Por qué Igualdad pide abolir el término «charo»: análisis de un femómemo de actualidad con los casos de machismo en el PSOE
Mi tía-abuela la de Córdoba tuvo que advertirle al dentista que ella era Choni, «pero Choni de las antiguas, no de estas modernas», no fuera este a colocarle a sus 90 años un «grillz» de oro en el colmillo, a lo Rosalía o Nathy Peluso, en vez de la corona dental por la que fue a la clínica. A ella, que se llama Concepción, todo el mundo la conoce como Choni, fíjense, desde la década de 1930: por lo menos 70 años antes de que se popularizase el arquetipo de las chonis, esas horteras poligoneras cuyo correspondiente masculino son los canis. ¿Qué culpa tendrá ella de que su nombre denomine a una tribu urbana? Y me acuerdo de Choni, claro, cuando pienso en las Charos –¡pobres Charos!–, en esas Charos, Charis y Charitos que tanto abundan por mi ciudad, Cádiz, que, como cantó por alegrías Aurelio Sellés, «la llaman relicario / porque tiene por patrona, / ay, a la Virgen del Rosario».
Por ello, antes de entrar en harina política, y tras esta presentación costumbrista «comme il faut», quise hablar con una Charo que no es, ni de lejos, una «charo», sino una magnífica escritora y columnista. Así, Charo Lagares me contó cómo le sentaba a ella la utilización de su nombre para demonimar a este arquetipo femenino: «Al principio me molestaba, pero como una irritación muy suave. Porque, ¿qué vas a hacer? Si es gente de internet diciendo las tonterías que se dicen en internet. Y, entonces, al principio decía ‘‘¡Oye!’’, cuando alguien decía lo de ‘‘charo’’ cerca de mí. Y ahora sigo diciendo ‘‘¡Oye, tú!’’, o miro con cara de ‘‘un respeto’’, pero me da igual en el fondo, porque es como entrar en el juego de un niño pequeño. Si te quieres poner a su altura y jugar, pues adelante: ‘‘Habla chucho que no te escucho’’.»
Y, seguidamente, la autora de la novela «Sevillana» (Lumen) propone un nuevo nombre para «rebautizar» a las charos: «Para mí, el nombre que describe a este tipo de mujer no sería Charo, Quizá porque yo no conozco a Charos que cuadren con esa descripción. Sí conozco a Trinis que encajan con esa descripción: que llevan el pelo corto, burdeos, gafas de montura dorada y pantalón con pelusas y que son funcionarias. Yo he tenido profesoras que eran eso. La descripción de una charo, pero que se llamaban Trini en la universidad pública. Entonces a mí es lo que me descoloca, que el mundo que se describe con ese nombre no coincide con mi experiencia. En cualquier caso, esas señoras, para mí, seguirán siendo trinis».
¡Un informe de 20 páginas!
Como ya saben, toda esta charanga y charada en torno a las charos viene por culpa o gracias al Ministerio de Igualdad que, a través del Instituto de la Mujer, dirigido por la socialista Cristina Hernández, publicó recientemente un informe de 20 páginas sobre el asunto titulado «Análisis del discurso misógino en redes: una aproximación al uso del térmimo ‘‘Charo’’ en la cultura del odio», que más parece el borrador del TFM de una alumna ramplona de un máster en Perspectiva de Género e Interseccionalidad que otra cosa. Como bien resumió la periodista Rebeca Argudo en X: «¿Cuántas Charos a cuenta del erario son necesarias para escribir 20 páginas quejándose de que las llamen “Charo” pero obviando que ellas llaman “machirulo”, “señoro” o “pollavieja” a cualquier hombre que no les baila el agua? ¿Y cuánto nos ha costado?». Claro, que, más allá del dispendio y la idiotez, lo más preocupante es que anuncian o amenazan con un monitoreo «orwelliano» para perseguir lo que para ellas, ellos y elles es un delito de odio en redes sociales.
