las grandes zonas de aparcamiento y algunos miradores, también parte una de las calles principales del pueblo, el camino marcado para adentrarse en su casco histórico.
Un recorrido fácil
La gran ventaja de Pedraza es que no hay necesidad de seguir un mapa y de pensar en el recorrido. Su tamaño y la belleza de cada uno de sus rincones anima a recorrerla con calma y con los ojos bien abiertos. La calle Mayor une el castillo con la plaza principal del pueblo, un espacio porticado que al primer rayo de sol se llena de terrazas y donde a cualquier hora huele a comida recién hecha.
En las cartas de sus restaurantes no faltan los grandes iconos de la gastronomía castellana como los judiones y el lechazo. Una parada casi obligatoria cuando se visita Pedraza.
Recorrido completo
Para bajar la comida y terminar el recorrido por Pedraza solo hay que seguir el trazado de la muralla hasta la Puerta de la Villa, que en su día fue la entrada principal a la localidad. Justo al lado está la Cárcel de la Villa, uno de esos museos pequeños que se ven en poco tiempo, pero se recuerdan por la gran información que ofrecen. Con salas que explican cómo se impartía justicia y cómo era la vida cotidiana cuando aquí mandaban otras normas, cuenta con una exposición muy didáctica.
Si te queda energía, aún puedes rematar con un paseo corto por los alrededores para ver el pueblo desde fuera y despedirte con la postal completa. Y es que el entorno de esta ciudad da para otro día completo.