¿Puede aterrizar un avión en una autopista? Un piloto con más de 30 años de experiencia lo aclara
La escena es recurrente en el cine: un avión sin apenas combustible, tráfico detenido a toda prisa y una autopista convertida en pista improvisada. La pregunta, por tanto, aparece cada cierto tiempo en conversaciones: si todo falla, ¿podría un avión comercial aterrizar en una autovía?
En el podcast Roca Project, Carlos Roca planteó esa misma duda al comandante Ramón Vallès, un piloto con más de 30 años de experiencia y cerca de 28.000 horas de vuelo. Vallès fue tajante: un avión comercial no puede aterrizar en una autopista como solución alternativa rápida o de emergencia. El motivo principal no es solo el espacio disponible, sino algo mucho más básico: la autopista no está construida para soportar un aterrizaje de ese tipo.
Según explica el comandante, la diferencia entre una carretera y una pista de aeropuerto no es un detalle menor, sino una cuestión de ingeniería. Una pista está diseñada para recibir aeronaves de enorme tonelaje, absorber impactos y aguantar frenadas intensas con márgenes de seguridad amplios. Una autopista, en cambio, está pensada para el tráfico rodado: camiones, turismos y autobuses, sí, pero con un reparto de cargas y unas exigencias que no se parecen a las de un avión al tomar tierra. Vallès lo resume de forma muy gráfica: "la hundiríamos".
A esa limitación se suma otro problema: una autopista nunca es un espacio limpio y controlado como una pista. En un aeropuerto, todo está pensado para minimizar riesgos alrededor de la maniobra: obstáculos, márgenes, elementos laterales, limpieza de la superficie y un entorno sin sorpresas. En carretera ocurre lo contrario. Hay medianas, quitamiedos, pórticos de señalización, puentes, farolas, salidas, incorporaciones y, aunque se corte el tráfico, siempre existe el riesgo de restos u objetos que en aviación se consideran críticos. Un pequeño elemento suelto que para un coche puede ser irrelevante, para un avión a velocidad de aterrizaje puede convertirse en un problema serio.
El argumento del piloto va en la dirección contraria a la intuición popular: la aviación comercial es extremadamente rigurosa en procedimientos y seguridad, y precisamente por eso no confía en improvisaciones. Cuando se contempla una emergencia, el objetivo no es encontrar cualquier superficie recta, sino aterrizar en un lugar preparado y con condiciones gestionables.