Un barrio hecho canción: Sonámbulo celebra 20 años con un disco de santos, vecinos y recuerdos
Lujo de barrio tiene algo que no se puede fingir: suena vivido, a anécdotas, a experiencias. No es un concepto que se armó desde la teoría, sino una acumulación de recuerdos que terminaron encontrando forma en canciones. Este es el nuevo disco de la banda costarricense Sonámbulo, que llega en un punto donde el grupo no solo mira hacia atrás, a sus 20 años de historia, sino que también se fija en lo que viene, incluso en medio de etapas complejas.
Antes de que salgan a la luz pública, hace unos días tuvimos la oportunidad de escuchar las canciones de Lujo de barrio, y fue una experiencia enriquecedora. Cada acorde, cada retumbo, los arreglos, las letras y hasta los santos nos hicieron vibrar con ese ritmo psicotropical que nos conquistó hace dos décadas. El álbum se estrena este 3 de abril en el marco de la celebración de su vigésimo aniversario y tendrá una fiesta especial el 12 de abril en el concierto de presentación que dará la banda en el Transitarte, en el Parque Nacional, a las 4 p. m.
“Poco a poco se fue desarrollando el concepto, la idea de ese misticismo de barrio y de santería que tiene el disco. Cuando las piezas se fueron hilando, una a una apareció ese sentimiento de exponer a través de nuestra forma, el sentir de la cotidianidad del barrio, desde la perspectiva personal”, explicó el bajista Tito Fuentes en entrevista con La Nación.
El álbum no nació de un concepto rígido; todos los músicos aportaron. Las letras nacieron de Manuel Dávila y de David y Daniel Cuenca. Las memorias, por su parte, llegaron de pequeños rituales cotidianos que convierten al barrio en algo más que un espacio físico: en gallitos de comida al vecino, en mejengas por la tarde y en esa noción de comunidad que, como señaló el trompetista Mario Vega, generan convivencia y cultura.
En ese barrio también hay espacio para lo espiritual. Entre letras, sonidos de vientos y tambores resuenan santos, referencias yorubas y guiños caribeños que han dialogado con la identidad diversa de la banda desde su nacimiento; esta no es una apropiación forzada, sino una expresión natural de la variedad de nacionalidades que alimenta la banda y de las influencias de cada uno: Costa Rica, Cuba, Colombia y El Salvador se mezclan en Sonámbulo.
Toda esa amalgama, que alguna vez bautizaron como psicotropical, no es una fórmula; es el resultado de decisiones tomadas desde la emoción y eso se nota en la riqueza del nuevo disco. “Nunca forzamos. No es que decimos: ‘vamos a meterle cinco ritmos a esta canción’”, explicó Fuentes. La mezcla ocurre porque sí, porque así es la banda cuando se deja llevar: un disco donde conviven el rock, la cumbia, el dembow y una base afrocaribeña que sostiene todo.
Lujo de barrio llegó a tiempo, ocho años después de la última publicación de Sonámbulo, pero en un momento donde en lo musical y en lo personal el crecimiento es evidente. El grupo ya no es aquel proyecto impulsivo de los inicios; ahora es una estructura con familias que ha vivido glorias, pero también que ha superado golpes.
Sonámbulo, 20 años de historia y resiliencia
Mantener vigente a una banda en Costa Rica no es solo una hazaña artística, es un acto de resistencia y de resiliencia. La pandemia, las salidas de integrantes, la enfermedad del cantante Daniel Cuenca y la muerte del saxofonista Miguel Vega le han sumado a la vida de Sonámbulo duros obstáculos, que la verdad no cualquier grupo habría superado. Hubo puntos de quiebre y momentos en que el grupo casi dejó de existir.
Pero ante los repentinos cambios, originados por las situaciones adversas, las decisiones no se han tomado de manera precipitada. El tiempo es el que les ha dictado la pauta y han sanado las heridas a punta de música.
En ese contexto es que Lujo de barrio funcionó bien en el momento preciso. Volvieron sonidos, integrantes y energías. En la producción de estudio hay presencias físicas y etéreas que siguen siendo parte del ADN del grupo. Es una reunión emocional.
Recientemente, el lanzamiento del nuevo material recibió un duro golpe, debido a los señalamientos públicos sobre un supuesto comportamiento de grooming por parte de Rafael Vargas, miembro de la agrupación, y por los cuales sus compañeros decidieron separarlo del grupo. Esta es una prueba más que se suma a la historia, pero a la que le hicieron frente con valentía y responsabilidad.
“La banda siempre se ha plantado con temas sociales de importancia y ha tenido su discurso. Todos los compañeros, a la hora que conversamos sobre la situación, no podíamos dejarla pasar porque somos padres, somos tíos, esposos... Es algo muy fuerte porque era un compañero muy importante. Hay que asumir los errores y a él le tocará”, explicó Vega.
La decisión fue rápida y coherente con la postura que, aseguran, han sostenido históricamente. La situación, sin embargo, dejó una herida colateral que los lastimó mucho como grupo, sobre todo por la reacción en redes sociales con comentarios negativos y señalamientos en contra de la banda como un todo.
Pese a esto, el enfoque del grupo es claro: seguir, reorganizarse, sostener y garantizar que sus conciertos sigan siendo espacios seguros. La prueba inmediata fue en el festival Picnic, donde aseguran gozaron de un gran ambiente, dotado de mucha fiesta y música. Ahora toca el Transitarte, para el que tienen varias sorpresas.
En ese escenario estrenarán las nuevas canciones y repasarán las que han forjado su historia, pero además tendrán acompañantes especiales. Por ejemplo, estará Roberto Román, quien, además de haberse sumado al disco, regresa para el concierto como cantante.
Además estará la artista venezolana Wendy Lozada, el tecladista y acordeonista Édgar Brenes y la clarinetista Carolina Montero.
Al final, Sonámbulo es un ente que ha aprendido a sobrevivir a los cambios sin perder su identidad. Todos los músicos son parte de algo que los trasciende en lo personal y eso lo demuestran en Lujo de barrio, un disco que tiene memoria, cicatrices y una certeza de que la música, cuando es honesta, siempre encuentra la manera de seguir sonando.