Total, que dicho documento ministerial, si es que al engendro puede llamársele así, dice que la de charo es una «categoría despectiva para referirse a mujeres de izquierdas y/o con presencia activa en los espacios públicos digitales, cuyo uso actúa como un mecanismo de deslegitimación de la voz femenina y desacreditación del pensamiento femenino». Y continúa: «A diferencia de insultos explícitos como ‘‘puta’’ o ‘‘zorra’’, el término Charo está despojado de violencia verbal directa. Sin embargo, esa aparente inocuidad conlleva a que se use con total impunidad».
Además, las muy suripantas y sargentonas (Juan Manuel de Prada dixit) en dicho informe nos ahorran el trabajo de definir el perfil de la charo media: «Dando lugar a un estereotipo sexista –leemos– que construye una figura grotesca» de la que dicen cumple con los siguientes rasgos: «divorciada, funcionaria, fumadora, vivir sola y tener gatos». Lo han «clavao».
Charo, el origen
También –¡gracias, charos!–, nos dan el trabajo hecho a la hora de rastrear en la web cuál es el origen del término charo y todo su campo semántico asociado o derivado –«charocracia», «charía», «charear», etecétera–. Aunque, bueno, el Instituto de la Mujer yerra cual GPS imantado al señalar un hilo tejido en 2011 en Forocoches como matriz del asunto. Cerca, pero no: todo nace en el foro masculino Burbuja.info, en dicho año. Entonces, el usuario Complutum,[[LINK:EXTERNO|||https://www.burbuja.info/inmobiliaria/temas/258112/||| al hilo de un hilo titulado «Visilleras»]], escribe: «He decidido compartir con ustedes un concepto ‘‘burbujil’’ y típicamente hispano que seguranente ustedes ya conocen. “Las Charos”», a las que define de la siguiente manera: «Esas tipas de 40 años en adelante, tintes caoba, voz cazallera, y chapas propalestinas y del “No a la Guerra”. Esas que son acérrimas seguidoras de IU, o del PSOE en cualquier lugar de provincias y que buscan mantener su chiringuito. Las Charos, como las visilleras, siempre tienen razón, y no es que ellas sean incoherentes, o unas aprovechadas. No. La causa de sus desgracias es siempre el machismo patriarcal, la incomprensión, y todas esas cosas...».
También hay huellas de charos en el término «Karen», usado en habla inglesa desde mucho antes para definir, según Wikipedia, a «una mujer de mediana edad que se cree con el derecho de tener lo que quiera, aun cuando para lograr su objetivo debe pisotear a los demás». Otras descripciones «incluyen pedir ‘‘hablar con el gerente’’, la oposición al uso de vacunas, lucir un determinado peinado bob, o simplemente el quejarse por todo». Ya ven que se parece pero no es nuestra charo.
La Messi de las charos
Nos guardamos para el final un as en la manga. Ya saben que la periodista Elisa Beni, una de las pocas plumas progresistas que no se ha vendido al «sanchismo», debutó esta semana como columnista en LA RAZÓN con un artículo sobre el machismo en el PSOE. A ella, que, como bien nos recuerda, fue campeona de un concurso de charos celebrado en el otrotra Twitter, le preguntamos qué opina sobre el asunto: «Quiero que conste que yo he sido designada en innumerables ocasiones como Charo legendaria. O sea no una Charo cualquiera, sino LA Charo por antonomasia; vamos que fui campeona de la Charo Champions League en junio del 22 y no habían empezado en ese momento... llevaba años aguantando que unos gañanes machistas me insultaran por saber cosas», aclara Beni.
Y, a continuación, argumenta: «Todo esto surge de hombres jóvenes a los que les repatea ver a mujeres de mas edad y más conocimiento ocupando el espacio público. Los pobres sin recursos, en lugar de entrar a rebatir las ideas con ideas, los argumentos con argumentos, sólo se ven capaces de intentar desacreditar a las mujeres potentes, como si pudiera hacernos daño tal imbecilidad». Para concluir que «es una solemne estupidez que se gaste dinero público para una historia como esta. Que no es cultura del odio sino un machismo más, que no hace falta monitorizarlo como si las “Charos” no supiéramos defendernos solas... riéndonos de ellos. Que les zurzan.»