Darío Sztajnszrajber: «La filosofía no ofrece certezas, es más un paseo sin rumbo»
Filosofía en once frases
(Ariel), un libro para irse al rincón de pensar con argumentos para no aburrirse.
-¿Todos somos filósofos?
«Filósofo» es una palabra a la que todo el mundo tiene miedo, que parece referirse solo a grandes creadores de ideas. Hay una necesidad de «profanar» la palabra y socializarla. Cualquier persona que sepa superar su cotidianidad utilitaria es capaz de hacerse preguntas existenciales y estremecerse. Sin haber leído a Kant en alemán puede colgarse del cielo y cuestionarse sobre sí misma. Aunque a aquel que sale diciendo cuatro pavadas y se autoproclama filósofo le diría: mostrame qué estudiaste, qué escribiste, qué reflexión podés hacer.
Utiliza las redes sociales, el teatro, la música, la radio y la televisión. ¿Cómo llegó a la conclusión de que esas herramientas podrían ser útiles para difundir la filosofía?
El gran problema de la filosofía es que suele acabar enclaustrada en una academia, en sus propias prácticas institucionales, sin alcanzar a la sociedad en su conjunto. En la universidad mis clases son como una performance para que los alumnos se enganchen. Los recursos pedagógicos son, incluso, más importantes que los contenidos, porque uno accede a estos muy fácilmente en esta era de internet; lo complicado es cómo transmitirlos con eficacia.
Pero usted desborda el ámbito de la filosofía y se convierte en un «fenómeno fan».
Hablaría más de entusiasmo que de fanatismo, de que se puede llegar a la filosofía por otros medios y que ese encuentro es transformador. Una señora se acercó y me dijo que hacía sus labores domésticas escuchando mis actuaciones por YouTube. Quería abrazarme como si fuera un amigo, pero no creo que tenga que ver tanto conmigo como con lo que transmito.
¿Está la sociedad actual un poco despistada?
Al contrario, tiene muy claro lo que quiere, y eso supone reproducir dispositivos de poder que construyen un sentido común que guía nuestros deseos, nuestra subjetividad, que no invita a escapar de nosotros mismos. La filosofía es más como un paseo sin rumbo para distender las certezas.
«Nietzsche decía que la convicción es una cárcel. Otra cosa es vendernos al mejor postor»
¿En las redes gana la filosofía espontánea o la frivolidad?
Veo más frivolidad en la televisión tradicional o más falsedad en la forma que muchos ciudadanos se saludan cada día en la oficina. Es fácil tomar las redes sociales como chivo expiatorio o pensar que la banalidad está ligada a las nuevas tecnologías; si acaso ponen en evidencia lo que ya está en la sociedad. En Twitter se pueden generar disparadores que perturben al que los lea y busque indagar a partir de ahí.
El hombre ¿qué es más? ¿Un ser racional, dotado para el amor... o el lobo para el hombre, como dijo Hobbes?
Es un tránsito, un puente, un momento efímero. Todos pasaremos, el problema es cómo. Cuando nos creemos algo definitivo nos convertimos en lobos para otros hombres, pues pensamos que con nuestra razón podemos dominarlo todo.
Otro filósofo, Groucho Marx, decía «estos son mis principios, pero si no le gustan tengo otros». ¿No es la clave de bóveda de la clase política?
Nietzsche sostenía que toda convicción es una cárcel. Si el principismo se convierte en dogmatismo es malo. Reinventarse es bueno. Otra cosa es el pragmatismo estratégico que se vende al mejor postor. Si la política no está al servicio del otro para paliar su indigencia, su debilidad, no tiene sentido.
Darío Sztajnszrajber - JAIME GARCÍA
«Este libro sería rechazado en una institución académica»
Elementos novelescos -el libro comienza con la muerte de un joven en el metro de Buenos Aires- y sentencias que hoy parecen un tuit y nos provocan preguntas. Esas son las características de «Filosofía en once frases». Sztajnszrajber nos lo explica: «Probablemente este ensayo sería rechazado en una institución académica. La divulgación es un ejercicio de transgresión al canon. Pensé que usar recursos de la novela podía ser más convocante, atrapar al lector. Es más difícil entender la frase de Marx ‘‘todo lo sólido se desvanece en el aire’’ de modo conceptual que visualizándola en un metro que avanza estación tras estación dando la sensación de efímero, de lo que va quedando atrás».
Sobre las frases de Heráclito («Nadie puede bañarse dos veces en el mismo río»), Aristóteles («Oh amigos, no hay amigos»), Descartes («Pienso, luego existo»), Foucault («Donde hay poder, hay resistencia») y compañía, «pueden ser un eslogan si se repiten sin desarrollo, pero pretendo que sean la puerta de entrada a un desarrollo conceptual complejo, con tensiones, interpretaciones, contrastes... ‘‘Solo sé que no se nada’’ (Sócrates), por ejemplo, pone en jaque nuestra idea del saber, y ‘‘ama y haz lo que quieras’’ (San Agustín) lo hace con nuestra idea del amor».