El ministro de Exteriores chino viaja a África para ocupar las distancias creadas por Trump
El ministro de Exteriores chino, Wang Yi, arrancó este miércoles una gira africana que se prolongará hasta el 12 de enero. Como todas las giras realizadas por sus predecesores en el cargo, se espera que esta sea un éxito para Pekín. Además, aparte de visitar Somalia, Tanzania y Lesoto, combinará sus reuniones con la asistencia a un evento fundamental para las relaciones entre África y China: el lanzamiento del "Año China-África de Intercambios entre Pueblos" en la sede de la Unión Africana, en Addis Abeba, Etiopía.
Pekín subrayó al comienzo de la gira que el viaje de Yi inaugura el calendario diplomático de 2026 y que este es el 36º año consecutivo en el que el primer viaje anual del ministro de Exteriores chino tiene como destino África. Porque los gestos importan, máxime si recuerdan que el continente africano es una prioridad política para los chinos, en un contexto donde la competencia por influir desde fuera se libra tanto en los puertos, ferrocarriles, aranceles y seguridad de rutas marítimas… como en los gestos.
Las paradas previstas con tres grandes hilos: infraestructura y materias primas; la seguridad de corredores comerciales; y la competición con Estados Unidos y la Unión Europea por llevar la delantera económica y política en África.
La palanca económica
El ferrocarril Tanzania-Zambia (TAZARA) se ha convertido en un símbolo perfecto de la cooperación económica entre China y África. Se conoce que se han firmado acuerdos por 1.400 millones de dólares para modernizar la línea (construida también con financiación china en los años setenta) y mantenerla como corredor clave para exportaciones, especialmente cobre, hacia el océano Índico.
La apuesta por TAZARA se interpreta además como una respuesta a la infraestructura “rival” promovida por Occidente: el Corredor Lobito, financiado por Estados Unidos, que busca sacar cobre y cobalto desde Zambia y la República Democrática del Congo hacia el Atlántico, a través del puerto angoleño de Lobito. El 17 de diciembre de 2025 se conoció que un préstamo de 553 millones de dólares de la U.S. International Development Finance Corporation (DFC) fue entregado a un consorcio privado para renovar la línea Benguela en Angola, que es una pieza central del corredor. Ese mismo proyecto ha sido enmarcado por Washington dentro de la Partnership for Global Infrastructure and Investment (PGI/PGII), y también ha contado con respaldo europeo a través de declaraciones conjuntas.
Pero la faceta económica del viaje no se agota en los raíles. Porque China viene complementando la construcción de infraestructura africana con una oferta comercial muy jugosa: el acceso arancelario preferente. Hace varios meses que China activó medidas de acceso sin aranceles para países africanos en vías de desarrollo, y Pekín ha presentado recientemente la ampliación de este enfoque como parte de su relación con África. Y la idea es que se extienda un trato arancelario cero a 53 países africanos.
Ese "combo", basado en la construcción de infraestructura para sacar producto y preferencias arancelarias para colocarlo, encaja con la imagen que desea proyectar Pekín en África, la de un socio del desarrollo, la de un mercado alternativo a Europa, la de un cómplice comercial en un contexto económico delicado. La escala en Lesoto, que fue el país más castigado por los aranceles impuestos por Trump en 2025, tiene un fuerte valor simbólico que enmarca a China como "defensora" del libre comercio. Como se dice, Wang Yi no da puntada sin hilo en su primer viaje diplomático del año.
Seguridad: rutas, puertos y presencia en el Cuerno
En lo que respecta a la asignatura de la seguridad, esta no se expresa por parte de los chinos mediante cooperación militar pura y dura, sino que se basa en la elección de escenarios. Precaución. Adelanto de situaciones. En este punto, es especialmente relevante la parada en Somalia, realizada en un momento de renovada atención geopolítica sobre el Golfo de Adén y el extremo sur del Mar Rojo. Primero, porque el Mar Rojo se trata de un corredor crítico para el comercio marítimo global, asediado en los últimos años por los hutíes; segundo, porque Somalia es otro país que hace meses que sufre la ojeriza de Donald Trump.
Cabe además a recordar que hace apenas dos semanas que Israel fue el primer país en reconocer Somalilandia como Estado, mientras se espera que Washington haga lo mismo antes del final del año. Somalilandia y sus puertos son importantes por su cercanía a rutas marítimas clave, y China necesita posicionarse en esta crisis para asegurar su hueco a las orillas del Mar Rojo.
Eso sí: China llega a este tablero con un precedente operativo muy potente. Un ejemplo puede hallarse en el despliegue sostenido de escoltas navales en el Golfo de Adén desde finales de 2008, y, aunque el viaje de Wang Yi es puramente diplomático, el trasfondo naval forma parte del contexto de seguridad de la región. Además, China abrió en 2017 su primera base militar en el extranjero, en Yibuti, en el Cuerno de África.
Yibuti que, por cierto, es también el lugar donde Estados Unidos sostiene su principal base en el continente: Camp Lemonnier, descrito por la página web de la Marina estadounidense como una plataforma que "habilita operaciones en el Cuerno de África" y ofrece apoyo a sus dispositivos regionales. La situación en Yibuti hace que en la misma zona convivan, apenas a unos a pocos kilómetros, los centros militares más importantes de EE. UU. y China en África… mientras que ambas naciones pugnan por superar a la otra en su influencia en África.
Dos gigantes en competencia: China y Estados Unidos
Es ahora cuando sería necesario detenerse en las formas china y estadounidense de interactuar con sus socios africanos. Porque esta es una de las claves del viaje y el ganador de esta contienda conseguirá integrarse en el África del mañana. China insiste en aplicar formatos como el Foro de Cooperación China-África y en asentar bases que sirvan para relaciones a largo plazo. Para ello se ha servido de su palanca comercial, ya descrita en este artículo.
Estados Unidos, por su parte, mezcla el comercio preferencial y el condicionado, una financiación de infraestructura mucho más reducida y, a cambio, una proximidad a los aparatos de seguridad más explícito que los chinos. En comercio, la Ley de Crecimiento y Oportunidades para África (AEGOA) es el instrumento más emblemático. Y en infraestructura, Washington elevó con Joe Biden al Corredor Lobito a la categoría proyecto insignia de la PGI/PGII en África.
Pero es en clave de seguridad, donde el mando militar estadounidense para África (AFRICOM) se dedica de forma activa a contrarrestar amenazas africanas, fortalecer a las fuerzas de seguridad nacionales y responder a posibles crisis con el objetivo de promover estabilidad regional y avanzar en los intereses estadounidenses. Donde China integra el apartado de defensa en su paquete de diplomacia, comercio e infraestructura, limitando enormemente sus acciones, desde Estados Unidos dirigen bombardeos sobre Somalia y Nigeria, además de una lucha activa contra la piratería.
Lo que hace relevante este viaje es una constatación: que Pekín sigue usando la diplomacia para reafirmar la prioridad que supone África, y que lo hace con un lenguaje de fácil comprensión por sus tentadoras ofertas y su simbolismo calculado. Un combo ideal para encajar con las necesidades materiales y morales del continente africano.