Rafa Benítez reconoce abiertamente que le gustaría entrenar una selección: "Es una idea que me gusta"
Rafa Benítez atraviesa un momento de estabilidad y ambición en su etapa al frente del Panathinaikos, pero no esconde que su mirada también apunta al escenario internacional.
El técnico español, uno de los entrenadores más experimentados del fútbol europeo, ha admitido que dirigir una selección nacional es un reto que le atrae y que contempla como parte natural de su evolución profesional.
Instalado en Atenas desde hace unos meses, Benítez ha encontrado un club dispuesto a crecer con una hoja de ruta clara. El proyecto heleno incluye la modernización de infraestructuras, un nuevo estadio en marcha y un plan deportivo que combina competitividad inmediata con la formación de jóvenes talentos.
El entrenador valora especialmente ese equilibrio, convencido de que el éxito sostenible se construye con tiempo, estructura y una idea reconocible.
En paralelo a su trabajo diario, Benítez observa con atención el panorama global del fútbol. Se muestra crítico con la ampliación del Mundial a 48 selecciones, una decisión que, a su juicio, puede sobrecargar el calendario y diluir el nivel competitivo del torneo. También analiza la evolución de las grandes ligas europeas, destacando el crecimiento del fútbol italiano y el peso determinante de la inversión económica en el rendimiento de los clubes más poderosos.
Su visión sobre las competiciones continentales es igualmente pragmática. Reconoce la exigencia de enfrentarse a rivales como la Roma en la Europa League, pero insiste en que su equipo tiene margen para competir y adaptarse a cualquier escenario. Para él, la clave está en mantener una identidad sólida y una mentalidad colectiva fuerte.
En lo personal, Benítez admite que el futuro podría llevarlo al banquillo de algún combinado nacional: “Es una idea que me gusta”.
Entre sus favoritas para el próximo Mundial menciona a Brasil, España, Francia y Argentina, selecciones que, según él, mantienen una tradición competitiva difícil de igualar.
Su mensaje final es una invitación a disfrutar del fútbol desde la pasión y el respeto, valores que considera esenciales en un deporte cada vez más condicionado por la presión y la inmediatez. Para Benítez, su etapa en el Panathinaikos no es solo un desafío profesional, sino una oportunidad para seguir construyendo un legado basado en el trabajo, la coherencia y la visión a largo plazo.