Caída de Maduro reconfigura el poder del chavismo y sacude al llamado ‘club de los cinco’
Caracas. La captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses no solo puso fin a 13 años de su presidencia, sino que alteró de forma abrupta el equilibrio interno del chavismo, un movimiento que ha gobernado Venezuela durante 27 años y cuyo poder se concentraba en un reducido círculo conocido como el “club de los cinco”.
Maduro lideraba ese núcleo con la bendición directa de Hugo Chávez, quien lo ungió como sucesor antes de morir en 2013.
A su lado operaba su esposa, Cilia Flores, también detenida, mientras que otros tres pesos pesados —Delcy Rodríguez, su hermano Jorge Rodríguez y el ministro del Interior, Diosdado Cabello— completaban el bloque dominante.
“Es como un club de cinco. Todos tienen voz, pero Maduro era quien aseguraba el equilibrio. Ahora que se fue, quién sabe”, explicó una fuente diplomática en Caracas.
La imagen de Maduro esposado y con los ojos cubiertos dio la vuelta al mundo.
Su arresto, el 3 de enero, coincidió simbólicamente con la fecha en que el dictador panameño Manuel Noriega se entregó a Estados Unidos tras la invasión de 1989.
Hasta hace pocos días, Maduro se mostraba confiado.
Bailaba junto a Flores al ritmo de una versión electrónica de un discurso en el que pedía “no war, yes peace”, y en noviembre proclamó en un mitin: “¡A mí no me para nadie!”.
Subestimado por opositores y críticos, consolidó su poder eliminando resistencias internas, conteniendo a la oposición y construyendo un culto personal que rozó el de Hugo Chávez.
Murales, canciones, películas, juguetes y hasta una caricatura —Super Bigote, donde combatía al “imperialismo” junto a “Súper Cilita”— reforzaron esa imagen.
La Fuerza Armada le juró “lealtad absoluta”, respaldada por el ministro de Defensa, Vladimir Padrino. Sin embargo, su salida dejó al chavismo sin su principal factor de cohesión.
“El plano mayor del gobierno tiene como prioridad absoluta la sobrevivencia”, explicó el politólogo Antulio Rosales, profesor de la Universidad de York, en Canadá.
El eje Rodríguez
Delcy Rodríguez, hoy presidenta encargada, y su hermano Jorge conforman uno de los polos de poder más influyentes del chavismo.
Ella controla la economía y la industria petrolera; él preside el Parlamento y ha sido el principal negociador del gobierno en diálogos con la oposición y con Estados Unidos.
Ambos son conocidos por un discurso combativo y confrontativo, pero analistas destacan su habilidad como operadores políticos. Expertos les atribuyen purgas internas clave, como la caída del exministro de Petróleo Tareck El Aissami, encarcelado en 2023, cargo que luego asumió Delcy Rodríguez.
“Han estado en todas las movidas internas en las que Maduro sacó del juego a factores de poder que le hacían sombra”, señaló el analista Pedro Benítez.
El otro gran actor es Diosdado Cabello, una de las figuras más temidas del chavismo.
Como ministro del Interior, estuvo al frente de la represión tras la cuestionada reelección de Maduro en 2024, cuando unas 2.400 personas fueron detenidas.
Analistas lo ubican en el ala más radical del movimiento, en contraste con el pragmatismo que se atribuye a los Rodríguez, aunque ambos sectores han negado choques internos.
Cabello ya fue presidente encargado durante unas horas en 2002, tras el breve derrocamiento de Chávez.
Un oficial retirado de alto rango sugirió que incluso pudo haber maniobras para desplazar a Delcy Rodríguez del poder interino. Sin embargo, Rosales plantea una duda clave: “¿Se arriesgaría Cabello a ser extraditado a Estados Unidos?”.
Washington lo reclama en la misma causa que a Maduro y ofrece $25 millones por información que conduzca a su captura.
Militar de carrera, Cabello participó junto a Chávez en el fallido golpe de Estado de 1992 y hoy es el número dos del Partido Socialista Unido de Venezuela.
Por ahora, el chavismo no ha mostrado fracturas públicas. No obstante, la ausencia de Maduro deja al “club de los cinco” sin su principal árbitro y abre un período de incertidumbre interna, en momentos en que el país enfrenta presiones externas, disputas por la sucesión y un escenario político aún sin definición clara.