El modesto equipo que fulminó a Alonso en la clasificación de las 500 Millas
A escasos metros de ese funeral comenzaba una ruidosa fiesta con aire porteño en el garaje de Juncos Racing, uno de los equipos más modestos de la categoría. Al frente, Ricardo Juncos, el dueño argentino del equipo, abrazaba de forma efusiva a Kyle Kaiser, el piloto que arrebató a Alonso la última plaza en la carrera del próximo domingo por solo 13 milésimas. Tanto jolgorio no era para menos. David volvía a vencer a Goliat y enseñaba al mundo las vergüenzas de McLaren, un gigante automovilístico con la reputación cada vez más por los suelos.
La clasificación in extremis rubricó una semana de vértigo para Juncos Racing, que salió a los primeros entrenamientos libres con un coche inmaculado, completamente blanco y limpio de pegatinas. Unos días antes habían perdido a los dos patrocinadores que iban a sostener los gastos de la participación en las 500 Millas. Pese al revés, Juncos decidió seguir adelante.
Tras un comienzo esperanzador, con tiempos cercanos al «top 10», el proyecto sufrió un nuevo revés en los libres del viernes. En su primera vuelta lanzada, Kaiser perdía el tren trasero del coche en la curva 3 y se estampaba contra el muro. Parecía el final de la aventura. El equipo tuvo una reunión para evaluar daños, sopesó las opciones y llegó a la conclusión de que era posible salir a la clasificación. Rescataron un chasis viejo que utilizaron en marzo y empezaron a reconstruir un monoplaza casi desde cero, incluso pidiendo piezas a otras escuderías.
«Teníamos el coche en Indiana, desmontado», reveló el jefe de Juncos Racing. «Ni siquiera es un chasis para circuito ovalado. Lo habíamos utilizado en Austin. Sabíamos que no iba a ser igual de rápido, pero aún así queríamos comprobar si éramos capaces de conseguirlo. El equipo entero estuvo trabajando sin descanso toda la noche. Mi mujer iba trayendo pizzas y cafés a los chicos». Por fin, tras 42 horas de intenso trabajo, consiguieron sacar el monoplaza a la pista. El coche ya no era blanco, sino verde y naranja, los colores de uno de esos patrocinadores que los habían dejado tirados a última hora. Ni eso les dio tiempo a modificar.
El sueño americano
Esta es la tercera experiencia en las 500 Millas para Ricardo Juncos, un digno representante de lo que se viene en llamar el sueño americano. Criado en Buenos Aires, aterrizó en Miami en 2003 con 26 años y 400 dólares en el bolsillo. La crisis le obligó a cerrar el taller que regentaba en el barrio de Balvanera, en la capital argentina, y decidió buscarse la vida en otro país. Trabajó de carpintero y limpiando baños antes de empezar como mecánico en un karting. Acabó siendo mánager de un equipo antes de crear el suyo propio, una escudería que ya ha logrado éxitos en otras categorías y que bien podría permitirse dar alguna que otra lección a McLaren: «Nunca se puede subestimar a Indianápolis. Hay más de 100 años de historia acá. Esto es parte del juego, y por eso es tan especial».