El sexo en 2026: más humano, más tecnológico y más libre
La sexualidad es mucho más que el acto sexual: está ligada a la identidad, a la cultura y al contexto social que habitamos. Así lo afirma Elisabeth Neumann, sexóloga titulada y responsable de Investigación de Usuario en Lovehoney Group, quien apunta que los cambios económicos, tecnológicos y culturales de los últimos años han modificado la forma en que pensamos el sexo, pero también nuestras actitudes hacia el placer y las relaciones están influyendo en la sociedad. Si 2025 marcó la integración definitiva de la diversidad sexual y de la tecnología —incluida la inteligencia artificial— en la vida íntima, 2026 se perfila como un año de mayor conciencia, juego y redefinición de lo que significa vivir una sexualidad saludable.
Uno de los cambios más profundos lo protagoniza la Generación Z. Lejos de la imagen de desinterés sexual, esta generación no rechaza el sexo: lo elige de forma más consciente. El placer deja de ser una obligación social o un marcador de éxito para convertirse en una experiencia alineada con valores personales, consentimiento, preparación emocional y autonomía. Aunque mantienen menos relaciones sexuales semanales que los millennials, esta menor frecuencia no implica menor importancia, sino una selección más cuidadosa. Al mismo tiempo, el sexo casual impulsado por el alcohol pierde terreno. Entre los jóvenes de 18 a 24 años, casi la mitad asegura no haber tenido nunca sexo bajo los efectos del alcohol, tendencia que coincide con la caída de los espacios tradicionales de ocio nocturno y con un cambio de prioridades. Curiosamente, mientras disminuyen los encuentros fortuitos clásicos, aumentan las citas cuyo objetivo declarado es únicamente tener sexo, reflejo de una nueva forma de honestidad sexual.
En este escenario aparece un tercer actor inesperado: la inteligencia artificial. Lo que comenzó como herramienta de productividad se ha convertido en acompañante emocional, consejera sexual y mediadora en las citas. Para muchas personas, hablar de deseo, límites o rendimiento sigue siendo incómodo, incluso dentro de la pareja. Solo el 17,5 % afirma conversar abiertamente sobre sexo de forma habitual, y este silencio explica por qué tantas consultas íntimas se trasladan a la IA. Preguntas sobre placer, desempeño, comunicación, libido o validación emocional encuentran allí un espacio sin juicio. Aunque una parte de la población, sobre todo mayor de 45 años, sigue siendo reticente, la mayoría muestra apertura a interactuar con sistemas de IA en temas sensibles. Esta dependencia creciente plantea la necesidad urgente de regulación, estándares éticos y garantías para evitar riesgos como la desinformación, la manipulación emocional o el uso indebido de datos personales, especialmente cuando ya existen aplicaciones de compañía que sustituyen vínculos humanos y atraen a usuarios marcados por la soledad.
Al mismo tiempo, el placer adopta un tono más lúdico y estético. Los juguetes sexuales dejan de ser únicamente funcionales o discretos y entran en el terreno de la fantasía, el diseño y la autoexpresión. La fascinación por universos romántico-fantásticos ha impulsado de manera explosiva las ventas de juguetes inspirados en criaturas y narrativas imaginarias, mientras que los productos “cute” y novelty se consolidan en la cultura mainstream. Esta tendencia refleja una sociedad más abierta y positiva hacia la sexualidad, pero también responde a una estrategia de supervivencia de las marcas frente a la creciente censura en plataformas digitales, que bloquean contenidos educativos y de bienestar sexual, especialmente relacionados con la salud femenina. En ese contexto, diseños más amigables y aparentemente inocentes se convierten en vía de visibilidad.
Aunque la conversación suele centrarse en jóvenes, la Generación X vive un momento de plenitud sexual. Las mujeres de entre 46 y 61 años exploran con mayor libertad relaciones con diferencia de edad, recurren a aplicaciones de citas y reivindican su derecho al placer en medio de procesos como la perimenopausia y la menopausia. Estudios recientes muestran que las relaciones con parejas más jóvenes se asocian con mayor satisfacción sexual y menos síntomas menopáusicos, mientras que la autoexploración y la masturbación consciente se posicionan como herramientas reales para mejorar el estado de ánimo, el sueño y el bienestar general. Esta generación, marcada por el feminismo popular de la década pasada, aplica ahora esos aprendizajes a su forma de envejecer, con confianza y autonomía.
Por último, el bienestar sexual comienza a reconocerse como parte integral de la salud. Las búsquedas sobre “bienestar sexual” crecen de manera sostenida y cada vez más personas asocian la masturbación con beneficios concretos, desde la reducción del estrés hasta la mejora del descanso. Resulta especialmente revelador que el 71 % afirma que ajustaría sus hábitos sexuales si lo recomendara un médico, señal de que el placer ya no se percibe únicamente como intimidad privada, sino como un componente legítimo del cuidado personal.
El panorama que se perfila para 2026 muestra una sexualidad más consciente, diversa, tecnológica y lúdica, pero también atravesada por retos éticos, emocionales y sociales. En un mundo hiperconectado y en transformación constante, el desafío será proteger la conexión humana, garantizar el acceso a información responsable y seguir derribando tabúes, entendiendo que el placer, lejos de ser superficial, forma parte esencial del bienestar y la calidad de vida.