La IA resolvió uno de los mayores misterios de la historia de la arqueología en seis meses
Durante años, el desierto del sur de Perú ha sido escenario de uno de los mayores enigmas arqueológicos del planeta. Sus gigantescos dibujos trazados sobre la tierra, visibles solo desde el aire, han alimentado teorías científicas, debates académicos y no pocas hipótesis extravagantes. Sin embargo, en pleno siglo XXI, una herramienta ajena a la arqueología tradicional ha logrado cambiar el ritmo de las investigaciones de forma radical.
Lejos de las excavaciones clásicas o de las largas campañas aéreas, un equipo internacional de investigadores ha demostrado que la inteligencia artificial puede convertirse en una aliada clave para descifrar el pasado. En apenas seis meses, un sistema avanzado de análisis de imágenes permitió localizar cientos de nuevas figuras en una zona que llevaba décadas siendo estudiada.
Un salto histórico en el estudio de Nazca
El proyecto ha estado liderado por el Instituto Nazca de la Universidad de Yamagata, en Japón, en colaboración con IBM Research. El objetivo era ambicioso: analizar de forma sistemática una enorme cantidad de imágenes del área de Nazca y Palpa para detectar posibles geoglifos aún desconocidos.
La clave estuvo en el uso de un sistema de inteligencia artificial entrenado para identificar patrones casi imperceptibles en el terreno. Estas señales, invisibles para el ojo humano incluso en fotografías aéreas convencionales, fueron priorizadas por el algoritmo como zonas de alto potencial arqueológico.
A partir de ahí, el trabajo humano volvió a ser imprescindible. Los investigadores se desplazaron al terreno para comprobar uno a uno los puntos señalados por la IA, confirmando que muchos de ellos correspondían a nuevos geoglifos.
De un siglo de trabajo a medio año
El impacto de esta metodología es difícil de exagerar. Según los datos del estudio, durante casi cien años de investigación se habían documentado alrededor de 430 geoglifos figurativos en la región. Con la ayuda de la inteligencia artificial, ese número aumentó en más de 300 en solo medio año.
Este avance no solo supone una cuestión de cantidad, sino también de enfoque. Al disponer de un conjunto de datos mucho más amplio, los arqueólogos pueden dejar atrás el estudio de casos aislados y empezar a analizar patrones, distribuciones y relaciones espaciales con una profundidad inédita.
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es la posibilidad de reinterpretar el propósito de las Líneas de Nazca. El análisis permitió distinguir entre dos grandes tipos de diseños.
Por un lado, aparecen figuras más pequeñas y figurativas situadas cerca de antiguos caminos, a distancias relativamente cortas. Todo apunta a que estas imágenes estaban pensadas para ser observadas a pie, posiblemente por individuos o pequeños grupos.
Por otro, se identificaron grandes diseños lineales y geométricos integrados en redes más amplias, que parecen haber tenido una función colectiva y ritual. Esta diferenciación refuerza la idea de que las líneas no respondían a un único uso, sino a prácticas sociales y simbólicas diversas a lo largo del tiempo.
La IA no sustituye al arqueólogo
Los responsables del proyecto subrayan un aspecto fundamental: la inteligencia artificial no reemplaza el trabajo arqueológico, sino que lo acelera y lo optimiza. La validación sobre el terreno sigue siendo imprescindible, al igual que la interpretación histórica y cultural de los hallazgos.
En un entorno tan extenso y complejo como el desierto de Nazca, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1994, la IA se convierte en una herramienta estratégica para reducir costes, minimizar el impacto ambiental y priorizar esfuerzos.
El éxito del proyecto abre la puerta a un cambio profundo en la investigación arqueológica a nivel global. Zonas remotas, vastas o de difícil acceso podrían ser analizadas de forma mucho más eficiente, permitiendo proteger el patrimonio antes de que el deterioro o la actividad humana lo dañe de forma irreversible.