Desirée Baudel, escritora: "En 'La Celestina' el interés siempre se va a la vieja"
Podríamos llamarla «Comedia de Calisto y Melibea», el título con el que fue publicado por primera vez en el ocaso del siglo XV. Sin embargo, el inmortalizado es «La Celestina», adoptando el nombre de una de las secundarias más importantes de la Literatura castellana.
La popularidad del libro en general, y de la alcahueta en particular, no han descendido con el transcurso de los siglos, gracias en muchos casos al profesorado de Literatura. Desirée Baudel, filóloga hispánica, es una de las que intenta mandar siempre que puede su lectura en clase. Su interés no podía quedar reflejado únicamente en un control tipo test, por lo que con «Mi nombre es Celestina», su última novela, ejecuta un relato de su infancia y juventud para representar sin arrugas a esta controvertida deidad y poder entender los años en los que fue forjando su pasión por el encuentro entre amores, en primera instancia, no correspondidos.
¿Cómo recuerda su primer acercamiento a la novela de Fernando de Rojas?
Como casi todo el mundo, la leí en mi etapa escolar. Me impactó lo oscuramente humano que era el personaje de Celestina. Además, coincido con los alumnos en la curiosidad que suscita su personaje frente al romance. Parece que el amor en la adolescencia tiene que interesar más, pero la atención se va a la «vieja».
¿Consigue darle una nueva vuelta al tomo cada vez que lo manda en clase?
Me sorprende la evolución de la problemática por parte de los adolescentes. No entienden la importancia del amor prohibido o de la virginidad. Estos valores tampoco eran los de mi generación, pero los entendíamos sin tanta necesidad de que nos los explicara un adulto. Ya no compartimos las mismas bases culturales.
¿Eso es un problema?
Estos relatos dan una noción de tradición. Si tú entiendes la razón por la que la relación de Calisto y Melibea es problemática y que ya no es así gracias a una evolución, eres parte del progreso. Si hay un salto tan grande, se está socialmente más perdido.
El prólogo de su libro lleva la firma de Emilio de Miguel, catedrático de la Universidad de Salamanca.
Cuando escribía, tenía cierto pudor en ficcionar la infancia de un personaje tan universal. Según fue creciendo la historia, sentí la necesidad de que lo leyera una figura del ámbito académico para confirmar que el conjunto se sostuviera. Fue, por tanto, una gran alegría saber que a Emilio de Miguel le había agradado y que aceptaba redactar el prólogo.
«Los adolescentes no entienden los valores de "La Celestina". Ya no compartimos mismas bases culturales»
Con el revisionismo actual, ¿es preferible ser riguroso o imaginativo en orden a potenciar figuras olvidadas que de otra forma no tendrían voz?
Tendría que ser un delicado y sabio equilibrio entre las dos. La ficción ha de tener alas, que el personaje cobre vida y que interpele porque se entronca con alguna problemática actual. De todos modos, el autor tiene que procurar que el marco esté muy bien labrado. Mis anteriores narraciones no eran históricas, por lo que he leído mucho antes de atreverme. Una cosa es darle voz a una niña, y otra muy distinta a una del siglo XV (risas).
¿Cómo definiría el proceso de documentación?
Para mi sorpresa, muy interesante y satisfactorio. Busqué lo qué se comía, las recetas, cómo se vestían, la brujería de la época… Lo disfruté mucho.
¿Cree que el público ha tratado correctamente a Celestina?
Fernando de Rojas siempre la concibió desde el acompañamiento a los verdaderos protagonistas, Calisto y Melibea. No obstante, creció sin que él pudiera hacer nada. Ya en vida la colocó en el título. El público la trató bien, pues todas las reinterpretaciones y obras teatrales el personaje que se come al resto es el de ella.
¿Celestina es una «estrella imperfecta»?
Y tanto. Es humanamente imperfecta y perfectamente humana. Ella rompe con el arquetipo del bien y el mal. ¿Es malvada o el mundo la ha hecho así? Obviamente no hace el bien, pero dentro de esa maldad ayuda a que chicas se puedan casar aunque no sean vírgenes, o las ampara en un proceso abortivo. Representa la dualidad que todos tenemos. No somos planos, y por ello es más profunda que un Calisto o una Melibea.
«Mi novela es una historia de mujeres en los márgenes de la sociedad, algo que sigue pasando»
¿Es una villana?
En la historia de la tragicomedia, sí. Sin embargo, su final lo desmiente, pues el villano siempre tiene las de ganar, mientras que ella ya lo tenía perdido desde antes de empezar.
¿»Mi nombre es Celestina» se incluiría dentro de una narrativa feminista?
Revisa la costumbre que antes se aprobaba sin cuestionamiento y que desde una óptica actual se consideraría patriarcal. Si se quiere entender eso como feminista, obviamente. Es una historia de mujeres que crecen en los márgenes de la sociedad, que son condenadas por el hecho de vivir sin un hombre y que se cuidan entre ellas. Desde una visión moderna, estas mujeres no se distancian tanto de lo que pasa en nuestra sociedad o en otras.