Daniel Bashandeh: "La situación es crítica, Irán ya no cuenta con cuenta con el escudo protector"
La población iraní vive momentos dramáticos. Lo que comenzó como una revuelta de comerciantes ha desembocado en más de dos semanas de protestas antigubernamentales que se extienden por las principales ciudades del país, con un balance cada vez más grave. El régimen de los ayatolás ha respondido al descontento de una sociedad asfixiada por las sanciones con un apagón informativo y represión, dejando, según apunta la ONG Human Rights Activits News Aagency (HRANA), más de 500 muertos y 10.000 detenidos.
Una situación de la que Teherán culpa a Estados Unidos e Israel, a quienes acusa de instigar actos de vandalismo, mientras que el príncipe heredero, Reza Pahlavi, se erige como líder de la oposición desde el exilio y anima a los manifestantes. LA RAZÓN ha podido hablar con el analista político especializado en Oriente Medio e Irán, Daniel Bashandeh, sobre este y otros factores del nuevo episodio de inestabilidad que atraviesa el régimen iraní.
P: ¿Qué factores han desencadenado esta nueva ola de protestas en Irán y en qué se diferencia de episodios anteriores de contestación social?
Las protestas se han desencadenado por la grave situación económica del país. Irán se encuentra bajo un régimen de sanciones internacionales que limita seriamente su desarrollo económico. Estas sanciones afectan de manera directa a la población, mientras que las autoridades logran mantenerse al margen de sus consecuencias. Jamenei, apoyándose en lealtades políticas y en el control del aparato coercitivo del Estado, lleva a cabo una redistribución desigual de los recursos con el fin de mantener el poder.
La República Islámica ha tenido periodos de protestas que han sido reprimidas por las autoridades. Pero esta nueva ola se da en un momento crucial: hay una amenaza de Donald Trump, se escuchan cánticos a favor del hijo del último monarca, la crisis económica y la crisis de legitimidad. La situación es crítica, ya que Irán no cuenta con el escudo protector del eje de resistencia que actuaba como disuasión frente a amenazas y ahora tiene una doble crisis: externa e interna.
La República Islámica no se ha reformado internamente para apelar a la mayoría de la población. Esto se debe a cómo está configurado el poder político y sobre todo, a como Jamenei ha estructurado la cohesión del régimen. Mientras siga en el poder, las lealtades no parecen que vayan a cambiar y las oportunidades para una apertura en el sistema son escasas. Por ello, la distancia entre población y régimen es cada vez más amplia.
P: ¿Qué papel está jugando la figura del sha en el imaginario de los manifestantes? ¿Por qué una parte de la población reivindica su regreso?
La República Islámica carece de una oposición interna organizada capaz de constituirse como una alternativa real. Ante esta ausencia, la figura del monarca gana protagonismo al concentrar el rechazo a la República Islámica. Sin embargo, esta dinámica no favorece la emergencia de una oposición plural y desvinculada de los personalismos políticos, sino que tiende a profundizar la polarización y la confrontación. Cuanto mayor sea la presión y el descontento en Irán, más se verá reforzada la figura del monarca, lo que puede bloquear a otros actores y dificultar la formación de alternativas políticas viables.
P: De cara a las próximas semanas, ¿qué escenarios son más probables? ¿Está realmente en riesgo la supervivencia del régimen de los ayatolás?
La situación es altamente incierta, ya que el acceso a internet ha sido cortado. Todo dependerá de la capacidad de las protestas y las huelgas para sostenerse en el tiempo. Las autoridades han enmarcado las movilizaciones como un pulso político, recurriendo a la confrontación interna y a su pulso con Estados Unidos e Israel para justificar tanto los cortes de internet como la represión. Esta estrategia les permite mantener cohesionadas a las fuerzas armadas, en especial a los Pasdarán, los guardianes de la revolución islámica. Por el momento, no se observan fisuras internas dentro del régimen. Tal y como está la situación, todo apunta a que se puede consolidar un escenario de confrontación interna, ya que el régimen no ha dado señales para ceder frente a la población, porque eso mandaría una señal de debilidad. Por tanto, hay que estar atentos a la comunicación de las autoridades y qué pasos dan.
P: ¿Cómo pueden influir estas protestas en la política regional de Irán y en su relación con Occidente y con sus aliados en Oriente Medio?
Queda por ver qué papel desempeñará Donald Trump y si sus amenazas llegarán a materializarse. Todo apunta a que no desea una intervención prolongada que pueda desgastarlo políticamente y perjudicar sus intereses nacionales. Estados Unidos tiene capacidad para eliminar liderazgos concretos, pero el desenlace dependerá tanto de la reacción del régimen como de la persistencia de los manifestantes. El precedente de Venezuela resulta ilustrativo: la eliminación de figuras clave no implica necesariamente el colapso del régimen. Aunque Washington busca controlar el flujo del petróleo —y aunque Irán abastece a China—, ambos contextos presentan diferencias sustanciales.
A ello se suma el papel de Israel, que persigue un Irán debilitado en la región en su lucha por la hegemonía. Cuanta mayor presión enfrente el régimen iraní, más centrado estará en su supervivencia interna, lo que permitirá a Israel continuar reforzando su posición estratégica. No obstante, cualquier acción israelí deberá estar necesariamente coordinada con Estados Unidos.