La lucha de Taiwán por participar en la OMS, el cuento de nunca acabar
A día de hoy, el Gobierno taiwanés lamenta que, si hubiese formado parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en aquella época, las epidemias se habrían podido parar con mayor rapidez, no habrían sido tan letales. Se trata de una lucha que llevan enarbolando durante años y que les sirvió para participar como observadores en 2009; estatus que mantuvieron a lo largo de siete años. Sin embargo, en 2017, Taiwán –con la presidenta Tsai Ing Wen al frente desde 2016– no fue invitado a participar en la Asamblea, quedando así apartado hasta el día de hoy del máximo órgano de toma de decisiones de la OMS. ¿La razón? Desde la isla asiática no tienen dudas: la fuerte presión ejercida por China continental sobre la ONU.
Desde hace décadas, «la divergencia de proyectos políticos de ambos gobiernos [uno comunista y otro anticomunista] determina las complejas relaciones bilaterales de dos territorios inevitablemente unidos por una historia y un tronco cultural común», explica Xulio Ríos en su obra «Taiwán, el problema de China». El director del Observatorio de la Política China expone que –a pesar de los vínculos personales y, sobre todo, económicos y comerciales– «el anhelo de Beijing por consumar la unificación total de China y las resistencias de Taiwán a integrarse en dicho proyecto generan situaciones de particular tensión». Muestra de ello fue la expulsión de la isla de la ONU en 1971, cuando se reconoció al gobierno comunista como la autoridad legítima de una única China, y su dificultad para participar ahora, de alguna forma, en la OMS.
Remedio inmediato
No obstante, desde Taiwán insisten en que, a pesar de que hasta el momento sus esfuerzos estén resultando «infructuosos», seguirán intentando hacer visible su caso y buscar una solución. En una rueda de prensa ofrecida en Taipei por el viceministro del Consejo para Asuntos de China Continental, Chiu Chui-cheng, aseguró que enviarían comitivas de médicos especialistas a la Asamblea Mundial de la Salud que esta semana se celebra en Ginebra para que se reúnan con sus homólogo de otros países. El político taiwanés asegura que esta decisión cuenta con el apoyo de los países con los que mantienen relaciones diplomáticas (cuenta con 17 socios formales –estados que lo reconocen como país– en todo el mundo). También afirma que tienen el respaldo de países que no tienen relaciones con ellos: «Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Canadá, naciones de Europa del este...».
Su objetivo será hacer ver que Taiwán debería estar presente en la Asamblea de la OMS. Primero, porque, tal y como recogían parlamentarios europeos (españoles incluidos) en una carta el pasado mes de abril, «Taiwán está estratégicamente ubicada en el Indo-Pacífico, donde la gente y los bienes llegan y se van constantemente, lo cual supone una gran importancia para la prevención de las enfermedades». Segundo, porque «es injusto que a los 23 millones de taiwaneses se les niegue el derecho que goza el resto del mundo de participar en el sistema global de prevención de enfermedades sobre la base de equidad». Y tercero, porque –como también afirmaron en rueda de prensa representantes del ministerio de Salud taiwanés– poseen un «excelente sistema público de cobertura sanitaria» con reconocimiento a nivel internacional y cuyas claves se confiesan dispuestos a compartir. A ello, se sumaría su insistencia en la adecuada formación de médicos y enfermeros, una fuerte digitalización, unos potentes avances tecnológicos y su interés por el campo de la investigación; un área en que, por ejemplo, se intentan crear vacunas que no curen un solo tipo de dengue, sino que sean capaces de eliminar y prevenir los cuatro que existen, todo a la vez.