Juan Eslava Galán: "La libertad sexual es el fundamento de otras libertades"
Juan Eslava Galán ha convertido el escepticismo en una disciplina filosófica. Una manera de contemplar el presente y el pasado despojado de forofismos ideológicos. Es como si hubiera asimilado, quizá con resignación, que el conocimiento es una materia difícil de asir por las mentalidades anquilosadas y los pensamientos que se han cincelado en el mármol de los prejuicios y las ideas preconcebidas. Con este ancho de banda, acometió una historia para escépticos que ha recorrido la historia, ha tocado diversos temas y ha llegado a una materia polémica y de complejos márgenes. En «Amor y sexo en España contado para escépticos» (Planeta), el novelista se adentra en un terreno pantanoso, donde pesa tanto la palabra «sexo» como «España», que, como otras naciones, se ha desenvuelto con sus contradicciones, sus puritanismos y sus indulgencias al respecto, y que, en tiempos actuales, además, puede confundirse o mezclarse con el feminismo. «En el empoderamiento de la mujer, en realidad, se ha producido a partir de la democracia, pero hay que tener en cuenta que la gente de poder económico y de la clase alta han hecho siempre de su capa un sayo respecto al amor y el sexo».
¿Cuándo se abrió España?
Con el turismo, porque los turistas que venían eran económicamente pudientes y moralmente más evolucionados que los españoles. Ya practicaban aquí eso del turismo sexual. Esto tuvo una enorme influencia en lugares de vacaciones. Eso hizo que millones de españoles convivieran con los extranjeros, pero también que salieran fuera, a través de los trabajos, y que allí vieran que la moral consistía en otra cosa. En cuanto a la mujer, lo que realmente la ha liberado en Occidente ha sido cuando ha podido controlar su sexualidad, porque antes dependía de quedarse embarazada o criar un hijo. En esto, ha sido fundamental la píldora y la anticoncepción. Ha sido clave para que se liberara y que se empoderara. La libertad sexual es el fundamento de otras libertades y, donde no la hay, la libertad está pervertida de alguna manera.
Hay un rebrote machista.
No se va a frenar. Este comportamiento machista es una reacción contra el empoderamiento de la mujer. En cuanto ha tenido la posibilidad de educarse, la mujer ha demostrado que es muy superior al hombre en estudios. En una carrera como la judicial, ahora hay más mujeres que hombres. Esto es indicativo de su espíritu de sacrificio y de estudio cuando cuentan con las mismas oportunidades que los hombres. Por eso, estos reaccionan de esta manera machista. Luego está la pornografía y el fácil acceso a ella, está maleducando a los jóvenes y su iniciación sexual, porque creen que eso que ven es lo normal. En esta violencia o en las violaciones en grupo está el fácil acceso a la pornografía.
Roma fue muy permisiva.
Hay que tener en cuenta que Roma dura mil años y ahí existen diferentes etapas. La primera, la republicana, era gente adusta, contenida, con la figura de la matrona romana. Luego viene la época imperial, que trae consigo otras costumbres sexuales y se convierte en una sociedad más libre, que es la que nos transmite el cine. Roma no es monolítica a lo largo de mil años. En cuanto a los griegos, la mujer decente era la que se quedaba en casa y no tenía relevancia alguna, pero sí había meretrices que estaban hechas para el placer. Esta es una cultura de claroscuros. Aunque es cierto que los romanos y los griegos habían superado el tema de la homosexualidad.
Luego vino el cristianismo.
Hubo un paso atrás en la sexualidad, porque San Pablo y San Agustín lo vincularon con el pecado original. Los doctores de la Iglesia siguieron esa senda. En algunas cosas, sí, supuso un retroceso.
Introduce el celibato.
Es antinatural, desde mi punto de vista. Para mí es una de las causas de que la Iglesia católica esté en franca decadencia en este momento. Es por mantener el celibato. Es un absurdo desde todos los puntos de vista, desde el histórico y desde el moral y físico, según pienso yo. Pero todavía se mantiene contra viento y marea. Hay cristianos, dentro del rito oriental, que están casados. Y también los protestantes. En otras variedades del cristianismo, hay sacerdotes que son mujeres... y todo eso está bien. Habría que superarlo, porque, para mí, la supervivencia de la Iglesia depende de ese punto.
El sexo se ha visto durante mucho tiempo como un pecado.
En el islam, el placer es un don de Dios, aunque, la mujer tiene que guardarse... pero el sexo no es negativo. En Occidente ha habido un gran rigor con la sexualidad, aunque en España se veía natural que el clérigo tuviera cosas con señoras, a las que llamaban «primas» para que no fuera un escándalo. Es imposible condenar el sexo como se ha hecho. Es ir contra una pulsión natural del género humano.